Inseguridad jurídica, golpe antidemocrático
26.06.07 @ 22:59:58. Archivado en Políticos
La Europa de los veintisiete nace de culo. De espaldas a la voluntad general. La decisión de sustituir la propuesta de Constitución europea por una minitratado es un golpe bajo a la democracia, que confirma la deriva absolutista del menos malo de los sistemas de gobierno conocidos. El nuevo rapto de Europa inaugura la era de la democracia karaoke.
Por miedo a la respuesta de la ciudadanía, la cumbre de dirigentes de la UE, travestida de Congreso de Viena redivido, ha decidido retirar la propuesta inicial que gravitaba sobre la ratificación previa por un consenso entre notables. Los grupos de interés han vencido al demos y el Estado de derecho ha engolfado su legitimidad de origen. ¡Fuera caretas! La montaña parió un ratón y ahora nos la darán con queso.
Atrás quedan las grandes declaraciones y principios. La tan cacareada seguridad jurídica, piedra de toque de la globalización neoliberal, ha saltado hecha añicos. Ninguna confianza, nula seguridad, cero credibilidad puede tener un régimen que surge de una estafa premeditada y convierte a millones de ciudadanos en rehenes de un tinglado perpetrado contra natura. La legalidad se ha puesto fuera de la ley.
Da igual que Sarkozy fiche para su gobierno a estrellas de la política de pedigrí socialista, feminista u onegetista. Es un simulacro.
Poco importa que Rodríguez Zapatero asegure que el gurú de la democracia deliberativa, Phillip Petit, le ha dado un sobresaliente. Es huera retórica.
La realidad sin atributos es que la Europa unida nace de un acto de fuerza contra la soberanía popular. La postdemocracia ha llegado.
Y en celtiberia, la emigración pone los muertos.
En España el discurso xenófobo es el del macizo de la raza. Las campañas contra la emigración (la adjetiven de “salvaje” o de “civilizada” siempre suena a linchamiento) que la derecha, de tapadillo, y los ultras, con coros y danzas, propagan tienen en el “go home” su divisa. Una percepción que ha ido calando entre la gente sencilla, siempre indefensa ante las intoxicaciones de las mass media y demás cantamañanas. Émulos de aquel “Santiago y cierra España”, tan cutre y fachoso, el frente patriótico desprecia a la emigración porque la ignora.
Pero la realidad es otra bien distinta. Ellos ponen los muertos. Emigrantes colombianos, son dos de los seis “soldados españoles” muertos en El Libano. Emigrantes eran los dos ecuatorianos fallecidos en el atentado de la T4 en Madrid. Emigrantes, en fin, son los lazarillos que asisten a nuestros ancianos, las empleadas de hogar que trabajan en nuestras casas, las chicas que cuidan a nuestros pequeños, y toda esa marea humana laboral, mal pagada y peor considerada, que ayuda a equilibrar la caja de la seguridad social…para que el gobierno se la juegue a la bolsa.
¿Dónde está pues la intolerable invasión? No hay alianza de civilizaciones porque la ideología dominante, que hoy más que nunca es la de la clase dominante, impone la pegatina de la xenofobia. Un empanada mental que fermenta en cocos colonizados por un patriotismo cuartelero, cuando precisamente son estos emigrantes los que más patria hacen en tierra extraña. Siempre fue así, los outsiders hacen patria, aunque los del impasible el ademán no lo saben. Ya en 1571 un maqueto al revés, Esteban de Garibay, escribió la primera “Historia de todos los reinos de España”, y en el reciente 1976, el periférico Bosch Gimpera publicó su “España para todos” demostrando que el verdadero patriotismo integrador está en la solidaridad. Nuestro admirado Fermín Salvochea, otro raro, solía decir: “mi patria es el mundo, mi familia la humanidad, mi religión hacer el bien”.
Pero no hagamos cuentos. La realidad es campanuda. Toda la emigración es mercenaria, su gente está aquí por dinero, para ganarse la vida que en sus países de origen les niegan. Quizá no haya ya lucha de clases porque la conciencia está alienada, pero clases y desigualdad, haberlas haylas. Si no a la emigración la llamaríamos turismo o movilidad profesional. Las políticas de exclusión son exclusas que el poder maneja para dejar pasar a los que ponen los muertos y sufren los trabajos basura y cerrar el paso a las pateras que denuncian la letal injusticia del neoliberalismo del intercambio desigual y placebo. La opulencia de un veinte por ciento de la humanidad se cimenta sobre la penuria del ochenta por ciento restante.
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Rafael


