
De entrada, las Olimpiadas sugieren "paganismo". Antropocentrismo triunfalista, culto al cuerpo, exaltación del esfuerzo humano, canto a la concordia universal, evocación de la Grecia Clásica, etc. Pero nos engañamos si suponemos que la fe no estuvo también presente en la génesis de las modernas Olimpíadas: Un sacerdote católico las "inventó" junto con el barón Pierre de Coubertin.
Conviene no olvidarlo y hasta decirlo y difundirlo, que es buena propaganda decir lo bueno que hemos hecho y poner en el candelero la antorcha olímpica, que también es cristiana y católica.
El padre católico del olimpismo moderno es un sacerdote extraordinario, el padre dominico Henrí Didon (Louis Henrí Didón). Un excepcional religioso, en muchos conceptos un valioso "vanguardista" que se adelantaba a su siglo con intrépidas iniciativas. La fama primera le vino por la predicación en aquella Francia de grandes predicadores que - al estilo del también dominico Lacordaire - llenaban iglesias y arrebataban con su retórica de púlpito a los fieles. Unos fieles que en la Francia decimonónica de las revoluciones y el laicismo de estado estaban muy necesitados de re-animarse y tomar conciencia de su fe y sus virtudes.
Además de su oratoria piadosa, el padre Didón inflamaba el espìritu patriótico de sus buenos católicos franceses, polemizando en sus sermones sobre temas muy concretos de la política y la actualidad francesa. Fue famoso el sermón fúnebre con ocasión de la muerte de Mons. Darboy, Arzobispo de París, asesinado en un atentado comunista. Su ardor independiente le llevó más de una vez al enfrentamiento con sus superiores. Un sermonazo predicado en Nôtre Dame de París le acarreó finalmente la reprobación del nuevo Arzobispo parisien y un "destierro" en el convento dominico de Corbara, en la isla de Córcega, en 1880.
A su vuelta, sus superiores creyeron más oportuno apartarlo del púlpito y dedicarlo a la enseñanza. Pero Didón era de los que se crecía en cualquier circunstancia. Al poco de llegar como director al Colegio San Alberto Magno, en Arcueil, se hizo famoso por los novedosos métodos de estudio y el "estilo" que imprimió a la metodología educativa del centro. Destacaba la integración del deporte como una disciplina fundamental, concebido como un medio capital para la formación integral de los jóvenes alumnos, en una nueva versión del clásico "mens sana in córpore sano.
Se hicieron famosas las competiciones deportivas organizadas desde el Colegio de los Dominicos de Arcueil. Participó con entusiasmo en la promoción del deporte escolar, y trabó amistad con los representantes del movimiento olímpico, entonces todavía en ciernes. Su amistad con el barón Pierre de Coubertín le llevó a colaborar directamente con él en el proyecto de recuperar para la era moderna el antiguo espíritu de los juegos olímpicos. Expresamente, el padre Didón prestó el que sería el lema de las nuevas olimpíadas: "Citius, Altius, Fortius" - más veloz, más alto, más fuerte - que ya se usaba en su colegio de Arcueil, así como la música del himno a San Alberto Magno, que sirvió para el nuevo "himno olímpico". Todo eso sucedía en 1894, durante el Primer Congreso Olímpico, que concluiría finalmente con la celebración de las Primeras Olimpiadas de la era Moderna, en Atenas, el año 1.896.
Para estar en los Juegos Olímpicos de Atenas, Didón tuvo la ocurrencia de organizar una "Caravane d'Arcueil à Athènes", en la que participaron sus alumnos y todos lo que pudieron apuntarse a tan aventurera experiencia, que fue un exito. Ya en Atenas, el Baron de Coubertín quiso que el padre Didón celebrara la Stª Misa antes de la apertura oficial de los Juegos. El viaje olímpico fue tan exitoso que al poco orgnizó otros a Tierra Santa y Egipto. En Roma estuvo también varias veces. El Papa León XIII - tan perspicaz - estimuló siempre al padre Didón y le animó en todas sus iniciativas.
Entre las obras de Didón - género homilético, epistolar, apologético, pedagógico, etc. - destaca un estudio de tema cristológico, "Jesucristo, ayer y hoy" ; es de sus obras la única que conozco editada en español (Valencia, 1904, 2 tomos) Sin duda que el P. Didón estará hoy celebrando "in societate civium supernorum" estos Juegos Olímpicos, que empiezan, precisamente, el dia de Stº Domingo de Guzmán, su patrón y - para tantas cosas - su modelo.
Conque no se nos olvide que el Más Veloz, Más Alto, Más Fuerte es "nuestro" también...Y también puede servir de lema para re-vigorizarnos el alma.
Ánimo, fratelli!
+Rev.
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Lo que fastidia es que se quiera hacer del deporte una excusa para...
Por lo demás la historia del padre Henry Didon me parece muy meritoria, le fueron cortando los campos de acción, y en vez de amargarse, criticar a la jerarquía, o dedicarse a la vagancia, pues encontró esa vía.
Pues nada hijo: A flagelarte los lomos y hacer penitencia y hacer oración.
De eso tenemos también campeones desde el tiempo de los Padres del Desierto, por lo menos.
Pero a mí me resulta muy oportunamente aggiornato lo de "santificarse con el deporte".
Y sobre lo último que dices, ya quisiera yo que los conflictos de las naciones se resolvieran todos a pelotazos en un estadio o compitiendo en unas Olimpiadas.
p.s. Se me olvidaba, una recomendación: Léase "Influence Morale des Sports Athletiques", una obrita muy sustanciosa del p. Henri Didón o.p.
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El Papa Pio XII dijo que el objeto del deporte es el cuerpo en cuanto que objeto de muerte destinado a la corriente de la mortalidad biológica.
Por otro lado resulta falso el creer que porque se ejercite el cuerpo se vaya a producir una mejor salud moral.
En cuanto a que fomente la hermanadad, y la confraternidad entre los hombres, pues basta ver que sucede en un "derby".
Martes, 29 de mayo
Reverendo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez