No se van porque se han instalado. Se han acomodado en la vanguardia disidente y comen de eso. No quiero decir que ganen pelas (aunque de vez en cuando sí meten el hocico en el comedero) sino que alimentan su ego con la consideración de los afines y la clap de la piara aplaudidora, que les adora, que les idolatra. Han perdido la fe, no creen en Dios, pero se han revestido de idolillos y tienen quienes les idolatran. Repugnantes ellos y ellos.
Empiezo diciendo que no soy "munillista", y que me parece un error suscitar un "munillismo" que tiene más tinte de banderismo ideológico que de verdadero interés por Munilla y su caso. Porque lo de Munilla ya es un caso. Uno más entre los que ultimamente han aflorado en varios enclaves eclesiales "de vanguardia", en Europa casi todos ellos. Europa descristianizada es también el campo de experimentación y acción de los descomponedores internos de la Iglesia. Y de eso va lo de Munilla, aunque se revista el caso con ikurriña y aberchalismo kale-borrokero. Allí, por allí, todo apesta a canalla nacionalista y el tufo hediondo de lo etarritarri tapa hasta el olor del incienso. Cada casa huele a sus guisos.
Martes, 29 de mayo
Reverendo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez