La vista gorda de YouTube
08.11.07 @ 21:32:59. Archivado en Antena 3
Voy a caer en la trampa. Le voy a hacer publicidad gratuita a YouTube. Me ahorro las descripciones del mayor escaparate público de vídeos a través de Internet. Es la única y verdadera televisión a la carta conocida hasta la fecha, la pequeña pantalla de la pequeña pantalla más grande de todo el planeta. Una suerte de multicanal pero sin código deontológico. Sin principios hasta el final. Como tampoco tengo la culpa de que el mal campe a sus anchas por la red de redes, hoy me sobran los motivos para matar al mensajero.
Hace un mes la policía municipal de Vitoria se puso a buscar a un grupo de jóvenes que grabaron y colgaron en YouTube a un joven discapacitado mientras le animaban a desnudarse. Hace 15 días sindicatos de profesores denunciaron en este mismo portal la proliferación de vídeos en que aparecen escenas escolares donde los alumnos se mofan de los profesores e incluso les agreden. A estas imágenes se accede bajo la etiqueta de Agresión profesor y están grabados por los propios escolares.
El último caso aún está caliente en los teletipos, el loco finlandés que se lió a tiros en un instituto horas después de haberlo anunciado en su página Sturmgeist89, en un vídeo titulado –agárrense si no lo vieron— La matanza en Jokela High School, 7 de noviembre de 2007. Pekka-Eric Auvinen, de 18 años, cumplió su amenaza cibernética, un delirio animal que vieron poco más de 200 internautas.
Como para tomárselo en serio, como para pensar que iba a ser carne de prime time. Es preocupante, cuanto menos, que nuestros macacos busquen a golpes, a hachazos, a tiros los 15 minutos de gloria que prometía Warhol. No soy ningún genio por temerme que el caso Auvinen no será el último. Columbine, Virginia y ahora Tuusula. Ninguno de sus autores materiales vio el maldito éxito de su película.
Iba a escribir que es indignante: lo que más me jode es que YouTube se lave las manos. El portal se ampara en que sólo controla los contenidos una vez que están en línea y cuando son señalados como peligrosos, contraproducentes, inhumanos o pornográficos por los espectadores. Pues los 200 largos que vieron el vídeo y no impidieron su difusión y, aún peor, la matanza son unos hijos de puta. Unos hijos de la grandísima puta. Que le expliquen su flojera moral y su bajeza humana a los padres y amigos de las ocho vidas que se llevó por delante el niñato de la pistolita. Ya podía haber cambiado los planes y haberse metido el tiro el primero, por cierto.
Pero condeno a los directivos de YouTube que se amparan en el ingente caudal de imágenes que ahoga su triunfo digital en un océano de vídeos sin control previo. Se escudan en que cada minuto, hay siete horas de contenidos que son enviados al portal. Ahí se ahoguen en su propia mierda. YouTube juega a la ambigüedad. Saben que cada vídeo que aparece en la prensa garantiza miles de entradas en la web, por lo que la retirada nunca es inmediata.
Que contraten becarios. En los periódicos apenas se publican erratas porque hay periodistas en prácticas que se dejan las pestañas. Que deriven parte del negocio en un filtro humano y necesario a voz en grito. O no publiquen siete horas de vídeo por minuto, avariciosos de mierda. Luego no respondan que no se lo advertí: hoy murió el mensajero, se pegó un tiro tras asesinar a ocho. Lo adelantó en YouTube y le dejaron. Aunque no se mancharan las manos de sangre, es peor aún dejarse salpicar tantas veces.
aadistan@divertinajes.com
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