Chile
22.02.07 @ 19:22:51. Archivado en Viajes
Hace cuatro meses que volví de mi viaje a Chile. Fui muy feliz en esa parte del mundo. Ahora estoy aquí de nuevo y sigo allí. Creo que es normal. Chile. Chile es el país de las reservas forestales nativas, paisajes espectaculares, bellezas naturales únicas en el mundo. Glaciares, animales exóticos, lagos, volcanes, ríos, cascadas en los ríos, cascadas por cada paso que das. Cielos que se ven. Casas bajitas. Por eso se ve tanto cielo. Un cielo que se une con el mar, con los lagos, con los ríos, con los volcanes. Un país "harto" largo. Los chilenos utilizan el modismo "harto" para decir "mucho", "muy", "bastante". Largo, largo es el país. El país más largo del mundo.
Desde la Patagonia hasta el norte, la belleza que divisas en tu viaje por Chile no tiene parangón.
Mi avión con destino Santiago de Chile salió de Barcelona (España) un 26 de Septiembre a la una y media de la madrugada. Llegué a Santiago un 27 de Septiembre a las once y media de la mañana hora de allí. A las cinco de la tarde hora española. Primavera en Santiago de Chile, Chile y el meridiano sur del globo terrestre. Me instalé en un hostal cerca de la Plaza Brasil. Un mundo a parte aquella zona y aquella plaza. Como siempre me imaginé muchos sitios de Latinoamérica. Un teléfono de una cabina telefónica con un folio pegado con celo que ponía: "Malo". Estropeado el teléfono. Fascinante, pensé yo. Qué diferente todo. Los escolares salían de los colegios. Nunca olvidaré los escolares de Chile. Vayan al colegio que vayan todos llevan uniforme. Las niñas llevaban faldas cortas de color azul marino, medias, calentadores o calcetines encima de las medias, zapatos tipo merceditas y jersey azul marino. Los niños llevaban pantalones azul marino y jerseys color azul marino. Otros llevaban camisa blanca y corbata. Pregunté si todos los niños y niñas se visten así para ir al colegio independientemente del colegio al que vayan ya sea público o privado y me dijeron que sí. Los que van a colegios de monjas y curas llevan otro tipo de uniforme. El uniforme de prendas color azul marino lo llevan todos los estudiantes de primaria y secundaria. Fascinante. A lo largo de mi recorrido por el país chileno intenté en numerosas ocasiones captar a escolares con aquellos uniformes tan simpáticos pero era "harto" complicado. Andaban muy deprisa y siempre salían movidos en mi cámara.
Al día siguiente me cogí un avión y me desplacé 3.090 kilómetros hasta Punta Arenas. Hasta abajo. La última ciudad del mundo. La más austral. Patagonia. Extremo sur del mundo. Debajo de Punta Arenas hay islas donde habitan pingüinos, pero allí no llegué. Y debajo de esas islas se encuentra la Antártica. Fascinante ¿verdad? Lo fue. No llegué a la Antártica tampoco. Pero llegué a Punta Arenas. Y sentí aquello que quería sentir. Sentí que efectivamente estaba en el fin del mundo. El viento de la Patagonia te lo recuerda. Unos vientos que incluso pueden alcanzar los 140 kilómetros por hora. Impresionante lo que sientes en el fin del mundo. Vi el Estrecho de Magallanes. Cruzarlo es media hora si todo va bien. Las aguas del Oceáno Pacífico y Atlántico se juntan y la travesía de las embarcaciones dependen del temporal. Yo no tenía tiempo de cruzarlo. Si lo hacía tenía que subir por Argentina. Era el viaje que quería hacer en un principio, pero finalmente opté subir por Chile, que era mi viaje. Chile era el viaje y lo fue.
En la ciudad más austral del mundo estuve dos días. Visita a uno de los no sé cuantos museos que tiene la ciudad. Todo el país está lleno de museos. Historia de las civilizaciones aborígenes hasta la etapa actual. Desde el Paleolítico o anterior hasta ahora. Me fui de Punta Arenas un 29 de Septiembre. El siguiente viaje fue Punta Arenas-Puerto Natales. Viaje por toda la pampa magallánica. Pampa, pampa, pampa. Guanacos, cóndors, vacas, ovejas, caballos. Puerto Natales fue mi campo base. Desde allí hice una excursión de un día a El Calafate (Argentina) para ver el Glaciar Perito Moreno. Y lo vi. El Gigante Blanco. Uno de los más grandes de Sudamérica. Blanco, azul. Reflejos azules que salían de aquella belleza ante la que solo podías quedarte callado. El glaciar te hablaba. Se desprendían trozos de hielo. El estruendo al caer al agua era como bombas en el lago. Subía el nivel del éste. Los turistas esperábamos ver esos desprendimientos, aquel espectáculo. Nada recomendable para los glaciares y para el planeta tierra que esto suceda. El deshielo de los glaciares es una realidad. El calentamiento global no los beneficia. Dentro de unos doscientos años quizá ya no haya glaciares. El glaciar se divisaba de color blanco y azul por el reflejo del sol. Se trata de un bloque monstruoso de hielo plantado en un lago. Un bloque montruoso de hielo que tiene más bloque de hielo debajo. Muy bonito.
Dejé al Perito Moreno tras haberlo fotografiado cien veces. Sí. Cien fotos hice yo. Cien o más por cada turista. Qué menos para alguien que lleva 500 años aquí. Creo que son 500 años lo que lleva aquí, en la tierra esa belleza blanca gigante.
Detrás de este espectáculo vino mi estancia en el Parque Nacional Torres del Paine Reserva de la Biosfera. Más bellezas naturales. Las torres imponentes. Fue un sacrificio muy grande subir para verlas. Mereció la pena el esfuerzo. Te quedas mudo cuando las ves y piensas que estás soñando. Que no puede ser real lo que estás viendo.
Tras mi estancia en El Paine realicé un viaje en barco durante cuatro días por los Canales Patagónicos. Iban a ser tres días, pero se complicó el viaje en el Golfo de Penas que ya es una travesía complicada de por sí por la fuerza del viento y del oleaje, pero lo fue aún más por el temporal que tuvimos en el Golfo. Llegué a Puerto Montt un 10 de Octubre. Puerto Montt es sur. Chile tiene dos nortes, un valle central, y dos sur. Norte chico, Norte, valle central, sur y extremo sur. De Puerto Montt me fui a Angol. Allí me reuní con mi Francis, mi amiga chilena. Un encuentro de película. Nos echamos a llorar. Nos abrazábamos y llorábamos. Con Francis estuve el resto de mi viaje. Pasé dos días con ella en su pueblo y desde allí nos fuimos a Santiago de Chile. Con ella conocí Santiago, Valparaiso y Viña del Mar. Ella me contó cosas de Chile, de la realidad chilena, de cómo vive una mujer chilena, un hombre chileno. Muchas cosas me contó. Nada tiene que ver la infancia de un niño europeo con la de un niño chileno. Crecen de golpe allí. La supervivencia y la necesidad de salir adelante los hace fuertes, valientes y luchadores.
De nada sirven los intereses macroeconómicos de álgunos líderes mundiales. De nada sirven las ansias de poder. Todo pasa factura. En España buscamos la felicidad y lo que nosotros pensamos que es felicidad. En Chile son felices con cada día que empieza.
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Muchas gracias, y que Chile te siga acogiendo siempre
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Almudena García Arroyo







