La estúpida y alucinógena serie "Cuéntame cómo pasó" se estrenó - si no me equivoco - cuando todavía gobernaba España el ínclito Aznar, parece que hace un siglo. Y parece mentira que tal engendro de historia-ficción se gestara en aquella época aznareña. Siempre fue un petardo de consumo de masas "ciudadanas", pero con el Zp project y su des-memoria histórica, el panfletucho televisivo raya cotas delirantes. Así y todo, la gente se lo traga.
Después del cañazo, el canto de la palinodia y donde dije digo, digo Diego. Pero la explicación de la Sor (?) Forcades resulta casi peor que las declaraciones de marras, porque insiste. Como si pretendiera tapar el bizcocho envenenado de debajo con una cubierta de chocolate y adorno de guindas pasteleras. Pues por el estilo.
Que descanse en paz Enrique Miret. Y espero que le digan las Gregorianas (o, mejor, unas cuantas tandas de Gregorianas), porque estoy seguro de que le van a venir muy bien los sufragios. Aunque me temo que como no se ha desvelado especialmente piadoso y creyente sobre este particular, se vea desprovisto, el pobre, de estos auxilios tan necesarios para todos.
Le tengo particular antipatía a ese mequetrefe desde que me tuve que tragar por razón de amistad (hay fidelidades que se pagan caro) una peli que se llamaba "Ciérrame un ojo", o algo así. Con tantas películas vistas y aproximándome al medio siglo vital, uno ve venir las máscaradas a la legua, y el petardete hiper-promocionado súper-subvencionado me dio mal tufo desde lejos. La peli pro-eutanasista, ese indigerible melodrama "de género", confirmó mis peores augurios peliculeros del peliculachero. Y sigue empeorando. Eso sí: Cada vez empeora más caro.
Misas de 9'30, 12, 1 y 8. Cada una con sus feligreses asistentes: edad, corte social, circunstancias e impoderables personales de cada quisque, más o menos abarcables en un conjunto digamos que regular, desde gente normal-normal a gente media-subiendo. Y algunos despistados.
Llamarse Yago tiene bemoles de snob y pijoterío cursi a la enésima potencia. Comprendo que uno no tiene culpa y que la ocurrencia suele ser del padrino de bautismo, o de papá, o de mamá. Pero dado que en católico vige que en la Confirmación te puedes mudar de nombre, perseverar en el Yago confirma la pijotera ocurrencia. Pues érase que se trata de un Yago, un tal Yago de la Cierva.
Martes, 29 de mayo
Reverendo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez