Un poco de café frío
24.12.07 @ 00:04:44. Archivado en 2.1 Microficción
POR LA TARDE bajas a beber algo caliente en la fría mañana. Vas a la cafetería de la esquina. Hay más gente de lo que tu nihilismo puede soportar. Quieres prepararte un tabaco, pero te das cuenta que lo has olvidado en alguna parte (fumar de cajetilla da maldito asco). Grasosa urbe con cables colgantes y rostros que se suceden uno-tras-otro a la misma velocidad en que se borran de la memoria a corto plazo. Te preguntas sobre qué podría perdurar si todo gira a la velocidad del rayo, si todo se construye con la única finalidad de satisfacer emociones inducidas.
El nirvana informático de los teclazos no acapara mucha atención cuando de fastidio y desánimo se trata. ¿Qué objetivos trascendentales al remover las páginas de un diario? A menos que tu búsqueda interior tenga que ver con declaraciones, números y fotografías de personajes grises y poderosos. Ascetismo de periodiquero. ¿He dicho búsqueda interior? Ese binomio ya no suele aparecer más que en alguna colección de palabras. Egos que se levantan por la ciudad de los zombies como fumaradas espectaculares. Sin embargo, no son más que eso: humo, espectáculo, diversión, inteligencia de simios para simios. "¿Esencial. ¿Qué pueden decir de trascendente los rotativos? ¿Qué se acaba el mundo? Eso todos los días lo escriben con diferentes palabras. Quizá cuando suceda la nota será qué acontezca al otro día de que se acabe".
La esencia no está allí. Como decía el poeta: La vida está en otra parte. Siempre en otro lado. Lejos de la pobredumbre. Imposible, la mierda se encuentra en todas partes.
-Su café, señor.
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Filemón Alonso - Miranda
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