
El evangelio de la multiplicación de los panes y los peces - Mt 14, 13-21 - es muy popular. Tanto que fue uno de los "éxitos" del Señor, tan poco aficionado al entusiasmo de masas, según parece.
Se lee unas cuantas veces durante el Año Litúrgico, en cada uno de los Evangelios, porque es de las escenas que narran los 4 Evangelistas. Tuvo que "impactar", verdaderamente. San Juan lo pone al comienzo del cap. VIº, antes del "discurso del Pan de vida" en la Sinagoga de Cafarnaúm, cuando el Señor anuncia la Eucaristía, un pan nuevo que será su cuerpo/carne para la vida eterna de los creyentes.
Los peregrinos a Tierra Santa se traen a la vuelta muchos recuerdos, muchas imágenes. Entre las más bellas, la visita a los prados suaves que rodean el lago de Genesaret, donde se hizo el milagro de la multiplicación. En Tabgha, un monasterio de benedictinos, se ubica la memoria del milagro, datable como sitio de veneración por un antiguo mosaico paleocristiano hallado allí mismo, representando una cesta de panes marcados con una cruz y dos peces. Es un lugar tranquilo, a propósito para rezar y descansar espiritualmente.
Sin embargo el evangelio de la multiplicación es inquietante, apremiante. El -"Dadle vosotros de comer" desconcierta hoy tanto como cuando lo escucharon los Apóstoles. Es como un imperativo que la Iglesia entiende misteriosamente "activo" dentro de ese evangelio, y cada vez que se lee, resalta.
Tristemente, las muchedumbres hambrientas no son cosa de la Galilea del tiempo del Señor. Lo que entonces fue algo ocasional, en el mundo es una penuria constante. Gente que no come porque no puede, en un mundo que puede para los pocos que tenemos y se desvela injustamente impotente para los que no tiene casi nada, ni pan para cada día.
El pan nuestro cotidiano se ha perpetuado también en el hambre de ellos de cada día. Yo no sé cómo rezan en Etiopía, o en Darfur, o en donde se pasa hambre a diario el "Padrenuestro". Cuando vienen misioneros a la parroquia tengo a veces la intención de preguntárselo, y luego no lo hago. Porque me da miedo, porque me da vergüenza. Pero sé que el Padrenuestro rezado con hambre donde se pasa hambre por los que sufren hambre, es más Padrenuestro que el mío. Por lo menos, lo rezan con más sentido, sabiendo qué se pide. Nosotros no sabemos, se nos ha olvidado a fuerza de tenerlo cada día.
Así se nos vuelve más imperativo, más apremiante el -"Dadles vosotros de comer". He predicado esta tarde que en donde hay cristianos, donde están los discípulos del Señor, se reparte el pan y se multiplica. Les he dicho a la gente que las colectas del Domund y de Manos Unidas llegan a las misiones y los misioneros reparten nuestros 5 panes y 2 peces y casi repiten el milagro de la multiplicación. Lo he predicado sabiendo que digo verdad, pero no toda la verdad.
En la conciencia se me quedaba el eco del -"Dadle vosotros de comer!", tan vivo.
El "vosotros" aquel somos nosotros ahora. Eso lo sé.
Pax vobiscum, hermanos.
+Rev.
Martes, 29 de mayo
Reverendo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez