Lo que nos preocupa
26.07.07 @ 08:00:00. Archivado en Sociedad
Y de repente te lanzan la pregunta: ¿Qué es lo que más te preocupa? Sin preaviso ni precalentamiento, como ante una hoja en blanco y casi, casi sin tiempo para pensarlo, esto es lo que pude contestar.
Distribuiré mis actuales preocupaciones en 3 parcelas: las mías propias (por qué ir más lejos), las referidas a España (para qué mirar a otro país antes que al mío) y las relacionadas con el resto del mundo (del mundo conocido, o vislumbrado, o imaginado).
Ciñéndome al orden antes dicho, lo que más me preocupa es encontrarme bien, bien conmigo mismo y con lo que de manera vital rodea mi existencia: salud, familia, amores y desamores, economía, amigos, compañeros, vecinos. Si estas mis preocupaciones pudiera alinearlas ante mi horizonte, debería situarlas de manera distinta, unas más cerca, otras más alejadas, e ir intercambiando sus espacios en el tiempo: si hoy me preocupa la salud mañana podrían ser mis amigos, pasado mi hijo, luego mi trabajo, etc. Yo creo que la chispa de la vida está en la fusión de ambos planos: el más cercano o presente (que siempre ha de arrastrar el pasado preciso) y el porvenir o futuro. En la interacción incesante de ambas miradas podríamos cifrar nuestra dicha, nuestros instantes de felicidad que, en pequeñas dosis a veces casi invisibles, nos salpican.
De España lo que más me preocupa no es el terrorismo y sus derivados, ni la ancha y creciente delincuencia e inseguridad ciudadana, ni la degeneración de sindicatos, ni la perversión de jueces e instituciones jurídicas, ni el paro inmortal de esta moderna Andalucía nuestra (cada vez de menos trabajadores y de más subsidiados), ni la contaminación de aguas, tierras y aires que nos envuelven, ni la incesante subida de precios (combustibles, electricidad, agua, alimentos, servicios, artículos en general, etc.), ni el declinar creciente de buena parte de la sociedad española (de la que hablo como parte indeleble de la cosmosociedad), de casi todos sus estamentos: justicia, orden público, empresarios, obreros y, sobre todos ellos, fiel reflejo de esta decadencia social, los políticos, ese gremio de advenedizos (no más de 25/30 años de oficio) de la democracia española que roban, dilapidan, malversan y ejercen desde partidos e instituciones una democracia más aparente que verdadera, que maneja y encamina a esta sociedad cosificada a paisajes turbios y poco edificantes. Como les decía, esos asuntos ni merecen mis desvelos. Lo que de verdad me preocupa es la permisividad de la mayoría de la sociedad, su comodidad hipertrófica, su marasmo social, su letal enajenación.
Del resto del mundo lo que más me preocupa es ver que los males de la sociedad española son generales (lo que a mí no sólo no me consuela sino que más me entristece), que los pocos que gobiernan el mundo cada vez son menos (cada vez el poder en menos países, en menos instituciones, en menos empresas, en menos manos), que la miseria y la pobreza persisten e incluso han aumentado en determinadas zonas (de Hispanoamérica, África, Asia, etc.), en fin, que siendo en este mundo realmente los mismos, tan insignificantes y de tan viejo conocidos, sigamos ignorándonos y comportándonos (no cesan las guerras y graves conflictos sociales en todos los continentes) como hace dos, tres, cuatro mil años.
Distingamos: disponer de más dinero y más coches y más teléfonos y más cosas no es progresar nada si nuestra mente y nuestros sentimientos no han avanzado en paralelo con lo técnicamente conseguido. Reconozcámoslo: cuánto hemos progresado en cuestiones técnicas y qué poco (y aun con retrocesos) en cuestiones estéticas y morales.
¡Qué poco hemos avanzado…!
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Juan Felipe Simón
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