Mayo
25.05.07 @ 14:21:41. Archivado en Política
El mes de las flores, de las savias, de las romerías, de las Elecciones municipales y autonómicas. Es el momento de exigir cuentas más que de rendirlas, pero ¿qué político de hoy rinde cuentas aunque se les exija? Es tiempo de promesas, de renovar las incumplidas y de aventurar otras (que suenen bien a determinados oídos) que tampoco se cumplirán. ¿Qué es antes y prioritario: que el ciudadano pida el balance o que el político lo muestre tras su gestión?
Es la hora de votar, o sea, de la casi única participación a que ha quedado reducida la intervención ciudadana en esta contaminada ceremonia. Pues ¿de qué le sirve a la ciudadanía, cuando lo hace, protestar, criticar, exigir explicaciones, cumplimientos, cambios, si se atreven a no responder, o lo hacen a medias, o incluso contestan con lo no preguntado?
Esta democracia en que viajamos circula por una pendiente abocada a caminos tortuosos, y España no es una excepción. La decadencia de este sistema político se halla en profunda crisis en casi todos los países que un día se la dieron esperanzados. Como siempre en la vida, renovarse o extinguirse.
¿Qué puede hacer ahora el ciudadano en esta tesitura? ¿No votar? ¿Votar? ¿A quién? ¿Cómo? Un breve apunte:
1. No votar. Podría ser muy útil si esta fuera la opción mayoritaria, para que la magia de los políticos no la puedan transformar en conformismo o en renovada confianza del ciudadano.
2. Votar en blanco. Es el voto activo de la negación, del hastío, de las manos blancas, de la acusación generalizada, del pongámonos de acuerdo y reconstruyamos la vida política de otra y mejor manera.
3. Voto de rechazo, aunque no sea nuestra opción deseada, a la lista que pueda hacerle sombra al equipo gobernante, para obligar a estos a pactar, a cambiar el modo de gobernar. Aunque con los pactos postelectorales que se han hecho en determinadas Comunidades y Municipios, tan insensatos y temerarios, podría quedar inservible.
En fin, amigos, sea cual sea la elección que tomemos a la hora de votar, debemos convertir este ejercicio en una opción transformadora, ejemplarizante. ¿Hay algo más absurdo que votar siempre a la misma opción política? Creo que se debe votar, si esa es la opción preferida, a quien mejor gestione, a quien deba relevar a los malos gestores, a quien solo actúe como lo que es: un representante del pueblo al que debe girarse a rendir balance al final de su mandato.
Levantemos la vista y no nos quedemos en el mero instante, tan poco edificante y desorientado, que todo presente ha de estar salpicado de inevitables reojos al futuro. Para que estos palabreros vayan dejando de serlo, para exigirle a cualquiera que sea elegido responsabilidad con sus electores. Es mayo y la nueva savia se afana ya por germinar en las marchitas flores de ayer.
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Juan Felipe Simón
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