Negro sobre rojo
16.12.07 @ 23:10:44. Archivado en 2.1 Microficción
ERAN LAS SIETE DE LA MAÑANA cuando llegué con frío a la entrada de la estación Ermita del Metro. Había mucho tráfico; quizá el de siempre. Sólo que al avanzar podía verse un auto nuevo deportivo rojo obstruyendo la mitad de la calzada Tlalpan y la llanta delantera derecha estaba fuera de su lugar; en el lugar había gasolina regada en el pavimento, vidrios rotos, objetos tirados en el suelo tras la colisión. Sobre la banqueta yacía una mujer de alrededor 30 años; cuando levantaba su rostro podía verse la sangre que le caía por el rostro. Su mirada era la de alguien a quien se le escapa el alma en el escape del líquido rojo. Dolor y mirones alrededor. El tren del Metro que avanzaba; los claxons y sirenas de los vehículos de emergencia rompían el silencio de la mañana. El mismo silencio que había procurado mantener apenas un minuto antes de llegar a la avenida. Observar y recordar qué frágiles somos a un sino trágico. Caminar con la desmemoria desconectada a los dispositivos de autodestrucción como si uno fuera inmortal. Sangre, mirada ausente y silencio. Los autos se aglutinan. Caminar como si uno creyera que nada le va a suceder, que nunca nos vamos a morir. Dar media vuelta o seguirse de largo.
Allí, frente a mí, a dos metros de distancia una reedición de Crash, la película de David Cronenberg basada en los relatos de J. G. Ballard, los hombres máquina y su deseo de destrucción. Negro sobre rojo. Dolor y silencio. La maldita velocidad.
Filemón Alonso - Miranda
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