
El diario El Mundo, o lo que es lo mismo, Pedrojota Ramírez, tiene como marca de la casa creer que los lectores, que los españoles en general, somos imbéciles y que, además, no tenemos memoria. Esta técnica puede servir para vender periódicos, una de las funciones de un medio de comunicación privado y comercial, pero deja, la verdad, bastante que desear.
El domingo pasado, 20 de julio de 2008, inmerso en la fiebre del FIB de Benicassim, esperando al místico y humano Leonard Cohen, aún tuve tiempo para ojear un periódico que cayó en mis manos, El Mundo. Leo para mi sorpresa un titular clavado al de El País de hacía pocos días y me alegro de que mi capacidad para indignarme siga ahí, viva, encendiéndome la sangre:
“Carpetazo a 4 años de falsedades sobre “El Egipcio”, Al Qaeda y el 11-M”.
El “diario gubernamental”, como llaman con su estilo sucio los de Pedrojota a El País decía creo que el viernes esto:
“Carpetazo judicial a 4 años de falsedades”.
Artículo que firmaba, por cierto, José Yoldi. En El Mundo, atacan y esconden la mano, porque en las cuatro páginas del domingo no había firma por ningún lado. Detalle revelador de un estilo y forma de hacer periodismo.
Los de El País no se andan con ambigüedades el viernes:
“La sentencia del Supremo sobre el 11-M aniquila las falsedades y fabulaciones durante cuatro años por los promotores de la teoría conspirativa, con El Mundo a la cabeza”.
Se olvida aquí de la COPE de Losantos, la Libertad Digital de Losantos, y de ciertas asociaciones de víctimas inconformistas.
Dos días después, El Mundo tiene la poca vergüenza de contraatacar con un titular idéntico, pero a la inversa, diciendo, básicamente, “no, el que te lo inventaste todo fuiste tú, el conspirador eres tú, tú conspiras más y eres más malo”. Jamás había visto tan innoble e infantil ejercicio caraduresco de alterar la realidad de las cosas, de darles cutremente la vuelta y, de paso, intentar salir indemne de un ejercicio de intoxicación informativa sostenido durante cuatro años que, por desgracia, olvidaremos pronto, en esta tónica nuestra de los carpetazos.
Es tal el grado de desfachatez editorial que no dudan en colocar un cintillo que reza: “La teoría de la conspiración de El País”. Pegotean, en un ejemplo de manipulación informativa agresiva sin parangón, titulares de El País concernientes a la atribución de la autoría intelectual de “El Egipcio” que este periódico presupuso, pero sin dar nada por sentado. Una autoría intelectual que no se ha podido probar, pero que entraba en terrenos de lo posible y que, a día de hoy, puede ser perfectamente real, otra cosa es que no haya pruebas inculpatorias. Lo de vincular ácido bórico, musulmanes y etarras en el mismo saco yo lo llamo directamente delirio.
Se quedan tan campantes quitándose ese muerto de encima, el muerto de haber generado una crispación apabullante sobre el delicado y sensible tema de la muerte de 192 conciudadanos, en el mayor atentado terrorista de España. Su deseo de encontrar la verdad que más les convenía (la vinculación de ETA en la masacre) les llevó a poner en tela de juicio un proceso judicial que los expertos califican de ejemplar. Desprestigiaron con portadas la vía judicial, y vieron resquicios a la verdad oficial en mochilas, casettes de la orquesta Mondragón, furgonetas Kangoo, polvos para matar ratas, y etarras que tuvieron que testificar sin que nadie les hubiera dado vela en tan triste entierro. Llegaron incluso, a darle cera a Emilio Suárez Trashorras, un descerebrado trapicheador de explosivos a quien elevaron a la categoría de confidente y dador de relevaciones. El País les cazó en su intento de animarle para el cante y, claro, eso escuece.
Sería una interesante labor recopilar el serial conspirador de El Mundo, para utópicas asignatura de ética periodística, desde el mismo 12 de marzo de 2004 hasta el 20 de julio de 2008. Quedaría bien claro quién conspiró primero, quién emplea la crispación como herramienta para vender periódicos y quién, por si fuera poco, se autoconcede el privilegio de tener la razón. El Manifiesto por la defensa del español es otra argucia, otra genialidad para dividir, crispar y seguir vendiendo papel, ahora que la teta del 11M se ha secado. No se trata defender o no a El País, sino defender una mínima decencia y respeto por la dignidad. Una cosa es ser crítico, otra un amoral, por no decir cosas peores.
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La belleza entra por los ojos, y los periódicos no se libran de esta ley no escrita. Los de El País se dieron cuenta un día de que no llegarían muy lejos con su abigarramiento tipográfico de años, y decidieron dar aire a tanta grafía prieta. Como siempre que se hace un cambio, cayeron críticas, y los rompedores criticaron que para cambiar a medias mejor no cambiar, y los nostálgicos criticaron que por qué cambiar cuando algo funciona. A los que nos situamos en el extremo centro de las cosas, nos pareció bien aquel cambio.
Algo parecido he sentido con el nuevo Diario de Navarra. En su día, con la entrada de Inés Artajo a la dirección, sobrevinieron pequeños pero interesantes cambios. No me convencieron del todo, porque se hicieron como a la mitad. Y eso quedaba raro. Como si alguien pintara sólo la mitad de la casa, y dejara la otra parte con esa blancura negruzca que tienen las paredes blancas que no se pintan. Se reinventó la sección Opinión, se ficharon nuevos columnistas, de mayor alcance (Santiago González, Manuel Alcántara) y se introdujeron sutiles novedades de diseño, como en la sección Diario2. Había una declaración de intenciones, pero demasiado tímida. Aquí se escribió en su día algo al respecto, aplaudiendo el cambio pero pidiendo más.
Y 16 meses después, como si de pronto un post pudiera tener influencia, los cambios han operado. La cirugía estética llegó a DDN, un rediseño que, como dije el otro día, también parece que afecta al interior.
Y después de este preludio inútil, estaría bien decir algo en concreto sobre el nuevo diseño, con un ejemplar que tengo de noviembre, no sé si habrá habido más evoluciones. Para empezar, la cabecera. Recuperan una de sus cabeceras antiguas, en la línea de lo que hacen muchos periódicos mundiales, como el Herald Tribune, Le Monde, The Washington Post o incluso El Imparcial, de Anson, que recupera el diseño primigenio de aquel periódico decimonónico. Podríamos calzar aquí el topico de que funde tradición y modernidad, y no quedaría tan mal. Esas letras hacen pensar en nuestros abuelos navarros, en un pasado común, y eso, en el mundo globalizado tan necesitado de lo local, se agradece.
Se mantiene la estructura de las secciones que, en general, creo que son acertadas. Se podría arrancar quizá con internacional, como hace El País, marca de la casa ésa bastante criticada, por cierto. A mí me parece más lógico abrir con internacional, por aquello de ir de lo general a lo particular. De Caracas a la Chantrea. De Trípoli a Barañaín.
La sección de Opinión aparece limpia, y no demasiado densa, para lo que suelen ser estas secciones. Se echa en falta quizá algún articulista de peso, sin apellidos navarros, y sin tanto aspecto de votar a UPN, pero bueno, quizá esto sea demasiado pedir. Un periódico no es un soporte de lo que pasa en la Tierra, que sí lo es, pero es también una toma de conciencia, una actitud ante el mundo, una manera de interpretar el caos de la vida y tratar de explicarlo a los lectores, obedeciendo a unos principios editoriales, como las personas obedecen a sus principios personales al enfrentarse a las cosas, a la vida. Pretender lo contrario es crear periódicos sin alma, huecos. Porque un buen periódico, como un buen equipo de club de fútbol, debe tender a ser algo más que un periódico. Sin embargo, tanto en las personas, como en los periódicos, cuanto más anchas sean las miras, dentro de una base más o menos permanente, mejor.
También me gusta la nueva tipografía, Charcoal creo que es, y los títulos de las secciones, en un gris suave, y los juegos con las líneas, corondeles, filetes, o como quiera que se llamen. Y la nueva disposición de la información, con más datos, pildoreados, frases destacadas (antes las había, pero ahora más). Me fijo en una entrevista a Joaquín Araujo, naturalista, habitual de RNE. Esta clase de tipos lleva viniendo a Pamplona décadas, a charlas a la Universidad, a congresos, y cosas así. Puede que me equivoque, pero no era normal encontrarse con entrevistas a estos personajes en las épocas anteriores. Y a Pamplona viene mucha gente interesante, opino, a lo largo del año, que puede y debe ser entrevistada.
Parece que se va perdiendo el miedo a las infografías, como veo en la apertura de Navarra. Ya en plan cojonero, yo no la habría puesto justo debajo del titular, como tampoco los sumarios justo antes del arrancar el texto, a la derecha del titular. Pero vamos, hay que cuidar el tema infografía, y parece que se está haciendo.
Me llama la atención, en este análisis al diario del lunes 19 de noviembre de 2007 (no tengo más a mano aquí en Madrid), que no haya una sección exclusiva para Pamplona. De Navarra, se pasa a Tafalla y Zona Media. ¿Y Pamplona?
Saltando los deportes, que yo diría que todo OK, donde más ha mejorado y ganado el DDN es en la parte de ocio y cultura, el Diario2. Se presta a la creatividad gráfica, hay temas como interesantes (entrevista a Luis Landero) y, por lo que veo, la colaboración —no sé si fija— de Juan José Millás.
También, ¡ya era hora! se ofrece una agenda como Zeus manda, con todas las exposiciones, charlas, teatros, soliloquios y zarabandas varias. También la página de cotilleos, La pasarela, queda bastante remozada, gracias también al color. Y algunas pildoritas, pero sin pasarse como uno de esos Qué!, que se agradecen, como una cita de Alaska, cumpleaños de famosos, y curiosidades varias, como que en un bar de Sevilla una tapa se llama “Por qué no te callas?”. Y mucho más completa también la página de Cartelera, a la altura de un periódico nacional, toda una doble página de cine, con un tema central cinéfilo y detalles que adornan.
Y de la contra no diré nada porque sólo tengo la del lunes, que no es la habitual. No conviene descuidarla. En El Mundo de Almería, había un tío sólo para las contras, y se buscaban historias graciosas todos los días. Una famosa periodista local, Violeta J. B., que le sustituyó en verano, se las apañaba para buscar cada día nuevos temas, que interesaran al almeriense de a pie (y al sentado). Que si la receta de una bebida típica de no sé qué quiosco típico de la ciudad, y que un día probó John Lennon, creo, que pasaba por ahí. O un tipo que le vendió un barco a Charles Chaplin, u otro que cada mañana pedía por favor que le dejaran tocar el piano de la Diputación, de 7 a 9 de la mañana, antes de que abrieran el edificio público. El tío no tenía instrumento en su casa, pero sí ganas de tocarlo.
Me he extendido un huevo y medio, sí. Me parecía importante felicitar a los impulsores del cambio, que han dejado el periódico como la nueva estación de autobuses, porque el anterior, el viejo, parecía impermeable a los avances de los tiempos, como la vieja estación. Congratulémonos, porque, como dijo Shakespeare, “Navarra será el asombro del mundo”. ¿Por qué no soñar con ello?
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Hacía tiempo que quería dejar por escrito la grata sorpresa que me llevé al recibir un ejemplar del Diario de Navarra. Me llegó en el extranjero, en un viaje holandés, y fue mi tía quien me entregó un ejemplar, el del 19 de noviembre. Entre sus páginas se incluía un interesante reportaje, una especie de A sangre fría a la navarra, con Gabriel González en plan Truman Capote, sobre los últimos garrotazos viles cometidos en Navarra. Arrancaba con la historia de dos hermanos de Miranda de Arga, condenados por haber matado sus padres y su hermano, toscamente, a hierro frío en la cabezota, por un asunto de tierras y mayorazgos. “A ver si hacemos algo entre todos, que yo creo que haremos si no es a las buenas a las otras”, hablaron entre los dos hermanos asesinos, allá por 1955, para resolver aquella injusticia en el reparto. Se pasaron en el procedimiento, claro, como también se pasó el que les mandó al garrote vil, hace cincuenta años.
Esta historia, perlada de motes y detalles enjundiosos, nos la contaba a menudo mi abuela, de Miranda de Arga, que se conocía al dedillo aquellas siniestros relatos que apenas salían en los periódicos. “El horrendo crimen de Miranda de Arga”, tituló la prensa en su día.
Pues bien, este tipo de reportaje, con su buena carga gráfica, un apoyo, o despiece (como el del indulto del Crimen de Belate), opino que dan fondo a un periódico, a un periódico local, donde estas historias siempre tienen su miga. La fortaleza de un periódico local es esa, aprovechar un poco ese “aquí nos conocemos todos”, y darle rienda suelta. Tiene su cosa imaginarse a estos pobres desgraciados en la cárcel de Pamplona, en aquella Pamplona aún de Arazuri y nieblas matutinas de los cincuenta, esperando su cruento destino, mientras el pescatero de San Antón refrescaba el género que le acababa de llegar de San Sebastián.
Se agradece esta imaginación, este indagar en la historia reciente, y plantear reportajes de interés humano/local/regional/cultural/antropológico/periodístico. Ir más allá de los carruajes o tranvías que se usaban en la Pamplona de la primera gamazada, en la línea de Juan José Martinena —autor por cierto de un muy buen libro, Historias del Viejo Pamplona— y redescubrir que la historia no tiene que porque ser algo polvoriento con soniquete de NO-DO.
Las últimas veces que compraba DDN, por ver un poco que se hacía en Navarra, me extrañaba la parquedad de páginas locales, la tristeza de recursos que empleaban, con esos dibujos como de revista de parroquia, y temas como rozando, o traspasando el tópico. Los inmigrantes búlgaros de la Ribera. Bueno, bien. Vale, de acuerdo. Me apenaba ver como en un lugar de yerma historia como Ciudad Real, donde pasé unas temporadas de plumilla, sacaban jugo de su tetilla sociocultural hasta exprimilla al máximo. Y cada día se curraban sus diez páginas de media con asuntos locales, que acompañaban con otras tantas con asuntos de la provincia. Luego, cogía el DDN y me irritaba ver esa pereza temática, ese tono tópico de “Recogido en Murchante el espárrago más grande desde la Transición”. Como si sociedad y periódico fueran por vías diferentes. Desde luego, el Diario de Noticias, con muchísimos menos recursos, trataba de sacar tajada de esa, digamos, dejadez, para proponer reportajes mucho más frescos, imaginativos, de interés general. Recuerdo uno bastante ilustrativo sobre los sucesos de Montejurra del 76, tan intensos como confusos, pero que quedan bien sobre el papel, y que el lector, creo yo, agradece.
Quizá es que haya temas que no gusta tocar. Como el relativo a la memoria histórica y sus cuitas. Viví durante 25 años frente al monte San Cristóbal, y nunca supe que allí, en esa montaña anodina, había tenido lugar una de las huidas más potentes de la historia mundial de las fugas carcelarias. Y que por debajo de esos matorrales ordinarios se escondían cadáveres de personas que un día se dijeron republicanas, quizá porque tocaba decir algo más que otra cosa, y que acabaron hacinadas en ese fortín hasta que murieron de tuberculosis, neumonías atroces o un disparo certero en el paredón. De los 795 que se fugaron, se detuvo a 585 y se mató a 211.
No sé si alguna vez el DDN ha hablado de estos sucesos, y si entra o entra dentro de su fondo editorial. Imagino que sí. No se pueden silenciar capítulos tan relevantes de la historia, aunque a unos les toque tan maniqueamente el papel de buenos, y a otros el de malos. Yo me fui enterando bien por el El País, en un reportaje muy bueno de Natalia Junquera. Pero, sin entrar en los calores de los colores, lo que trato de decir es que en Navarra, hay mucho que contar, e intuyo que el nuevo DDN no sólo es un nuevo formato, sino un nuevo estilo también: porque la forma es la expresión del fondo, dijo alguien. Así que me alegro, porque Navarra se merece un diario, o dos, o tres, a su altura, para crecer juntos.
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Intervienen dos leones y un mono a circo no tenía documentación animales
EFE - hace 1 hora 8 minutos
Corrige en el primer párrafo de la noticia con la clave NE3016 la localidad en la que han ocurrido los hechos, que es Alfarràs y no
"Alcarrás" como por error se decía.
Alfarràs (Lleida), 31 oct (EFE).- Efectivos del Seprona de la
Guardia Civil de Lleida han intervenido dos leones y un mono beduino
en jaulas de un circo ambulante en Alfarràs después de que los
responsables no aportaran la documentación de los animales.
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Tengo a mi lado un ejemplar de Público, todo un objeto de coleccionismo que hoy no vale nada, apenas 50 cts, pero que en unos años tendrá un valor cuando menos histórico dentro de la Historia de la Comunicación, que es como una sub-rama de la Historia, tan válida como otra cualquiera.
Es tarde y tengo tarea, pero me apetecía decir dos o tres vaguedades sobre esta nueva cabecera, sin tanta enjundia como últimamente le he visto hacer a Justo Serna en sus archivos. Tampoco es que me haya dado tiempo a analizar a fondo el periódico pero, el caso, que aquí estamos.
Empezaré por el principio, es decir, la portada. Diré que la exclusiva es como muy buena y, según me informa mi compañero de piso, el que la ha hecho tiene muy buenas fuentes dentro de Interior y tal. Es uno de esos principios de andadura bien resueltos, pero que, claro, no se pueden mantener ad infinitum, como lo fue la entrevista a José Antonio Ortega Lara en el Diario de la Noche de Dragó. Pero ufanarse de esas conquistas periódisticas y colocarlo en plan sobrao en portada, no sé, desvirtúa un poco el asunto en sí. Espectaculariza la información, y ya no sabes si estás leyendo información u otra cosa. Pero bueno. Me dicen además que tiene mucho de "farsa" y que la supuesta exclusiva ya lo sacó una revista antes, Tiempo, creo.
Me iré ahora al final, a esa portada doble futbolera, que es la cruz del periódico, cual moneda de curso legal. La cara: Javier López Peña, etarra con nombre de español común, la cruz, Ronaldinho, brasileño que, a pesar de los millones, es de un feo que espanta.
Mi compañero de piso se mete con la doble portada: “Es muy británico... no me acaba de convencer”. Yo tampoco le veo excesiva sustancia, más que nada porque le falta contenido. El fotón de ‘Dinho’ no aporta nada, una contra es para leerla, y disfrutar con ella, como las recontrageniales contras de Violeta en El Mundo de Almería.
Creo que la última página debe incluir un valor seguro, estable, ya sean los siete columnistas reconocibles de El País, ya sea Umbral, que ya no podrá ser. En el ABC parece que se han dado cuenta y han retirado esa triste página publicitaria.
Ya uno se adentra entre las páginas y descubre un diseño que recuerda exageradamente al ADN, aunque a lo mejor menos limpio y ordenado. Las tipografías, los colores, las bandas de color, ¿lo ha diseñado todo el mismo que el de ADN? El lector ávido de novedad se encuentra con un déja vue estilístico que le sorprende, aunque esto no es ni bueno ni malo, pero no sé, se hace raro.
Mi compañero de piso se mete con las informaciones, “muy cortas”. Y le doy la razón. Hay como un intento de ligereza constante que al final puede resultar pesado, porque la brevedad de los textos incluye más textitos por aquí, más breves acullá, más lío. Como pasa con el Qué (del que queda muy lejos, claro), un intento de amenizar la lectura que acaba saturando hasta límites insoportables. Un profesor del máster de Vocento nos decía que los periódicos no pueden tener blancos, que hay que manchar, y yo no estoy tan de acuerdo. Pienso ahora en The Guardian, que leí hace poco, y allí hay blancos y no pasa ná.
En muchos diarios gratuitos se nota un intento constante de hipnotizar al lector, de darle pildoritas y chorraditas como si fuera una foca-lectora más que un lector inteligente que acaba, a mí al menos, cansando. Pasa entonces que uno se queda con la copla de que la información no esté en el papel porque lo merece, sino porque hay que rellenar. Y entonces el prestigio se cae, y cualquiera lo levanta. Tiene Público algo de eso, cierta influencia de los gratuitos, y eso es más defecto que virtud. Quizá sea inteligente, porque el personal se está acostumbrando al estilo de los gratuitos, pero no sé.
Tampoco sé si este diario luchará por ganar prestigio, que es algo a lo que deberían, opino, aspirar todos los periódicos decentes, que no son muchos. Me extrañó en su día las razones que esgrimieron los promotores del proyecto: “Negocio, sólo negocio, hay muchos periódicos que dan dinero”. Porque no olvidemos que este periódico nace con la identidad bajo el brazo, y se dicen de “izquierdas” y los blogguer aquello algo repelente de “a la izquierda de El País”. Pero por sus planteamientos alguien podría decir que se ubican a la derecha de La Razón, pues esa devoción capitalista no entra en el manual del buen progre. Porque yo no he oído nada de “regeneración de la cultura española gracias a un periódico que atraiaga a un gran número de lectores y les haga interesarse y participar en los temas y problemas que nos ocupan”.
Así que ahí veo como una paradojilla fundacional que no mola del todo. Está claro que quien se mete en un lío de estos es porque busca rentabilidad, pero también, en la conquista de la rentabilidad, pueden ir emparejadas otras conquistas, menos tangibles, más nobles.
Pero luego uno sigue leyendo y es cierto que, una vez superada la confusión de situarse en el nuevo orden de secciones y tal, hay cosas que apetece leerlas. Cómo si hubiera un sano deseo de desentrañar los temas, y ofrecerlos a los lectores con la ilusión de que se enteren, de que aprendan. Personalmente agradezco la actitud pedagógica, porque hay asuntos básicos que no siempre quedan claros, como por ejemplo, todo el tema de los presupuestos, los ingresos estatales, las transferencias comunitarias, etc. Porque un periódico debería no atufar, marear, apabullar, a sus lectores, como le puede pasar a uno si se lee dos artículos seguidos de Babelia, un sábado con leve resaca. La página, digo, con la infografía de los Principales ingresos y gastos del Estado en 2008 está muy bien. Y se nota como una intención de ir por esa línea, de aclarar más que liar, y eso es de agradecer.
Porque quien se acerca a un periódico, digo yo, lo hace para aprender cosas, entender el mundo, conocer qué pasa, taltal. Y eso no siempre es divertido, supone un esfuerzo. No creo que los periódicos tengan que ser divertidos, y muchos colorines crean esa sensación de poca densidad, de menor credibilidad. Es cierto que es un difícil equilibrio el de tratar de resultar atractivo pero sin acabar pareciéndose a los informativos de Antena 3. Pero el periodismo no debería intentar ser guay, ni caer en el gafipastismo vacuo de domingo en La Latina. Humildemente, espero que Público apueste más por esa línea entre didáctica y a la vez atractiva, sin dejarse llevar por el guayismo este tan ful que nos come terreno de un modo jarto preocupante, de estética sin chicha.
Mucha suerte y larga vida.
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El martes me puse a ver ese programa de Ernesto Saénz de Buruaga en Telemadrid y me lo pasé pipa. Hay que decir que ver cualquier programa de esa cadena tiene especial morbo, porque uno piensa que le pueden manipular en cualquier rato, como si los presentadores de los informativos pudieran fulminarte con sus mensajes sesgados y tal. Por cierto que uno de ellos, Julio Somoano, es viejo conocido de la Facultad de Pamplona.
Así que me senté dispuesto a ser manipulado, y lo que no esperaba era pasar tan buen rato, carcajadas y todo, con un programa de supuesto análisis de actualidad. La pauta arrancaba con el tema de Iñaki de Juana Chaos, pero antes hubo tiempo para unas proclamas a favor de la independencia informativa y la pluralidad. Ahí Eduardo Sotillos estuvo valiente y templado al mismo tiempo, cosa difícil en un medio tan proclive a la demagogia como es la tele. No sé si durará mucho el pobre, después de su crudo discurso de solidaridad para con el miembro del comité de empresa despedido por su (justificada y necesaria en mi humilde opinión) pataleta pro-objetividad.
