El día siguiente
28.05.07 @ 12:35:43. Archivado en Política
De las Elecciones de ayer, de las que todos los españoles hemos tenido que presenciar, de manera consciente o no, voluntaria o no, el desagradable espectáculo en que se han convertido, por mor también de todos los españoles, aunque de unos más que de otros, claro.
Ha descendido tanto en la pugna electoral la calidad de los contendientes, de sus programas, de las formas de comunicarlos, de sus estilos de expresión, de la entidad de sus debates…, que la abstención activa, como último recurso de protesta, como desencanto inexpresado, ha llegado a apoderarse de buena parte de los colectivos de votantes, a pesar de los cada vez más numerosos votantes paniaguados que rellenan las Administraciones Públicas y los sindicatos de agradecidos.
Sin remedio por ahora, la desilusión electoral va solidificando más y más la etérea idea que supone votar libremente en una jornada democrática. Se va diluyendo la ilusión y se va hipertrofiando el hartazgo. Ante la empobrecida visión de esta ceremonia no es fácil hallar una página optimista, un color radiante, un sonido redondo, pero no es hora de decaimientos y pesimismos.
No olvidemos que en breve nos veremos otra vez obligados a asistir, en esta plaza en que se malvende la piel de nuestro porvenir, a otro bochornoso espectáculo en el que flaquea el ganado, los espadas se visten de bronca y bronce, los subalternos intentan emular a sus maestros y el público, dividido, trata de abstraerse, de no abandonar, trata de decir ¡Basta!, pero no se sale. ¿Cuántos espectáculos le quedan por presenciar al respetable hasta que dejen solos, en mitad del ruedo, a estos fatuos corifeos?
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Juan Felipe Simón
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