Demasiado corazón
26.10.07 @ 00:44:37. Archivado en TV y yo
Nueve meses después del último apagón en la costa Este norteamericana se disparó el número de natalicios, una estadística que confirma cómo aprovecharíamos el tiempo libre si no tuviéramos tele todas las noches. Aunque tampoco la ven mucho las parejas de Escenas de matrimonio y mira como van. De broncas, no de audiencias. Dicho de otro modo... ¿qué haría si, de la noche a la mañana, le dijeran que no puede ver la tele nunca más? Juan Antonio Cebrián no sólo fue padre.
Porque Cebri vio cómo se quedaba ciego (ese toro hay que capearlo), y justo ahí se le encendió la bombilla: echaré de menos la tele, veamos la radio. Y ahí le conoció este humilde oyente, presentando el mítico Turno de noche en la Onda Cero de los 90, la inmejorable. Cebri demostró que era algo más que un invidente con voz privilegiada para el doblaje. Se convirtió en la cabeza mejor amueblada de las madrugadas. Donde sólo había noctámbulos, él creó fieles.
Fue el mejor antídoto contra la telebasura. Quién mejor que un ciego para hacernos ver la ciencia, la historia y la vida sin una sola imagen. El sonido tiene colores gracias a la música, la palabra y el silencio, y ahí Cebri se movía como un tiburón. No sólo les recomiendo que recuperen alguna grabación de su página web, léanse los libros que dictó con pasión y entenderán porqué fue tan premiado como querido.
Llevaba cinco años sin verte y ya nunca más. Bueno, como tú, que nunca me pusiste cara. Sólo quería que supieras que cuando Juan Diego Guerrero salió en tu lugar y dijo en antena que te habías muerto de un infarto fulminante a los 41 años rompí a llorar como el hijo que dejas huérfano. Porque si el final de cada uno no deja de ser una tragedia diaria de la vida, morir con 41 no es más que una putada. Una grandísima putada.
No sé ni quiero saber por qué te dio el triquitraque. Prefiero pensar que la vida con los ojos cerrados es como un sueño, demasiado bonita para ser verdad, demasiado maravillosa para poder soportarla. Y que tanta pasión por la vida no hay músculo que lo resista.
Lo siento por la familia que no disfrutarás, por los programas que no radiarás y por los libros que no escribirás. Lo siento por el abrazo que nunca podré darte para agradecerte que me enseñaras a aprovechar el tiempo escuchando la radio y no sentado viendo la tele como una seta. No te hizo falta durante décadas para saber que no te estabas perdiendo nada.
Sólo quería que supieras lo mucho que te estoy echando de menos. Ojalá tu Rosa de los Vientos no hubiera escondido una espina tan amarga.
aadistan@divertinajes.com
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/123497
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Armando Adistán