Luego una periodista de Plural.com se sumó al apoyo, y Antonio Pérez Henares más o menos también, con un discurso posterior que buscaba y logró el aplauso fácil del público telemadrileño: una foto de los guardiaciviles que mató ETA en el atentado de la plaza de la República Dominicana. El director de informativos de la COPE y la redactora jefe de El Mundo se encastillaron entonces en sus líneas editoriales, y hablaron como representantes de los medios que les pagan, a golpe de eslogan antigobierno y poco más. Zapatero tiene la culpa de la ruptura del consenso y de todo.
Y mientras, el tema de la manipulación sobresalía como un gordo en un armario, y Buruaga insistiendo, con evidentes signos de nerviosismo y de estar pasando un mal rato: “Hablemos de Iñaki de Juana, de Iñaki de Juana Chaos”. Pues sí, lo estamos consiguiendo, todo el día hablando de esos psicópatas con patxarán en las arterias cerebrales, dueños de un verdadero conflicto en al área cerebral de la lógica.
Luego llegó el turno de los “sabios”, el catedrático Vestrynge y ese enjuto Amando de Miguel, que pedía más banderas en todas las manifestaciones, banderas de España por aquí y por allá, y al que no le guste es que no es buen español. Algunos no se acuerdan que el día de la Hispanidad es el 12 de octubre. Son los que como dice Latinajo de Híspalis, “quieren hacer de España su cortijo particular”.
El tal Vestrynge tuvo pocas intervenciones, pero fueron estelares. Empezó diciendo en plan rompe y rasga que que le metan 12 años a de Juana por dos artículos le parece una barbaridad. Cosa en la que yo en principio estoy acuerdo. Luego resulta que por una ley franquista del 73, ya ha cumplido condena por sus 25 asesinatos, en 18 años. Joder con Franco. Todo suena a chapuza penal, pero no se puede, digo yo, ampliar una pena de prisión por cualquier cosa, y los artículos no dejan de ser unos juegos retóricos, abominables, pero retóricos. Luego añade, vehemente, que él ha vivido en Francia muchos años y que es jacobino, y que la idea de las autonomías no le gusta un pelo. Y que se trate como a terroristas a unos chavales que pisotearon las flores de la tumba de Gregorio Ordoñez es un despropósito. Y la verdad es que suena sensato todo lo que dice, argumentos que van a parar en el soberbio Nacho Villas, quien como respuesta espeta: “Todo eso es un estercolero de ideas”. Vestrynge se enciende, y le contesta iracundo que nadie le insulta ni le llama basura, y que la única basura es él, y que así no está dispuesto a seguir hablando, y que se va del programa. Y se pone en pie, y Buruaga trata de contenerlo con éxito.
Después el debate sigue, sobre los etarras, el antiterrorismo y la manipulación dentro de la propia cadena donde se produce el debate, algo que roza el surrealismo televisivo. Sotillos suelta un incómodo dardo a la cara del presentador: “Todo empieza desde los propios temas que seleccionáis aquí para hablar”.
En fin, un programa de lo más cómico, que lo sería más si todo ese galimatías ideológico, esa pérdida de las formas, del respeto, ese infantilismo cainita, esos argumentos ramplones, esa política del “bombo y el metido”, ese interés por imponer tu tesis más que en escuchar la del otro, fuera el guión de la hora Chanante en vez de un programa de televisión de la principal cadena pública de Madrid, en prime time. Si esto es España, yo me bajo.
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Otra buena muestra de la tosquedad allí presente, de la sal gruesa que salía por la boca de aquel pobre diablo, dudoso aprendiz de William Randolph Hearst, eran sus férreos principios, su entusiasta defensa de unos valores que compartir con la opinión pública:
“Lo que queremos es caña. Nos da igual el color, ya podéis, ser verdes, rojos o azules, que a mí me da igual, pero eso sí, ser cañeros. Queremos opinión, mucha opinión, que la gente entre a saco.”
O sea, un periódico on-line de la era protointernáutica, en Times New Roman y sin imágenes, pero donde haya hostias virtuales que con suerte deriven en reales. De pronto vi allí la síntesis de la doliente España, la del duelo a garrotazos, la del pedrojotismo, ese neotartufo alimentador de odio y caos como fórmula de vender periódicos.
Total, que el proyecto digital, aparte de ser una castaña, requería la implicación absoluta del periodista con suficiente moral para levantar el proyecto. “Funcionaréis como autónomos”, dijo alegremente el empresario de la comunicación. Se trataba, nos explicó, de que una sola persona por “pueblo” gestionara toda la información, acudiendo a ruedas de prensa, presentaciones, plenos municipales, saraos varios, y que además, se hiciera con todos los anunciantes: única fuente de ingresos. Allí es cuando más de la mitad del aforo se piró blasfemando por lo bajini.
