Decisión fatal
02.07.07 @ 08:00:00. Archivado en Andalucía
Quizá nunca los algecireños lleguemos a comprender debidamente el alcance de esa decisión, la que hubo de adoptar Muhammad V, el sultán más crucial (1354/59 y 1361/90) de la dinastía nazarí de Granada. Todo comenzó en el 711, cuando los hispanogodos se dejaron (era antigua costumbre) la puerta de atrás entreabierta. Apenas la vieron, los recién enfervorizados sarracenos dieron tal portazo que transcurrió casi 800 años en volver a ser cerrada, y eso es bastante tiempo. Tras el portazo brotó a la luz (que no a la vida, de tan imaginada que por los norteafricanos ya lo era) Al-Yazirat-al-Hadra: la Isla Verde o Algeciras.
En el año 1344, el 28 de marzo, el rey castellano Alfonso XI la reconquistó a Yusuf I para la Cristiandad. Fue un hecho histórico trascendental, pues traspasó las fronteras de los reinos de España. ¿Por qué? Alfonso XI no sólo cerraba aquella puerta entreabierta desde muchos siglos antes (convertida ahora en dos adultas ciudadelas: la Villa Vieja y la Nueva), sino que aislaba al reino de Granada, último reducto musulmán en la Península, de sus cercanos correligionarios norteafricanos. Aunque poco duraría el gozo.
El hijo de Yusuf I, el ya aludido Muhammad V, la recuperó personalmente 25 años después, en 1369. No obstante, no recobró el nazarí la paz, antes bien una zozobra se apoderó de él: ¿cómo defender tan codiciado pórtico? Años, unos años tardó Muhammad V en decidirlo. En 1379 (7 años antes le había arrebatado Gibraltar a los benimerines, la última posesión en el reino de Granada de sus ahora enemigos norteafricanos) creyó llegado el momento: ordenó, con gran pesar, que Al-Yazirat-al-Hadra fuese definitivamente cerrada, cegada, sepultada… Y casi lo consigue, porque solamente 325 años después, en 1704 y condicionada por la reciente toma de Gibraltar por los ingleses, volvió a despertar de la hibernación a que la había sometido Muhammad V, una Algeciras rediviva… ¡pero ya nunca volvió a ser la misma!
Recientemente a su último visir (consejero de pluma y espada, también poeta), Ibn Zamrak (1371-1392), que huyó a Fez (Marruecos), de entre los documentos de su biblioteca se le halló como una confesión, como un gran pesar, como un pálpito de la conciencia de Muhammad V: “… 1379. Se ciernen presagios negros. Apesadumbrado, triste, tu reino inseguro está. Anhelaste, temiste, acariciaste, gozaste la Villa Nueva y la Vieja y ¿las podrás conservar? Paseando por la ribera del dulce río la Miel hablaste con el Profeta del Al-Andalus de ayer. Mientras murmurabas la sentencia fatal: O para Alá o para la Eternidad, los ojos se te nublaron y el cielo rompió a llorar… Al poco ya te adentraste en la senda del azahar. Si el Islam es salvación, Muhammad, allá en su cielo, se satisface con Dios. Aún se sienten los viernes sollozos por la Isla Verde…”
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Juan Felipe Simón
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