
30.04.08 @ 21:40:03. Archivado en Audio/Visuales
Como la pipa de Magritte que dice ce n’est pas une pipe, o la camiseta de Dragó que reza “Este no es Dragó”, esto no es un artículo sobre el Dos de Mayo. A lo sumo un amago de artículo, unos apuntes para el artículo, un bosquejo de algo quizá serviría para componer un artículo, un rodeo sobre algunas ideas vagas que quizá en 2108 podrían dar para un artículo, pero no es un artículo sobre el Dos de Mayo. Pero no podía pasar la ocasión de escribir algo sobre el Dos de Mayo, cá.
Me propuse terminar Un día de cólera, de Pérez-Reverte, antes del señalado día, pero va a ser que no me va a dar tiempo. Tras el entusiasmo inicial, el libro de APR se vuelve monótono y repetitivo, como un acta arbitral de lo que pasó aquel día famoso, pero desde una excesiva distancia. Un poco en esa línea de “que sea el propio lector quien decida sobre qué quiere horrorizarse”. Es minimalista en esa concepción, y se lee a gusto al principio, pero luego acaba por recordar a esas noticias cortapegadas de teletipo, como hechas con una sola mano.
Pero tiene cosas buenas el libro, como señalarnos los lugares en los que se gestó la monumental bronca cachiporrinavajil. Uno ya no coge un taxi de la misma manera en la calle San Bernardo de Madrid, u observa a los popis de la plaza del Dos de Mayo igual, ni pasa por la antes desconocida calle de Daoiz con la misma sensación. El barrio de Malasaña es otro, y también la esquina de San Andrés con la corredera de San Pablo, si no me lío, que es donde se cargaron a la joven heroína de 17 años. ¿Cuántos poperillos esclavos de la estética y el garrafón harán cola en la Nasti evocando a la mártir que dio nombre al barrio donde ahora se chuzan a base de criminal garrafón?
La Historia es menos complicada de lo que nos hicieron pensar. Pero hay que alejarse petulancia rimbombante del erudito hijodeputa, como decía Antonio Gala de ciertas lumbreras de mesa camilla empeñados en empañar la transparencia de los hechos. Porque en aquella España del 1800 hubo un conato de modernización, un sentimiento afrancesado, de ilustración que fue visto y no visto, que no cuajó, por culpa de la cerrazón mental, la estrechez de miras, el embrutecimiento infantil, el miedo al cambio propio de los inseguros, de los acaparadores de privilegios, de los curas oscuros, de los zancadilleadores de los Godoyes, de los de escupitajo al suelo y navaja en ristre, de los mamelucos de la razón, del ojo por ojo, el cainismo ancestral, el duelo a garrotazos, por culpa de la agresividad espoleada por vinorro manchego de ese enrojece las narices y erosiona los cerebelos.
Hubo una oportunidad de dejar de ser una panda de cazurros con un pasado glorioso, pero se fue todo a tomar por el culo de Dios. “El Dos de Mayo frenó la modernidad”, dice Pérez-Reverte, quien siente ternura y un poco de vergüencilla ajena por los protagonistas que salieron a la calle. “Unos tíos que defendían la monarquía y la religión”. Y añade: “No sabían que nos traían a Fernando VII, el mayor hijo de puta de nuestra historia reciente".
No es fácil tolerar que un país vecino se meta hasta la cocina para decirte cómo debes modernizarte. Pero pensemos en cómo habría sido España con décadas de “co-habitación” política con Francia. Una de las primeras cosas que hizo José Bonaparte en España fue impulsar la creación de un Instituto de Instituto Nacional de las Artes y las Ciencias. ¿Qué hizo Fernando VII? Putaditas populares, tantas que pasó a la Historia como El Rey Felón, y eso que empezó como Fernando El deseado, me chiva wikipedia. Luego llegaría la “década ominosa” de locuaz título, y un siglo XIX de bipolaridad bronca entre conservadores y progresistas, absolutistas y liberales, monárquicos y republicanos.
Entre monarquías borbónicas y dictaduras de Primo de Rivera se forjó la Edad de Plata de la Literatura en España, del 1898 a 1931. Un periodo que se las prometía felices, hasta que la mala sangre comenzó a frenar el paso a otra modernidad que tampoco llegaría. Se impuso de nuevo el oscurantismo, y una nueva Edad Media, ominosa, pacata, bobalicona, se instaló a lo bestia bajo el nombre del franquismo. Se había perdido otra oportunidad de ser un país del que sentirse orgulloso.
Y ahora llega el Dos de Mayo de 2008, y parece que llegan aires de cambio. Pero no será fácil recuperar la oportunidad perdida cuando una formación política, la que se decanta hacia el lado conservador-monárquico-religioso-absolutista de la moneda, y permitan el maniqueísmo, aún convence a diez millones de votantes. Llega el Dos de Mayo, y en Móstoles brindarán por aquellos mamporros callejeros que tanto pueden recordarnos a los suníes poniendo bombazos en el centro de Bagdad. Llega el Dos de Mayo y ahí quien descorcha sidra el Gaitero y blasfema contra los gabachos de mierda, y quien se enorgullece de aquel estallido de violencia sin control. Llega el Dos de Mayo y se hace necesario más que nunca aquel topicazo manido de “quien no conoce su Historia está condenado a repetirla”. Por suerte, parece que el pueblo español empieza a hacer memoria. Lo dijo el poeta Juan Gelman el otro día: “Hoy celebro nuevamente una España empeñada en rescatar su memoria histórica”.
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08.01.07 @ 19:44:27. Archivado en Audio/Visuales
Ese era el subtítulo que aparecía en la portada del libro ¡Viven!, de Piers Paul Read. Lo leí en un fin de semana playero, con 13 años veraniegos, fascinado por aquella tragedia real, con supervivientes que llevaban sus vidas reales, en Uruguay, mientras yo leía el drama por el que pasaron. Dijo Felipe Benítez Reyes en la entrevista posterior a la entrega de su premio Nadal, que uno de los deberes del novelista es entretener. Pero no entretener en el sentido barato de la expresión, aclaró, sino en el sentido de fascinar. (Este escritor tiene dos libros muy entretenifascinadores: El novio del mundo y El pensamiento de los monstruos.)
El caso es que me enganchó aquel libro porque era una aventura bien contada, sin las grandilocuencias de las guerras. Una aventura localizable, asumible, con unas coordenadas geográficas concretas (el fuselaje roto de un avión en medio de la nada de Los Andes) y con unos problemas bien concretos: hambre y frío. A los que se le sumaba el dilema moral, no exento de un cierto morbo nunca antes experimentado (como lector): comerse crudos a sus amigos. (Se podrían hacer chistes de mal gusto aquí sobre el anisakis…)
Hay días en que me acuerdo de esa gente: Roberto Canessa, Nando Parrado, Carlitos Páez, Vicintín, Gustavo Zerbino. Pienso entonces en sus 72 días de castañear dientes, de esperar a un helicóptero que no llegaba, mientras los más vulnerables se iban apagando en una muerte dulce y tristísima. Cuando vieron que o hacían algo o morirían también, Parrado y Canessa iniciaron una travesía que duró diez días, errando por ese virgen territorio blanco sin caminos. Con tan sólo 21 años, cuatro ropajes y alguna que otra proteína extraída de la carne de sus compañeros. Lograron contactar con un campesino, Sergio Catalán, y se salvaron, gracias a la fuerza del espíritu humano, ese plus extraño, no sabemos si divino o humano, residuo de tiempos más duros o qué sé yo, que nos hace seguir avanzando cuando el suelo se cae.
Y voy a hablar ya de lo que quería porque se me agota el post. Quería hacerlo sobre una película llamada Mía Sarah, y que han llevado a la realidad del cine los hermanos Ron, viejos amigos de este náufrago digital. Desde que los conozco han querido hacer cine, un cine que ha buscado entretener y fascinar a la vez, lo cual es arduo y jodido asunto. En Mía Sarah lo consiguen en no pocos ratos, y el espectador se queda entretenido y fascinado por un instante, y entonces la inversión de tiempo y dinero y palomitas ha merecido la pena. Y uno se siente orgulloso de esos nombres que de pronto salen en los títulos de crédito.
Es un triunfo del espíritu humano superar unas cumbres que ni Juanito Oyarzábal con los pies al completo, pero también lo es tener una ambición/sueño y llevarlo a cabo, cueste lo que cueste: pasaditas por el hospital, crisis de todos tipos y modelos. La dificultad da el valor. No es lo mismo ¡Viven! que aquel accidente de Rajoy y Espe en ese helicóptero.
Muchos de los que empezaron la carrera (audiovisual, periodismo, publicidad) querían llegar lejos y comerse el mundo. Luego se contentaron con comerse uno de los bordes resecos, cual pizza bbq del día de ayer. No los criticaré, porque no todo el mundo está hecho de la pasta de los Canessas y los Parrado. “Cada cual tiene su guerra”, como dijo un día un rocafasiliano de pro. Menos mal, por otra parte, que no hay que aspirar a héroes a cada rato. Aunque sí que se me antoja que ese “espíritu humano”, está un poco como Bershka y Stradivarius a estas horas de la tarde. Por eso este post, por eso me apetecía destacar esa primera gesta audiovisual, que es todo un triunfo, un triunfo del espíritu humano, raro en estos días como hacerse mormón. Siempre se dijo de los hermanos Ron: “Llegaran lejos”. Yo diría que ya han llegado, aunque ellos sientan que aún ni han empezado.
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08.11.06 @ 02:51:11. Archivado en Audio/Visuales
El sábado fui a ver una peli de esas que yo creía de evasión, de magia, fantasía y historias que te hacen volar y conocer nuevos mundos y todo eso: El laberinto del fauno. En seguida me recosté en el butacón con ganas de ver cine a la antigua usanza, ficción pura, hadas, gnomos, trolls, duendecilios y lo que cayera. Hay días en que apetecen esas historias interminables en que la fantasía es la única materia prima. Otros, en cambio, queremos invertir nuestro tiempo y dinero en películas con chicha, donde nos colemos en una parte de la Historia —la ejecución de Salvador Puig Antich—, o donde se nos cuente el rollo del cambio climático, y salir del cine asfixiados y tan concienciados como Al Gore y con la sensación de haber aprendido algo.
Los géneros se solapan, y esa presunta peli fantástica de Guillermo del Toro intercala una trama histórico/política con maquis y generales franquistas muy malos y repeinados con brillantina. Es difícil hablar de nuevos géneros en el cine, y seguro que esa fusión fantasía/horrores de la guerra (o posguerra) se ha dado en otras ocasiones. No sé si hay tendencias actuales en el cine sobre géneros, pero sí me ha dado por pensar que hay como una extrema liberalización de la violencia, una nueva manera de mostrar la violencia, sin ningún tipo de velo censor. Y a mí no me gusta.
Quedan pocos reductos libres de violencia, ni siquiera nuestra propia cabeza es ya un territorio tranquilo. Hace tiempo que se convirtió en territorio hostil del que a ratos conviene huir, tomar las de Villadiego, poner pies en polvorosa. Por eso, cada vez más admiro ese cine escapista, guiones que nos permiten huir de nosotros mismos, de los periódicos, de Irak, de Pedrojota, del 11M, de Zaplana, de los tsunamis, de Carod Rovira, las enfermedades raras, de Otegi, el reaggetón, el euríbor, el paro, el trabajo. Cine que te saca de ti y te mete en otros mundos, y uno pasa dos horas en una placentera semiinconsciencia. Me pasó al ver Matchpoint de Woody Allen, por ejemplo. Con esa idea fui a ver El laberinto del fauno y al poco me veo al general malísimo aplastando la nariz a botellazos a un joven maquisardo, hasta que vemos como el apéndice desaparece golpe a golpe, en un estilo del gore más puro. Un rato después hay una sesión de torturas y nos revolvemos en el sillón por ese concierto de sangre tan indigesto. Pasan metros de peli hasta que Maribel Verdú le clava una navaja en la boca al malísimo Sergi López y se la restriega dejándosela echa un cromo, y vemos como se puede destrozar una boca como un filete de vaca en la carnicería del barrio. Pero tranquilos, que pronto asistimos a una cura casera, y el personaje se cose el desaguisado con toda paz, y de pronto me acuerdo de aquel torero al que un toro dejó la cara como una porción de pizza hut al vuelo, y que Pepe Navarro ponía sin cesar en su programa. ¡Pero al menos avisaba!
Un tipo de angustia parecida me sobrevino cuando presencié sin ningún tipo de trinchera visual cómo Clint Eastwood recompone las narices espachurradas de Hillary Swank en Million dollar baby con un par de palillos bien metidos por las fosas nasales, después de aquel puñetazo certero de la púgil contraria. Un sudor frío recorrió mis partes más íntimas. O en El viento que agita la cebada, esa escena también de torturas donde asistimos a una cruel manicura extractora de uñas, cada una de los diez dedos, con los chorros de sangre y gritos desgarrados consiguientes. Justo lo mismo que en Syriana, una peli tan valiente como dura, que le deja al espectador noqueado, deprimido y confuso a partes iguales y que cuenta con la misma escenita de tenazas y uñas volanderas. No sé ustedes, pero yo paso ya de ir al cine a sufrir, para eso está ya la vida, coños.
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03.10.06 @ 13:14:23. Archivado en Audio/Visuales
Encendí la tele y vi unas imágenes bien montadas, sin voz en off, de elegante realización, el cásting de Operación Triunfo. Si hay una profesión que jamás ejercería —aparte de la de coreógrafo— sería la de jurado en el proceso de selección de OT. Tampoco en otros tipos de comité en que haya que decir “NO, no te queremos”. Nunca trabajaría por tanto en ningún dpto. de RR HH.
La pegatina. Esa era la presa a cazar, el objetivo visible sobre el pecho que había que lucir con el ídem bien alto, si uno lograba seducir al jurado. Una pegata que suponía el acceso a la siguiente ronda, la confirmación de estar entre “los elegidos”, de que el sueño queda más cerca, de que la lucha por la fama va por buen camino. Tras ese triunfo virtual los aspirantes se relajaban y se sinceraban ante la cámara: “No creía que fuera a conseguirlo, pero ya estoy aquí y, claro, ahora lo veo todo más cerca. No me importaba irme a casa de vacío, pero ahora siento que todo es posible, qué fuerte, buah, cuándo se lo diga a mis amigos, no lo van a creer, qué fuerteee.”
Este era un chico con un look bien estudiado, pero espontáneo, fresco, espigado, simpático, espontáneo, con voz digamos que bien apoyada, que sonaba profesional, de esas que vuelan con autonomía. El chaval se sabía con posibilidades, había conseguido la pegatina, estaba cantando con seguridad, se veía ya en la plataforma junto a Carlos Lozano y firmando contratos con EMI, Warner y Virgin. Abandonaría por fin esa vida de conciertos cutres en el pub de su primo Lucas. Despreciaría con sus discos de platino a aquellos que no confiaron en él, que le dijeron que aquel mundo era muy difícil, que sentara la cabeza, que madurara: “No sigues con nosotros”. Ojos líquidos, brazos caídos, la oportunidad perdida, quizá la única.
Había también una chica, mona ella, un poco soñadora, a las puertas de su sueño: ser cantante. Y hay que reconocer que el entramado promocional de OT lo pone en bandeja, no siempre, es cierto, quién se acuerda de ¿Elena Gadel? pero sí en suficientes ocasiones de abrumadores éxitos. Basta ver a Bisbal arrasando por donde pisa.
La aspirante muestra su tatuaje a la cámara, tirando a vulgar. “¿Qué es lo que me ha gustado a mí desde siempre, mi verdadera pasión: la música. Así que eso es lo que hice, tatuarme la palabra música, con todas las letras (de un estilo gótico bastante cutre, in my opinion)". Al igual que el otro chaval, toca el cielo con los dedos, se emociona, ríe, sueña, canta, se come los mocos, hasta que le comunican el jarro de agua fría: “Lo siento”. Y a llorar. No pasa nada, dice entre lágrimas, no pasa nada, y llora, y llora.
El último en aparecer es un tal Jorge González, que no se qué ha sido de él pero que desde luego tenía un halo especial, un algo de artista nato, una autenticidad de esas que venden discos más allá de cualquier estrategia de MK. Gitano él, le pregunta Toni Cruz a qué se dedica: “Pues… a esto de la ropa”. “¿Qué es esto de la ropa?”. “Bueno, ahora no hago nada, pero eso, pues la ropa y eso”. Y el tío se pone a cantar y lo hace muy bien, y luego cuenta cómo su familia le ha acompañado en el proceso. Incluso ha venido su padre, con el que apenas se hablaba, dice emocionado, sorprendido, y ahora el padre fabula la idea de ver a su hijo convertido en el orgullo de la familia. Ya no le parece tan mal eso de cantar. Todos le esperan a la puerta del Palacio de Congresos de Madrid, como si viniera de aprobar unas oposiciones a juez. “Otra vez será, no pasa nada, otra vez será”, repite un nervioso patriarca gitano de bigote gris. Y sale el joven hombre a lo lejos, y levanta los brazos y todos se emocionan en ese instante feliz en que intuyen qué es aquello de ser alguien en la vida.
Cualquiera le dice “No sigues con nosotros”.
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28.09.06 @ 18:02:16. Archivado en Audio/Visuales
Eso es lo que debería, en mi opinión de espectador con derecho al tomatazo, hacer la Academia de Cine que preside Mercedes Sampietro (la presunta alter ego de Pilar Miró en sus pelis, según me entero tras la publicación estos días de su biografía). Volver a empezar, si de verdad quieren llevarse la estatuilla que consiguió Garci y Buñuel, Trueba, Almodóvar, Almodóvar y Amenábar. No hay dos sin tres, pero a la tercera va la vencida, es decir, la de que nos vencerán en la próxima visita a Los Ángeles.
Es esta una crítica un tanto ceniza hacia Almodóvar como producto cultural español, producto exportado hasta la saciedad desde que el manchego empezó a despuntar detrás de la cámara. Cierto es que hay cines insaciables, como el francés, donde le siguen haciendo retrospectivas y exposiciones como si fuera un Picasso del celuloide al que también quisieran hacer suyo, adoptar.
Pero para mí que la gallina de los oscars de oro se ha secado, que de sus exiguas ubres poco se puede exprimir ya, y que es más de lo mismo, solo que en uno de esas reinvenciones huelen a "no sé que cognos rodar".
Se me hace poco probable que escuchemos otro Peeeeeedro de boca de aquella azulada Penélope, actriz ésta de la que los jurados internacionales deben de estar un poquín saciados también, a no ser que piensen que la población actoral en España es muy baja: Cruz, Bardem y Banderas. De ahí, qué curioso fijaté, que tengamos que fichar a extranjeros para los papeles principales de las principales películas: Viggo Mortensen para Alatriste y Daniel Brühl para Salvador. (Como aquella ley Bosman del fútbol, pero ahora en cine).
Se me podría ocurrir incluso que algún agudo miembro del jurado haya pensado aquella verdad universal que habita en el refranero popular que dice lo de “más tiran dos tetas que dos carretas”. Ojo, que como estrategia astuta y picaruela seguro que tiene sus defensores, porque hay que reconocer que Almodóvar se saca de la manga planos cenitales que envuelven por momentos al espectador en un prolongado y maravilloso anuncio de Güonder Bra, versión española. ¡Porque Pe lo vale!
Me hubiera gustado cualquier otra selección, la verdad. Allí había dos películones, uno perfectamente producido, aunque sin guión, y otro valiente, bien escrito y mejor dirigido. Yo volvería a votar.
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24.03.06 @ 20:12:05. Archivado en Audio/Visuales
Hace poco leí que los musiqueros británicos eligieron 1967 como el mejor de la historia del pop. Dicen pop y no rock y sobre esto de las nomenclaturas se ha escrito mucho y se ha hablado más, para no llegar a ninguna conclusión. ¿Qué es el rock? ¿Qué es el pop? ¿Y el pop – rock? Para no liarnos me inventaré una definición que unifique lo que todos conocemos como pop y rock, hala. A saber, dícese de aquella música que dura de media cuatro minutos y en el que suele haber como requisito indispensable una guitarra más o menos eléctrica y una batería. Los cantautores quedan fuera, por tanto, a partir de esta improvisada teoría aglutinarocapopil. (La música electrónica también, igual hay que revisar la teoría..)