Yo me quedé un poco más, por un extraño morbo, y por regodearme más en la inutilidad de una mañana perdida de otoño en Pozuelo de Alarcón (al menos me queda el blog, algo es algo). Porque el tipejo nos había citado a las 11am, típica hora rompemañanas, y media hora después nos comunicaba que para Madrid no había ninguna proyecto en marcha. No es solo que te ofrezcan mierda, duros a cuatro pelas, si no que además, si uno quisiera aceptarla en plan excéntrico, no podría. No me veía yo de periodista digital en Cercedilla de Buitrago, sinceramente, convenciendo al panadero del jodido pueblo en que invirtiera en nuevas teznologías. Si es que aunque quisiera, en un par de meses estaría en bancarrota total.
Conclusión: basta ya de tocar los cojones.
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El viernes pasado cambié el taparrabos por la indumentaria sport y abandoné mi islote para acudir a lo que parecía una entrevista de trabajo. Los designios de Infojobs (sí, hay que tener mucho de Job en todo ese mundo del trabajo virtual) me llevaron hasta el lluvioso Pozuelo de Alarcón, uno de tantos pueblos madrileños de nombre feo como él solo, serio rival de Rivas-Vaciamadrid, Pan Bendito o Alpedrete.
Me sorprendió la generosa oferta de plazas disponibles: 100. Y para un periódico digital. Qué derroches de medios humanos, sería el clásico proyecto nuevo, que nace con una gran inversión detrás, y que va a competir con elmundo.es, un nuevo Terra que intente anular a sus competidores on-line, algo potente. ¡Qué suerte no haberme enterado a posteriori, como en tantas otras ocasiones!
Tuvimos que confirmar nuestra presencia vía e-mail, porque se ve que estábamos convocados unos cuantos para ese día. Después de tres trasbordos de metro, con los pantalones mojados y el jersey pegado a la piel por las apreturas del calor húmedo del subterráneo, montado en el autobús de línea, me preguntaba qué tipo de proceso de selección nos harían. ¿Sería una presentación en público, una prueba escrita, un test de actualidad con demostración de nuestros conocimientos de programas de edición y maquetación, FrontPage, Dreamweaver, QuarkXPress, Photoshop, Adobe Ilustrator, Etcetera 4.1.?
Una exótica Yasmine, ombligo al aire, nos hizo pasar amablemente y nos entregó la tarjeta del susodicho responsable del salchucho digital: por lo menos teníamos una cabeza de turco sobre la que proyectar nuestra futura ira. En seguida, eso sí, nos pidió perdón por adelantado, por no habernos informado lo suficiente del proyecto, pero claro, “el asunto se desbordó, con unas 1.500 solicitudes y, bueno, era imposible responder a todos”. Pronto empezó una exposición coloquial del proyecto: un diario digital local de ámbito nacional. Ajá. Un diario digital para los “pueblos”. Me llamó la atención la palabra “pueblo”, y pensé en Daniel “el mochuelo”, el Roque, el Tiñoso y otros personajes de El camino, mi idea mental de pueblo, mientras el presunto prestigio de la oferta se venía abajo con estruendo. Localidades, municipios, ciudades de menos de tantos habitantes. Había formas menos directas de referirse a su segmento de la población, aquel en que se pretende implatar con fulminante éxito De un vistazo, proyecto editorial digital de primer orden. Pinchen y vean.
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No sé si Francisco Ibáñez tiene o no muchos monumentos, pero debería tenerlos. Sus ambientes reflejan mejor que muchos novelistas, cineastas y artistoides la esencia de “lo español”. A veces veo en uno de esos pueblos de Caína un botijo, un cactus, una ristra de morcillas, una lagartija muerta y pienso: “Ibáñez estuvo aquí”.
El último capítulo que ha ofrecido el Periódico de la Verdad, el Heraldo de la Realidad, la Gacetilla De Lo Que Nos Ocultan, bien podría llevar uno de esos títulos ibañezescos: “Operación ácido bórico”. Desde luego, toda esta investigación paralela del periódico de Pedro J. no es más que un oculto y prolongado homenaje a Paco Ibáñez, un encubierto tributo que cada día se supera a sí mismo en ingenio. Un prolongado ejercicio de humor camuflado de periodismo, que algunos lectores se habían tomado en serio.
Uno de los episodios que a mí me hace más gracia es él de la Orquesta Mondragón. Habría que sugerirle al gran Javier Gurruchaga que adaptara una de sus famosas canciones e hiciera la siguiente versión: Viaje con nosotros (en una Kangoo). Cabría preguntarse por cierto qué tipo de confesión religiosa islámica promueve la escucha de los autores de Ellos las prefieren gordas o Ponte la peluca. Qué retorcido imán les sugiere las escuchas de esos cantos tan poco sagrados y alejados de las enseñanzas de Alá. ¡Por Zeus!
Pero, un momento. Acaso el líder esa banda que hizo furor en los ochenta, Javier Gurruchaga… ¿no es vasco? Los etarras son vascos, y puede que escuchen a grupos vascos, como Negu Gorriak, Kortatu y, por qué, no, la Orquesta Mondragón, cuyo líder es de Donostia, como el premio homónimo. Es cierto que no había ninguna tarjeta del grupo Mondragón, el del Eroski, pero sí una cinta de un provocador cantante vasco. No sé cómo no habían caído antes. Es más grave que lo del ácido bórico. Me voy a lavar los pinreles y a matar cucarachas.
