
06.06.08 @ 19:38:10. Archivado en Geografías
De mis andanzas periodísticas imparciales siempre pienso que puedo sacar algo en claro, aunque no siempre es fácil. El otro viernes, en yendo a entrevistar a Betty Missiego y Paco Valladares, en un restaurante portugués de bacalaos al ojodelacara, experimenté cuán inhóspitos pueden ser ciertos desiertos desiertos, y ciertas ciudades de la periferia. Aquello era por el norte de Madrid, Monte Carmelo, que me recordó a otro Monte Karmelo, el de Bilbao, con casuchas levantadas por los propios inmigrantes castellano-austuriano-galaicos en los cincuenta. No, este barrio no tenía nada de improvisado, su grisura estaba perfectamente estudiada, delineada, trazada. Pero los arquitectos habían querido crear "espacio idóneos para la vida familiar", "un complejo residencial acogedor, a pocos minutos del centro urbano, con las mejores condiciones y la mejor calidad de vida". Y una mierda.
Este tipo de barrios periféricos, sobrios, perfectos, armónicamente estudiados, con todas las necesidades cubiertas, que si su farmacia, su Carrefour, su bar con pretensiones de diseño, su parque infantil, su guardería, su pista de tenis, aspiran a tener todo, pero no tienen nada. Como Madrid, que decía don RAMÓN: "Es tener todo y no tener nada". Pues en un barrio de estos de atomalpolculo ni te cuento.
Uno camina por esos andurriales en plan barojiano por los desmontes y se fija, por ejemplo, en que el descampado de turno es casi un monumento al pecado, una rebelión ante los planos perfectamente fabricados en serie por el AutoCad, y siente como una soledad abisal. Pasa que el escenario ahonda en esa solitud de las cuatro de la tarde, agudizándola. Piensa entonces que cualquiera de los 8.000 pueblos de España, por pequeños que sean, tienen más alma, más chicha, más bouquet, que todo ese plan urbanístico residencial alienante. Aquí no hay iglesias, no hay columnas jónicas, no hay fuentes Wallaces, no hay árboles del cuco, no hay callejones salsipuedes, no hay carrico de la Virola, no hay, por haber, una estatua al cronista de la villa al que mangar las gafas, porque ni siquiera hay villa de la que cronificar. Bueno, quicir, quizá en adelante un avezado aprendiz de Galdós se meta a narrar las apasionantes timbas de mus a ocho reyes del bar Payme, o la llegada del cableado óptico al barrio, o las luchas intestinas en la comunidad de vecinos por no instalar ese contenedor ese de basuras que transformaba el vidrio en gas natural.
No hay ni siquiera en estos desolados poblados del futuro un esfuerzo creativo en la elección del callejero. En este Monte Carmelo son todo monasterios: Monasterio de Yuste, Monasterio de El Escorial, Monasterio de Silos. Pasa como en Japón, where the street have no name, pero también en ciudades como Pamplona, donde hay una misma ristra de monasterios que, eso sí, son de utilidad al taxismo. También pintores, Pintor Crispín, y ríos, Río Ega. Las ciudades se van quedando sin alma. Y nosotros dentro. Llamadme antiguo: estoy en contra.
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24.08.07 @ 12:58:07. Archivado en Geografías
Hay un texto de Ramón Gómez de la Serna titulado precisamente Ropa tendida en el que denuncia la dejadez estética del colgamiento de los ropajes sucios para su posterior secado:
“El arte de tender la ropa debería ser el lema de una serie de conferencias públicas con proyecciones”
A lo largo del escrito expresa su malestar por el poco respeto que se tenía a los calzoncillos y camisas de la época, que si aparece ahorcada, ahogada, boca abajo, y habla de “suplicios” y contravenciones a las “leyes naturales”. Esa visión humanizadora de los objetos es de lo más humano que he visto nunca, curiosamente. Como un humanismo que llega hasta las sillas, las chimeneas, los tipos de tejado y las peinetas.
Quizá influenciado sin darme cuenta por esa lectura, me he topado con dos visiones sobre la ropa tendida a lo largo de las últimas semanas, que me han motivado a colgar este post. La primera me la dio una artista española de estas neoyorquinas muy de revista de tendencias y todo el moco llamada Gema Álava Crisóstomo. En una charla sobre arte en El Escorial explicó una de sus obras, que consistía básicamente en ropitas, camisetitas, de oro de 22 quilates colgando en cuerdecitas, como si se estuvieran secandito. Decía que a los norteamericanos todo lo que viene siendo colgar la ropa en cuerdas al sol les suena poco menos que a tercermundista, existiendo las lavanderías –o laundrys- como existen. Curioso.
Tras unos alegres días de excursiones por Croacia, descubrí que el concepto laundry no está muy desarrollado en aquel país, y mucho menos el de patio interior, ese práctico lugar para esconder los trapos sucios que ya las corralas madrileñas, fíjate, integraron en sus diseños arquiteztónicos. Las casas de los barrios históricos de Rovinj, Split, Zadar, Dubrovnik, no tienen patios interiores, y la gente sigue necesitando lavar su ropa. Me llamó la atención en estas “perlas del Adriático”, en estas “Venecias croatas”, cómo el personal no se corta a la hora de sacar sus bragas a relucir. En España hay ordenanzas municipales y patios, ya digo, para evitar ese exhibicionismo roperil. No imaginamos el Patio de los Naranjos de donde la catedral de Sevilla con la camiseta del Betis del Joshua boca abajo. En Split, sin embargo, en plenas dependencias del emperador Diocleciano, que allá vivió, se podían ver alegremente todos los juegos de cama, los calcetines, los trapos de cocina y un par de delantales de la típica familia croata. A lo mejor ni sabían quien coños era el tal Diocleciano ese.
Una pareja de italianos con esa elegancia hortera y rechoncha me comentan que cómo puede ser aquello. Que en Italia todo ese recinto estaría cerrado al público, señalizado y se pagaría una entrada por entrar. Y que por supuesto nada de ropa tendida. No supe qué decirles, aparte de que mi italiano es macarrónico (nunca mejor dixit). El encanto de ese foro romano splitiano, lleno de ruinas desordenadas y ropa colgante a las dos de la madrugada, una camada de gatos dormitando panza arriba, tenía sin duda un sabor a país de segunda, a laxitud normativo-turística. ¿Y qué? Opino que cuando vitrinarizamos las ciudades éstas se quedan tiesas, disecadas, se les muda el rostro y la ropa tendida seca peor. Las manchas enseñan a vivir, decía un anuncio de Skip.
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25.05.06 @ 12:30:18. Archivado en Geografías
Pero, una vez saboreado el cielo de Madrid abierto y claro, vienen unos retortijones nada agradables. Piensa uno entonces que en las ciudades-balnearios no hay Viaductos desde los que saltan los desesperados, los que perdieron el carril y decidieron que ya era tarde para volver atrás porque tampoco serviría de nada. Piensa uno que al menos, en el reino del lexatín, en el refugio que ofrecen las murallas de la provincia, al igual que en un psiquiátrico, o en casa de tu abuela, queda garantizada una existencia al menos llevadera.
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24.05.06 @ 13:30:37. Archivado en Geografías
Cuando se llega a Madrid tras abandonar el calor uterino de una ciudad como Pamplona, aparecen las inevitables comparaciones, y se entiende mejor esa cosa tan concreta pero sublime que son las ciudades, las grandes y las pequeñas. Esas creaciones del hombre, vivísimos museos de la historia de la Humanidad donde además podemos tocar, ensuciar y hasta construir.
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13.03.06 @ 17:42:44. Archivado en Geografías
No sé donde coñas están los pintores de ahora, los contemporáneos, las paletas de nuestro tiempo. Supongo que buscando todavía la deconstrucción del vacío del huevo, o el espacio usurpado a la esfera o congelando el instante suspendido de los haces de luz que entran oblicuamente por el lienzo. No sé de arte, porque no lo veo. Oigo algo de un colectivo llamado El Perro y veo noticias sobre la polémica que ha provocado un tal Santiago Sierra, al convertir una sinagoga en una cámara de gas.
