UN SONIDO IMPERCEPTIBLE me asedió durante varias horas hasta que me metí a un lugar donde chocó, pero me esperó a que saliera de ese inmueble gótico para continuar. Aunque el Distrito Federal es una megaespacio noise aun así puede "percibirse" ese rayo sónico que controla la mente de los habitantes. Eran las cinco de la tarde, llovía, en el asfalto mojado los charcos proyectaban edificios cuadrados, el alambrado público y los vehículos estacionados a una cuadra de avenida Cuauhtémoc. Me doy cuenta que a la gente no le gusta hablar aunque cuando lo hace pocas veces dice algo interesante.
Lo del control a través del sonido lo comprobé una noche rumbo a Xochimilco. En el microbús unos pasajeros muy jóvenes asientos atrás de mí repetían las canciones que el conductor-dj ponía de Juan Gabriel en su concierto en el palacio de Bellas Artes. Lo relacioné de pronto con las palabras de un teórico islandés que asegura que quien controla los recuerdos de la gente lo controla todo. Es como si alguien siguiera difundiendo la música nostálgica y masoquista de los años 70 y 80 para que nadie vea lo que en realidad está sucediendo en este momento. Hablaban de Juan Gabriel como si fuera un familiar a quien hay que apoyar en momentos de crisis. Cantaban Noa Noa vamos a bailar.El contenido de las melodías son básicamente experiencias negativas que enclaustran a la mente en una dependencia de dolor continúo. No hay ninguna clase de positividad en ese discurso popular.
Claro, es muy aventurado decir que esto es así, pero no siento descabellada la hipótesis del profesor de Comunicación que ha pedido que no mencione su nombre por razones de seguridad. "Hay un control de la mente mediante la inyección de sentimientos previamente grabados y que se mantendrán activos sólo con reactivar radialmente".
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