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El periódico de Pedro J hace tiempo que parece menos un diario generalista, y más una publicación especializada. No diré especializada en sembrar confusión entre la ciudadanía, que también, sino especializada en inflar las tesis que favorezcan el descrédito del Gobierno socialista, y por tanto, todo aquello que desbarate la versión oficial de los atentados del 11 de marzo.
Para ello, pasan por encima de cientos de miles de folios de sumarios y magnifican testimonios de tiraos de la vida como el tal Trashorras, funesto personaje al que no dudan en mimar como si de Natascha Kampusch se tratare. Olvidan que este hombre está acusado de facilitar el material que segó la vida de 191 personas, pero a ellos les da igual, y le sacan fotos en compañía de un cervatillo (salió esta semana).
Ayer va El País y dedica la portada a sacar un dardo que probablemente guardaba desde hacía tiempo, y que publica justo el día en que el PP lleva al Congreso sus contumaces dudas conspirativas. Y se ve que les ha dado en el ojo, a juzgar por el airado editorial y las dos páginas de defensa (ofensiva) que han desplegado los de El Mundo. El asunto se podría analizar desde mil ópticas, daría incluso para tesis doctorales. Denunciaré sólo el estilo de ese periódico, chabacano, mamporrero y de un amarillo chillón que genera una antipática sensación en el estómago, como de asqueo monumental hacia la condición humana en general y el periodismo en particular.
Todo el editorial desprende ese tufillo a agresividad mal contenida que define por cierto el carácter de muchos españoles. Veamos algunas palabras del primer párrafo: manipulación tan zafia, grosera, repugnante, sensacionalismo barato. Y atentos a esto: “…el periódico de Polanco se permitía además el lujo de tacharnos de amarillismo”. O sea, me pico y no respiro ¿No suena a pataleta de debate escolar sobre el aborto o la eutanasia? O esa sornilla del primer párrafo del artículo ampulosamente titulado Radiografía de una manipulación:
La información que ayer aparecía en el “Diario independiente de la mañana”
Oissss.
Les ha escocido, claro, y han sacado el arsenal documental a desfilar, con una nutrida lista de ejemplos de la desinformación de El País. Ellos los malos, nosotros los buenos, los rigurosos, los desenmascadores de la verdad, los éticos, los puros, los dignos, los objetivos. Anda ya.
No digo que El País no haya jugado demasiado cucamente, y que su titular esté, en efecto, sacado de contexto, y que dé a entender que El Mundo pagó a Trashorras, cuando se ve que no hablaba de eso el ex – minero. Pero de lo que no se defiende El Mundo es si finalmente pagó al tal Nayo, como afirma Trashorras, ni se defienden tampoco del resto de la declaración, que vuelven a reproducir con toda paz. Ésta:
Trashorras: Mientras el periódico EL MUNDO pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil española. Desde que nací. Desde la Guerra Civil hasta ahora. Si te vienen con un chequecito cada… ¿Por qué piensas que lo hizo Nayo?
Padre: Por dinero, si ya se sabe.
Madre: Yo no sé por qué la Justicia no le cierra la boca a El Mundo.
Trashorras: Porque tienen más dinero que todos ellos juntos, no te jode. Son unos mercenarios. Te pagan a ti para que cuentes cuentos.
Camorra pura.
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Hombre, pues no, la verdad, peores son el Gara o Deia, donde ni siquiera un diseño atractivo o el prestigio de alguno de sus firmantes le hace ganar puntos. A mí hay cosas de este diario que me gustan, por ejemplo El cultural, que sale los jueves, y que viene encartado entre las páginas del periódico. Por esa razón, los jueves suelo leer las páginas que abrazan a ese cuadernillo de libros y artes, y cada jueves que pasa me entra más el canguele ante lo que veo/leo.
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Entonces, van unos periodistas baleares y forman un “conjunto de rock”, que dirían los abuelos. Se hacen llamar Rock & Press, y si hace poco se habló por aquí de tanto grupo divo y que sólo hacen música, pues estos no van de divos ni sólo hacen música. Más que canción protesta lo suyo podría llamarse canción–exabrupto, o
canción–estamoshastaloscojones, un poco en la línea leobassiana. Denuncian, sabiendo lo que se dicen, sonrojantes realidades de la política que les toca cubrir, pero no en sesudos editoriales, sino con canciones más bien directas. Como esa que habla de los politicuchos locales que fueron sorprendidos en un lupanar de carretera llamado Rasputín, imaginamos que con billetes públicos. También tiene muy buena pinta una dedicada a ese diario del color de los plátanos titulada Vaya Mundo que empieza así Un mundo de mentira / un mundo del revés / perro del poder / te vengo a morder.
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