Luz en los niños de las favelas de Rio de Janeiro
21.09.08 @ 02:47:31. Archivado en Viajes
Rio de Janeiro es una ciudad de contrastes. Edificios lujosos a lo largo de toda la bahía, hoteles y locales de lujo; turistas. Y favelas a lo largo de las laderas de las montañas. Hace poco tuve la oportunidad de visitar una favela en Rio de Janeiro. La favela Rocinha. Un guía nos llevó a los turistas hacia allí.
Al llegar a la zona cercana a la favela, nos esperaban unos chicos con sus motos para subirnos hasta allí. Había mucha policía militar del ejército abajo del todo; antes de adentrarnos en las favelas.
Lo que más grabado se me ha quedado de todo es el olor a algodón de feria mezclado con ácido. Ese olor lo tengo metido en lo más profundo de mis fosas nasales. Como una especie de olor a gominola. A goma y juego.
Las calles son extrechas. Apenas alcanza para caminar por ellas. Caminando y alargando los brazos se pueden tocar los dos lados de las paredes. A lo largo de estas calles estrechas llenas de barro y agua; como los caminos de las montañas; hay distintos locales. Hay bares, locales de ocio, tiendas y casas. Las casas no tienen número y no hay nombres en las calles. Son pared con pared y casi siempre con los techos descubiertos. Buena parte de las casas tienen un buen trozo de techo descubierto.
Los niños corretean por las calles. Algunos tienen tres años y salen de sus casas con sus pequeñas hawainas colocadas en sus pequeños pies a jugar por las favelas. Otros niños; de mayor edad; de unos 12 ó 13 años; tocan los tambores. Los tambores son cubos de pintura o cualquier otro tipo de cubo.
Esta favela tiene un centro artístico cultural donde los niños y adolescentes pintan y crean sus obras. Sus representaciones sobre cómo ven ellos Rio de Janeiro desde la favela. Uno de los cuadros representa el Cristo Redentor protegiendo la ciudad y protegiendo las favelas apelotonadas a lo largo de las montañas. Otra pintura representa la favela; y arriba de ésta; palmeras y sol. Otra pintura representa la parte rica de la ciudad con unas letras encima de la obra en la que pone: "Falso".
Los turistas compran las obras que crean los niños. Los guías advierten de no dar dinero a los niños. Es mejor comprar sus obras porque ese dinero se destina a la favela y los niños encuentran la manera de estar motivados.
En la guardería los niños están al cuidado de sus educadoras. Un niño me parte el alma con sus lloros. Son foco de atención de las cámaras que llevamos los turistas. Da no sé qué fotografiarlos. Es como robarles algo que sólo ellos tienen.
Dejamos atrás la favela al cabo de unas tres horas de visita. Volvimos impactados a los respectivos albergues, hostales y hoteles. El resto de Rio no se parece nada a las favelas. Los habitantes de éstas están allí con luz; con la misma luz que la que projecta el Cristo Redentor por las noches.
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Almudena García Arroyo



