Para los niños españoles
21.06.07 @ 08:58:06. Archivado en España
Dos o tres veces, amigos lectores, ha visto ya la luz el artículo que sigue. Espero no cansarme nunca de releerlo, de darlo a leer, de tener siempre presente lo que en él tan sabiamente se explica a todos los niños, de ahora y de siempre, de España, de Europa, del mundo. Este es:
«Alguna vez he manifestado mi afecto por el filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955). Tanto dedicó su vista hacia el pasado, oteó tanto el porvenir que, a hurtadillas del tiempo, aún continúa sobremanera estando presente. Raro, rarísimo es el tema sobre el que no haya, siquiera, pasado sobre ascuas: nos habló de filosofía, de pedagogía, de sociología, de ética, de estética, de política, de historia... Hasta nos dejó unas notas “Para una ciencia del traje popular”.
En 1928 escribe, para su inclusión en un libro de lectura escolar, el texto titulado como este artículo. Así lo comienza: “El porvenir de España depende enteramente de vosotros los niños españoles. Y... depende enteramente de que habéis de aprender y cultivar en vosotros exquisitamente, niños españoles, una cosa que parece muy sencilla. Esta: distinguir entre personas”. Así continúa: “No ignoráis que con el ejercicio y el adiestramiento consigue el hombre perfeccionar incalculablemente su capacidad de distinguir... Pues bien, la vida de una sociedad y más aún la de un pueblo depende de que sus individuos sepan bien distinguir entre los hombres y no confundan jamás al tonto con el inteligente, al bueno con el malo”.
Y prosigue Ortega su conversación con los niños españoles: “Porque los españoles que ahora forman nuestra sociedad no saben distinguir entre hombres y, acaso de buena fe, creen que son inteligentes los que son más necios, que son buenos los que son más farsantes... Y en tanto los mejores, los que verdaderamente valen, son poco conocidos, nadie les hace caso o, tal vez, se les combate en todas formas”. Concluye Ortega con estas palabras, para que fueran leídas y escritas por los niños de su España: "…A este fin yo os recomendaría, entre otras, cuatro reglas o criterios:
1ª No hagáis nunca caso de lo que la gente opina... Fijaos y advertiréis que esa gente no sabe nunca por qué dice lo que dice, no prueba sus opiniones, juzga por pasión, no por razón.
2ª Consecuencia de la anterior. No os dejéis jamás contagiar por la opinión ajena. Procurad convenceros. El alma que piensa, siente y quiere por contagio es un alma vil, sin vigor propio.
3ª Decir de un hombre que tiene verdadero valor moral o intelectual es una misma cosa con decir que en su modo de sentir o de pensar se ha elevado sobre el sentir y el pensar vulgares. Por esto es más difícil de comprender y, además, lo que dice y hace choca con lo habitual. De antemano, pues, sabemos que lo más valioso tendrá que parecernos, al primer momento, extraño, difícil, insólito y hasta enojoso.
4ª En toda lucha de ideas o de sentimientos, cuando veáis que de una parte combaten muchos y de otra pocos, sospechad que la razón está en estos últimos».
¡…Aún resuenan sus ecos! Parecen dichas esas palabras para los niños, y los mayores agregaría yo, de la hora de ahora, de siempre. ¿Veis qué lentamente avanza el hombre en el ámbito espiritual, ámbito que al fin y a la postre debemos de mantener más higiénico que el material? Han pasado casi 80 años y podrían, deberían repetirse esas advertencias. Más todavía: debemos esforzarnos para que niños y mayores las pongan en marcha. A mí no me cabe la menor duda de que se trata de una gimnasia mental la mar de saludable. Compruébenlo, sino, vosotros mismos... Ah, se me olvidaban las últimas palabras de Ortega a los futuros hombres de España: “Noblemente prestad vuestro auxilio a los que son menos contra los que son más”.
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Juan Felipe Simón
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