Si aun hoy Ushuaia es considerada el Fin del Mundo, no es difícil imaginar lo que esa tierra helada y distante era para los argentinos de comienzos del Siglo XX. Justamente por eso, por lejana e inhóspita, en 1902 se decidió confinar allí a los presos de máxima peligrosidad, categoría que, más temprano que tarde, terminó incluyendo también a los presos políticos. Famosos asesinos seriales, anarquistas, escritores, políticos y –dicen – el propio Carlos Gardel dieron con sus huesos en la Cárcel del Fin del Mundo. Y de allí era mejor no escaparse, porque afuera la vida era mucho más dura que adentro: el frío, la nieve y los vientos eran extremos y era casi imposible sobrevivir, dadas las condiciones del clima.
La cárcel contaba con 5 pabellones de 76 celdas unipersonales cada uno, con capacidad para alojar a 386 reclusos. Aunque llegó a haber más de 600 personas detenidas. Dentro del penal funcionaban talleres de carpintería, herrería, etc, y fueron los mismos presos, quienes construyeron la cocina del presidio, la panadería, el faro y los talleres en donde muchos de ellos trabajarían. La labor que se realizaba en estos talleres no era sólo para atender las necesidades del presidio sino también para prestarle servicios a toda la comunidad de Ushuaia. Así, formaron la primera imprenta, trabajaron en la instalación de las líneas telefónicas, en la construcción de calles, edificios, en la explotación de bosques y abastecían de electricidad a los lugareños. También les construían muebles e incluso, llegaron a formar el primer escuadrón de bomberos.
Todos los pabellones del presidio se concertaban con el hall central, de forma circular, donde los guardias cárceles podían vigilar todo lo que sucediera en los mismos. Y el régimen penitenciado aplicado se baso en el trabajo retribuido (se les pagaba una especie de sueldo) y todos los reclusos que tenían “buena conducta” gozaban de beneficios especiales y de instrucción escolar primaria, ya que muchos no sabían leer ni escribir.

En 1947, durante el gobierno del General Juan Domingo Perón el presidio fue cerrado. En abril de 1997 el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional. Desde entonces la gente de la Armada Argentina y del Museo Marítimo de Ushuaia trabaja para rescatarlo del paso del tiempo y del olvido. En la actualidad, en este edificio funcionan dos museos: el Museo Marítimo de Ushuaia y el Museo del ex presidio, donde se realizan espectáculos teatrales y diferentes eventos culturales, al que asisten tanto turistas como residentes.
La famosa historia del Petiso Orejudo
Fue el preso más conocido. Su verdadero nombre era Cayetano Santos Godino pero le decían el “Petiso Orejudo” porque sus orejas eran más grandes que su cuerpo. Este recluso nació en 1896 en la ciudad de Buenos Aires, y con sólo 16 años fue arrestado y enjuiciado por haber cometido tres crímenes contra indefensos menores de cuatro años. (Los mataba y torturaba). En 1912, el “Petiso Orejudo” fue capturado, enjuiciado, sentenciado a prisión perpetua y recluido primera en una correccional de Buenos Aires hasta que fue transferido al Presidio Nacional de Ushuaia, donde falleció tras una golpiza que le propiciaron los mismos presos por haber torturado al gato “mascota” del pabellón.

Dirección: Avenida Maipú 173 Ushuaia Tierra del Fuego República Argentina (0054-2901) 421-863. http://www.tierradelfuego.org.ar/museo.
Agradecimiento: Al departamento de Promoción del Instituto Fueguino de Turismo
Fotos: Ricardo González: www.ggpressphotos.com.ar / fotorigolez@yahoo.com.ar
Martes, 14 de febrero
José Donís Català
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
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Antonio García Fuentes
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Paulino Toribio
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Padre Fortea
Juan Carrasco de las Heras
Julián Moreno Mestre