Laberinto y ciudad
30.11.07 @ 20:42:15. Archivado en 1.2 Mis fotos, 2.2 Textologías

EN El Inmortal, de Jorge Luis Borges, hay un hombre en proceso de mutación. Un día al amanecer a Marco Flaminio Rufo le es revelado que hay un río que perdona la muerte a los hombres. ("La muerte (o su alusión) hace preciosos a los hombres y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último"). Va a buscarla, pero una rebelión de piratas romanos lo traiciona... El tribuno romano rodea la construcción circular -"fundada sobre una meseta de piedra"- sin puertas, y se introduce a un laberinto, a través de una cueva, que es precisamente la entrada a la Ciudad de los inmortales, y se pierde, va a la deriva por pasos cerrados, repetitivos, maravillado y hasta alienado, cuando, por azar o por agotar todas las posibilidades mira al cielo -quien sabe cuánto tiempo vivió en las sombras-. El cielo es azul. Sube unas escalerillas y visita ese paraíso solitario. Los dioses que la edificaron han muerto, dice de primera impresión... Después corrige: Los dioses que la edificaron estaban locos.

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Filemón Alonso - Miranda
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