Homosexual
12.07.07 @ 08:00:00. Archivado en Sociedad
Ser homosexual es como ser blanco, negro, alto, bajo, diestro, zurdo, sagaz, lerdo, débil, corpulento..., una mera anécdota sin más secreto que el hecho de adolecerle a hombres y mujeres entre otros hombres y mujeres que, como seres, como personas, digan lo que digan y piensen como piensen, todavía se están constituyendo, avanzando, haciéndose, pero no para alcanzar la meta del miope ni del cruel ni del soberbio.
El Hombre no se mide por sus rasgos fisiológicos o externos, por parecerse más a los muchos que a los menos, por mostrar una singularidad o padecer tal o cual defecto. La sustancia del Hombre es ancestral, pero sigue reverdeciendo, profunda aunque resonando son sus ecos, de cauce invisible mas de un caudal itinerante y risueño.
El Hombre es un eterno afán de dominar el animal que fuimos y que aún portamos dentro, del que un preciso y no tan alejado día (gracias a hombres ingeniosos y quiméricos que lastrando van nuestros complejos) nos fuimos distanciando tras sobrehumano esfuerzo (que eso es intentar ser dios en este cielo), pero que cuando aún ruge y muestra sus instintos ha de ser domeñado con humildad y sin miedo, con el concurso de todos, de todos los hombres, sin distinción de colores, credos, lenguas, sexos...
El Hombre es el eterno aficionado que mira y admira con deleite, con sorpresa infinita y simpar denuedo todo cuanto habita este mundo nuestro: lo demás es... ¡anécdota sin cuento!
El homosexual, como el noble y el cura, el paria y el hechicero, como el sabio y el plebeyo, es desde aquella inicial fantasía humana uno más de los nuestros. Sólo debemos porfiar que no sea nuestro aquel animal entrañable pero irracional que fuimos, y que con audacia secular y ojos de albero relegado va quedando en las entrañas del misterioso Universo.
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Juan Felipe Simón
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