Víctimas de la LOE: alumnos y profesores
10.11.05 @ 13:35:47. Archivado en Política

“No se puede achacar todo simplemente a que los tiempos han cambiado… sino que ha habido una clara intencionalidad por parte de las administraciones educativas, especialmente durante la década de los ochenta”, señala Blanca García Olmos, profesora de instituto y líder del sindicato APS.
La LODE -Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación (1985)- y la Logse -Ley Orgánica General del Sistema Educativo (1990)-, las dos grandes leyes educativas del PSOE, fueron la espoleta. Tuvieron dos efectos demoledores para los docentes: pérdida de la autoridad y reducción del nivel académico.
“Se trataba de imponer un modelo educativo intervencionista y de corte estatalista”, afirma José Luis Fernández Santillana, secretario general de enseñanza de USO. “Confundieron la igualdad de oportunidades, que es legítima y necesaria, con el igualitarismo... y la consecuencia inmediata fue la rebaja del nivel”, añade.
Lo lograron. En primer lugar, instituyendo los consejos escolares de los centros, donde el profesor es un miembro más junto con representantes de padres, alumnos, del ayuntamiento... Tal aberración -explica García Olmos- sería equivalente “a que los enfermos participaran en la gestión del hospital. O como si los pasajeros de un avión pudieran votar cómo tiene que aterrizar el piloto”.
Los consejos escolares tienen además la atribución de elegir al director -en lugar de que lo haga el claustro- y de evaluar y aprobar la programación. Lo cual merma el prestigio y la autoridad de los docentes.
Pero lo más decisivo, según Fernández Santillana y García Olmos, es la pérdida de atribuciones disciplinarias de los profesores, marcada por la Logse y la LODE. El docente está prácticamente atado de manos ante la actuación del alumno, que puede hacer casi todo.
“Para mí” -señala García Olmos- “fue significativo que en los años ochenta suprimieran las tarimas en los centros públicos. No es anecdótico: la intención era que alumnos y profesores estuvieran al mismo nivel. Resultado: los alumnos nos tratan de igual a igual, nos miran por encima del hombro”.
A todo esto hay que añadir la reducción del listón académico. Tanto en los contenidos -la enseñanza secundaria se ha “primarizado”, afirman los sindicatos, es decir, se aproxima al nivel de primaria-, como en la rebaja de la exigencia -mediante la promoción automática del alumno, o la supresión de tests objetivos y externos como la Prueba General de Bachillerato-.
La LOE no sólo no corrige sino que aumenta tan desolador panorama. Merma aún más la autoridad del profesor, al dar vía libre a los novillos -la ley San Segundo reconoce el derecho de los estudiantes a decidir colectivamente no acudir a clase-, y al prever que el alumno de ESO pueda promocionar ¡con tres suspensos!
Miguel Gil



