Un nuevo lenguaje
15.06.07 @ 09:11:12. Archivado en Sociedad
La palabra puede ser la convención humana más vulgar o la más extraordinaria. Con las palabras pretendemos apresar algo que nadie ha visto, como el pensamiento, o resguardar las cosas cotidianas que nos rodean en el envoltorio de la palabra acordada. La palabra árbol es la convenida por infinidad de personas para designar lo que saben se esconde detrás de ella: un tronco con ramas y hojas dispuestas de diversas maneras. La palabra árbol es, pues, el envoltorio o continente que protege un contenido o concepto muy concreto.
Hoy, cuando la demagogia, la falacia y el sofisma son las yerbas principales del prado de la comunicación social, cuando es creencia arraigada entre la ciudadanía que “los políticos mienten más que parpadean”, o que “sólo dices medias verdades, como los políticos“, hoy, decía, es cuando más cuidado hay que tener con las ideas o significados que encierran las palabras que pronuncian quienes, en sentido amplio, hacen política, porque amparándose una buena porción de ellos en el significado que ciertas palabras siempre han tenido, las usan cuando les conviene de manera que el contenido que hay tras el envoltorio ya no es el que todos preveíamos, es decir, nos escamotean el significado que de esas palabras habíamos convenido, aprendido.
Publicarse demócrata (sea persona o institución) no debe suponer que quien lo diga se comporte como el común de los mortales entiende por demócrata: respeto a las personas y a las ideas ajenas sean estas mayoritarias o no. No todos los partidos que se dicen democráticos lo son. Se envuelven, se esconden tras la idea que todos tenemos de esa palabra, pero el contenido o significado que ellos realmente le dan es muy distinto: no es cura el que así se proclama aunque lleve la sotana.
Tampoco hay que dejarse llevar, digamos, por los que reivindican o enarbolan la bandera de los “derechos humanos”, cuando se ha nombrado, defendido o permitido que ocupe puesto principal en una comisión de eso, de derechos humanos, quien está acusado de hechos terroristas.
Ojo, con el significado que hoy absorbemos de las palabras. Dependiendo de quienes vengan, por ejemplo, de tantos que han hecho de la política su oficio o su patria, conviene interpretarlas no con el significado que normalmente tienen o han tenido, sino con el que verdaderamente resulta por los hechos (y no por las palabras) de quienes de manera consciente y equívoca las pronuncian.
Entonces, ¿cuál es el significado de las palabras hoy en la casta política, sean políticos o sindicalistas o empresarios? Depende de quién las pronuncie, del contexto en que las diga y del objetivo que pretenda conseguir al pronunciarlas y, en caso de duda, atención a sus hechos: las palabras admiten todo tipo de disfraces mientras que los gestos siempre nos delatan.
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Juan Felipe Simón
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