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03.03.06 @ 21:27:22. Archivado en Geografías
Nadie elige Soria como destino, apenas algunos jugadores fichados por el Numancia, inmigrantes sin ínfulas turísticas, místicos de asfalto que huyen en busca de una paz que surge de la negación del ruido. Sánchez – Dragó pasa temporadas en Castilfrío, pueblillo de piedra en el sur de esta provincia de paso. Bueno, se ve que el amigo Kokoro es medio soriano, no tanto como Abel Antón, Fermín Cacho o María Reyes, que nacieron en este paisaje del alma machadiano (famoso por su mantequilla).
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15.02.06 @ 20:12:30. Archivado en Geografías
Pensaba escribir algo sobre arquitectura, ese arte a pie de calle, en el que parece que nos va tan bien en el plano internacional, casi tanto como con esa gastronomía nuestra de Bullis y Arzaks que tanto se vende. Cuando uso ese “nos” me refiero a esa cosa que para entendernos llamamos España, a pesar de las connotaciones españolas que pueda tener y del pudor de decirlo en voz alta. “¿Existe un nuevo estilo español de arquitectura?” lanza al aire el comisario de la exposición del MoMA neoyorquino. Un crítico criticón del NY Times dice que hablar de España como cosa unitaria que produce arquitectura genera problemas, y que más correcto habría sido focalizar la exposición en la arquitectura catalana, por ejemplo. Hasta la Gran Manzana llega el borreguismo ilustrado nacionalizante, al que yo pregunto retóricamente: ¿A qué región, nación, folklore, etnia o cultura aluden las escamas de titanio del fenomenal Guggenheim bilbaíno? Cuanto coñazo anda suelto por ahí, madre.
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25.01.06 @ 19:26:49. Archivado en Geografías
Hay que saber ir por la calle mirando hacia arriba, con cuidado de no pisotear a algún clochard moribundo, ni llevarse por delante el cacito metálico de ese mutilado de su propia guerra. En Madrid, hay muchas fachadas que merecen esta mirada, más que nada porque el nivel de ras de suelo está plagado de andamios, hormigoneras y esos contenedores que contienen escombros, polvos y alguna silla vieja abierta de patas.
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23.01.06 @ 17:40:11. Archivado en Geografías
Así se llama la revista que se puede leer en los vagones de RENFE, esos espacios sin humos que en una mañana entre semana se convierten en templos en movimiento de una extraña mística. Los paisajes que se cuelan por esas ventanas no son los de siempre, en nada se parecen a las vías rápidas, con o sin peajes. Tampoco el sol es el mismo, que entra tamizado por un extraño filtro, e invita a anotaciones para un poema, para una lírica que no nos acaba saliendo pero que queda allí, en proyecto. Quizá no sea más que un efecto químico, y que esos ventanales estén impregnados de un tinte que nos haga mirar la realidad con otro cristal, con unas gafas de Lennon que nos conducen a esas esferas tan bucólico-pastoriles.
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26.10.05 @ 03:25:08. Archivado en Geografías
Bilbao sigue saboreando sus triunfos, a lo Armstrong. No repetiré ahora el éxito traducido en cifras beneficiosas del Guggenheim y sus efectos sobre la salud de la ciudad. En fútbol, van peor.
Llegué al rato a Pamplona, en ese “volver es irse” que tiene todo “retonno” a la ciudad de donde uno es. Emulando el modo de hacer de los Reyes Magos, de pronto la ciudad se monta a sí misma en tu ausencia, como un Lego Technic imposible, o un Scalextric enredado.
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14.10.05 @ 20:23:37. Archivado en Geografías
Las catástrofes naturales se superponen con violencia, se anulan una a otra, como esas aldeas que desaparecen entre los pliegues de esa tierra alterada, no sé ya si en Guatemala o Pakistán. Por estos pagos, los excesos de esta naturaleza traumática llegan en forma de diluvios poco universales, como saben bien los paraguas de ese triángulo suní del aguacero que se ha creado en el litoral de Girona.
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25.11.04 @ 14:33:21. Archivado en Geografías
“En Bilbao, como todo en todo el País Vasco, echan más chispa las chimeneas que el espíritu de los hombres.” Esto lo decía Pío Baroja en 1918, con ese resentimiento tan suyo hacia todo aquello que no le había tratado bien en la vida.
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