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01.02.06 @ 19:16:44. Archivado en Audio/Visuales
Encuentro por fin a mi de nuevo vecino de blog —Cine Digital—, entre la ingente cascada de articulistas con fotito que integramos esta orla en movimiento de la Blog_Zone. Ya tenemos nominados, mira que bien. Cada vez conozco menos las películas que optan a los Oscar, o cada vez llegan más tarde, o algo pasa aquí. Entre tanto título anodino me encuentro con un viejo conocido, al que creía prácticamente muerto: La pesadilla de Darwin, Darwin’s Nightmare (en inglés).
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24.01.06 @ 19:07:58. Archivado en Audio/Visuales
No sé si fue Gabo G. Márquez, el de las putas tristes, o Mario Vargas Llosa, el de la polémica sobre el discurso racista de los líderes políticos latinos más carismáticos. Uno de los dos decía que, cuando le venía una idea al coco, de esas que al principio te hacen detenerte sobre tus propios pasos, no le daba mucha importancia, y seguía su marcha. Si a los días, antes de dormir, antes de tomarse un pisco sauer, la presunta idea genial le volvía es que merecía la pena, y habría que tomarla en consideración. A mí me ha pasado algo parecido con esta peli, Crash, que a los dos días de su ingesta, ha vuelto sobre mis pasos para imponerse con suave virulencia e, incluso, ojo, hacerme pensar.
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16.01.06 @ 17:39:51. Archivado en Audio/Visuales
Hay en Madrid un lugar donde se hace teatro con devoción, teatro escogido, donde uno se sienta sabiendo que va a ver calidad. Se compra la entrada sin miedo a la estafa, al camelo dramático de ver una obrilla calamitosa adobada de un compromiso de pegote. En el Teatro de Cámara, o Teatro Chéjov, uno suele salir deslumbrado tras cualquiera de sus montajes; si uno fuera crítico diría que se produce algo así como la “experiencia teatral”.
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20.12.05 @ 12:11:38. Archivado en Audio/Visuales
No era 20 de noviembre, si no 19 de diciembre de 2005. No se trataba de la fría Alexander Platz, sino de la plaza de Oriente, sí, justo en el Teatro Real, Madrid. Ahí vimos a Franco, con su ejército de violinistas y demás músicos de la Orquesta Filarmonía. Franco, Battiato, claro, porque el otro, al Bahamonde, "por mucho que le llaméis, no saldrá del agujero", como cantaba Luis Pastor, en otros tiempos.
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19.12.05 @ 13:00:20. Archivado en Audio/Visuales
El cine. La industria del cine, lo llaman desde hace casi cien años. De hecho, el primer documento audiovisual que se conoce es Obreros saliendo de la fábrica, en premonición rappeliana de lo que luego sería este séptimo arte, a más de seis euros la contemplación.
A veces olvidamos eso, a esos productores que meten pasta de su bolsillo, que engañan a inversores, a instituciones públicas, a esas empresas que todavía se creen lo de la comunicación institucional, el goodwill y demás palabros yankis y ceden parte de sus beneficios a esa idea.
De todo ese trajín, queda lo que queda. King Kong o siete vírgenes. Tiempo también para un segundo asalto con poco público que prefiere los exorcismos de Emily Rose con un cáliz de fuego.
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09.12.05 @ 01:46:33. Archivado en Audio/Visuales
Han pasado ya un par de horas del día del aniversario, pero todavía ponen versiones de Imagine en RNE. Acaba el día de silencio, con acordes de todo tipo, que conmemoran la paz y todo eso, démosle una oportunidad, porfa. Pero antes de olvidar por unos años a los mitos caídos en portales neoyorkinos, me encuentro por casualidad y sin mentir con su imagen, la del asesino. Nunca había visto ese careto decepcionante, como Albert Pla nunca vio la foto del poeta Fonollosa cuando compuso un disco entero con sus versos.
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