Borges, el lector
02.08.07 @ 08:00:00. Archivado en Literatura
Hablamos de Jorge Luis Borges (1899, Buenos Aires; 1986, Ginebra). ¿Que por qué me parece, Borges,”el lector”? Por favor, Borges, ayúdeme: “Lo cierto es que me crié en un jardín, detrás de una verja con lanzas, y en una biblioteca de ilimitados libros ingleses”. “Pocas cosas me han ocurrido (vivió desaforadamente, perdóneme Borges, casi 90 años) y muchas he leído”. Insiste: “Menos que las escuelas me ha educado una biblioteca -la de mi padre”.
También podría haberle titulado como “el soñador”. Vean como sueña su sueño: “Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A izquierda y a derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores, a la luz de las lámparas estudiosas…”
“El Gran Inquisidor” lo llama su viuda, María Kodama. No obstante, ¿habrá algo impreso que él no haya leído? Ojo avizor de un amplísimo panorama, sólo unos cuantos asuntos fueron para él fundamentales. Y entre estos, naturalmente: “¿Me será permitido repetir que la biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he salido de ella…” ¡Y tanto que es así! Afortunadamente para sus lectores.
Oigamos qué nos dice él del leer, o sea, de sí mismo: “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aun más tenebrosos y singulares que los buenos autores… Leer, por lo pronto, es una actividad posterior a la de escribir; más resignada, más civil, más intelectual”.
Y como “toda lectura implica una colaboración y casi una complicidad”, según él, les confiaré unas apergaminadas palabras que hallé en el interior de un librillo suyo (Historia universal de la infamia) que encontré, hace algunos años, en una librería de ocasión:
“Milonga del arquetipo lector. Dicen de vos los anales que naciste en Buenos aires -a un año del siglo veinte- entre neblinas fatales. Que retornaste a las tardes de tu Ginebra de niño -casi noventa más tarde- sobre un carro del Olimpo… Pero tus versos y sueños revelan, ¡gracias, oh manes!, que has vivido desde siempre en la biblio de tu padre. También desvelan los dioses -del Oriente al Occidente- que entre tigres y sofías mamabas letras, no leche. Que embarcaste con los vikings de Nortumbria a Groenlandia, platicando con Odín del Corán y de la Cábala. Que en la plaza del silencio hablabas, bajo la luna, con el bueno de Quijano en un soportal de brumas. Que te encontraste al Buda a orillas de Alejandría. ¡Qué gran biblioteca, Jorge, que antes de arder ya leías! Yo sé que vives absorto en el reino de las letras leyendo, con tacto y gozo, a la Humanidad impresa. ¿Cuántas láminas, memorias, sollozos, risas, acordes, muestras allá en la Gloria a los Arquetipos, Borges? “
Después de lo oído no sé que decirles. Él sí: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Esto era capaz de declarar Borges cuando se habían publicado las casi 1.800 páginas de sus mal llamadas “Obras completas”. Quedan inéditas centenares de páginas de traducciones, antologías, colaboraciones…
En 1938 cada vez depende más de la ayuda de su madre. Como su padre, va quedando gradualmente ciego. En 1956 los oftalmólogos le prohíben leer y escribir. Dependerá totalmente de su madre y de otros generosos amanuenses.
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Juan Felipe Simón
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