El Cardenal Don Antonio Cañizares ha venido gozando - es mi opinión - de una exagerada fama que le ha concedido, reconocido y mantenido una excelencia que no se ajusta con la realidad de su talla. Si es verdad que alguna vez le motejaron como "il píccolo Ratzinger", es porque lo es: Píccolo, pequeño, chico, peón de tamaño integral. Hacerse al respecto más ilusiones o fantasmas es yerrar. Ese es su tamaño, el que demuestra. No se podría decir que disimula o esconde una talla mayor porque, en verdad, no la tiene.
Hace poco más de una semana se publicaba una carta (una circular) que sor Verónica, la ex-clarisa promotora del fenómeno de Lerma, dirígia a las clarisas de verdad, a las fieles a sus votos originales, explicando-exponiendo el invento de Iesu Communio, su nueva oferta religiosa, la que tanto revuelo ha causado desde que se supo. Si no conocen Uds. la carta, si no la han leído, aquí la tienen, por si gustan:
Finalmente tendremos un beato súbito. Comparando con lo que costaba sacar adelante una causa de beatificación-canonización cuando las causas de los Santos se llevaban con más rigor, después de todo cinco años no son nada, tratándose de lo que se trata.
Pero entiendo que lo que se trata es algo muy grave, porque beatificar/canonizar no es cuestión baladí. Aunque la ligereza con la que se reformó el procedimiento canónico por voluntad del nuevo próximo beato súbito haya rebajado tan notablemente las graves consideraciones que todo proceso de canonización debe (debería) tener.
Hay efemérides infaustas que no son para recordar, mucho menos para repetir. Aquel encuentro juanpablista de Asís-1986 marcó una cota de confusión memorable. Desgraciadamente, parece que vuelve el espejismo de Asís.
Martes, 29 de mayo
Reverendo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez