Desde la primera vez que le vi, tuve la impresión de que Martini era más figurón que personaje; o más personaje, simplemente. Con bastante consciencia de ello y sabiendo posar y hacerse notar. Creo que no me equivoqué porque el síndrome de "representación" parece habérsele agudizado con los años y la vejez. Mientras más viejo más pellejo, como el refrán.
Quizá también sea que cierto sector de la "vanguardia" eclesial necesita su mascarón de proa y ha elegido a Martini para este puesto clave, identificativo. Un Martini demasiado "líbero", con la reivindicación constantemente en la boca. Pero la boca de Martini o chochea o chochea. No cabe otra disyuntiva.
Cualquiera que esté atento al "signo de los tiempos" sabrá apreciar que "los frutos del Concilio" ni están todos en sazón, ni son todos del mismo sabor, ni siquiera son todos de la misma calidad y cualidad. Quizá por la muy interesada confusión postconciliar alentada y mantenida por algunos que hicieron del Concilio un trans-concilio. Los que llevaron el post-concilio a esa dimensión ultra-conciliar tan degenerante por des-catolizante. Ellos (si se pueden identificar en un "ellos", siendo como son tan difusamente perfilables, tan movedizamente identificables (¿les suena a Uds. el concepto?)), ellos necesitan un Martini para tener un capo, un duce, un condottiero. Y el corpulento (aunque ya un tanto gibboso) Martini da el tipo admirablemente: Donde esté se le ve. Muy bien.
No creo que pase a la historia por sus escritos, ni por los discretos años pastorales en Milán. Tampoco es (a pesar de la mucha propaganda editorial) un maestro espiritual. En todas estas cuestiones ha sido discreto, quizá lo más sobresaliente como académico (y siendo relativamente discutible su trayectoria, digamos, "exegética"). Lo demás, mediano. Sin privarle de una "aurea mediocritas" muy bien llevada, conservando el porte. Una galería de incondicionales de la Compañía y de italianos (y afines a estos dos grupos, en general) se constituyeron, ya hace algunos años, en una formidable claque martianiana. Animan, aplauden, vitorean, se entusiasman y publicitan su entusiasmo martinista. Muy fervorosos.
Es la única excusa que le concedo: Que no sea él sino que sean los "suyos" quienes le mueven la tramoya y le encienden las candilejas. Quizá él sea un poco el figurante principal de la obra, una obra montada con él como reclamo pero que va mucho más allá de él mismo (aunque él figure con todos los honores el primero en el reparto del dramatis personae). O algo así.
Porque lo inexplicable es que un hombre de Iglesia, a su edad, con sus referencias, con lo que debe saber y lo que puede seguir aprendiendo, con todo eso se convierta en un incordio molesto, un desafinado instrumento, una voz destemplada. Se supone que es Cardenal, y por ende colaborador del Papa y no un sinapismo pontificio o una cataplasma purpurada.
Aunque, pensando (espero que no delirando) también pudiera ser un "afectado" del síndrome post-conclavista, pudiera ser. Nunca me creí que fuera verdadero "candidato", ¿pero y si él se lo creyó? Y sería el caso de tener en escena a un despechado. ¿O quizá una antigua malquerencia ratzingeriana, pre-papal pero con efectos secundarios ahora que Ratzinger no existe y el que se sienta en la Sede Petrina es Benedicto???
¡Ah! Preguntas, cuestiones, pequeños enigmas de la vida, las circunstancias y las personas. Pero que tratándose de un "personaje" de Iglesia se suponen que se superan con ánimo eclesial, no con formas "políticas, incluso, diría yo, "a la italiana". No son modos. No es el estilo. No.
Un jarrón chino es una maritata de valor, de alguna tia bisabuela, herencia de cuando todos tuvimos un tio que hizo fortuna en Cuba. Y se traían de Cuba un loro, un bastón de bambú y otras cosillas. Y el jarrón chino. El concepto, por extensión, pasó a sinónimo de venerable señor, muy apreciado en su momento, cuando sus buenos años. Pero que se le pasó el arroz, llegó la jubilación y el pase al estado emérito, y ahora es un incómodo que se presenta, que está, que se resiste. Y que no se sabe qué hacer con él, dónde ponerle, en qué sitio. Por ejemplo, el Cardenal Martini.
Lo peor es que habla, que interviene (o quiere intervenir). Y a su edad - todo sea dicho - algunas cosas parecen de patente declive mental. Por ejemplo, la postulación de un "concilio". Otro. Para arreglar "cosas", dice. ¿O hacen que él diga? ¿Le ponen palabras en la boca? ¿La entrevista que le hacen ya va con la letra impresa? That's the question.
No sé cual será el tratamiento para estos casos. Pero pienso que sería mejor que lo dejaran reposar. Y sopitas y buen vino (o polenta y chianti). Y estarse calladito, no sea que se altere el estado general con la agitación de la charla. Pobre hombre (y pobre Iglesia con "hombres de iglesia" así).
+Rev.
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Parece que el autor no conoce en exceso a Martini. De lo contrario, alguna frase de las que dice, no la habria escrito.
Tiene razon en lo que dice que Martini puede chochear y decir bobadas. Y me pregunto, con inocencia, no con maldad, quien es mas joven, Martini o Ratzinger? Aplique la logica matematica, saque sus conclusiones y apliquese el cuento: Martini puede decir bobadas, el Papa es posible que tambien, pero usted, buen amigo, con toda seguridad.
A estudiar, que le conviene.
Señor (es un decir) López-Tontaina:
Ya he tomado nota de su filo-martinismo. No hace falta que insista. Ni que pierda los nervios, la compostura y los buenos modos.
Tómese una tila y bese la estampita de Martini.
p.s. No le dé recuerdos mios, si le ve.
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¿¿¿¿....????
Pues no lo lea tanto, que se le va a repetir.
Y conserve el fervor martinista. Y regálele una boina burberrys al cardenalete. Y vaya a que le dedique una fotito. Y córtele un callo y guárdelo de reliquia.
Pero no diga que es bueno lo que no es, buen hombre.
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Me he leído tres veces.
Ha escogido usted muy bien la foto, Reverendo. Desde luego que tiene bien calado al personaje.
Durante los años que fué presidente de las C.Episcopales de Europa ya hizo bastante daño. Pero por lo que se ve va estar dando guerra hasta que pueda.
Lo de irse a Jerusalén no fue en serio, sino una especie de cambio de escena para darse publicidad. Gente así sobran, por mucho que vayan vestidos de colorado (aunque también le gustan las gorras y el burberrys).
Pues sí, es verdad: Parece que Martini ama muy poco a su prójimo Benedicto (16). Si le amara, le ayudaría más y mejor y no le tendería celadas en el camino.
Por lo demás, se excede el comentarista. El Evangelio se lee en la Misa, pero no es adecuado para "comentario". Otra vez, aporte algo "original", please.
Y si no, no comente. Queda mejor (y se ahorra el esfuerzo).
(Por cierto: El evangélico comentador apreciará cuánto le amo, preocupándome por su comodidad y aconsejándole fraternalmente).
'
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Lunes, 13 de febrero
Reverendo
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Isabel Gómez Acebo
Francisco Margallo
Urbano Sánchez García
Rodrigo del Pozo Fernández
JC Rodríguez, A Eisman
José Antonio Pagola
Jose Gallardo Alberni
Jose Luis Cortés| Febrero 2012 | ||||||
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