No se hagan ustedes de ORANGE
19.06.08 @ 13:20:18. Archivado en Misceláneo
Escribo este post, en el día de mi cumpleaños, bajo la enajenación transitoria de la ira que provocan las grandes empresas de telecomunicaciones incompetentes y sacacuartos. Resulta que hoy es el día señalado de mi intro-historia, ese particular día en rojo de la vida de cada uno, y que te llaman por tfno, y que llamas, porque soy del antiguo protocolo de agradecer, aunque sea con un somero, sms, el detalle felicitatorio.
Pero a lo que iba, que ya me ha ocurrido dos veces, en los meses que llevo de contrato con la naranja compañía. Pues bien, si uno supera el límite que teoricamente contrató (no recuerdo haberlo hecho), en vez de darte las gracias y enviarte una caja de bombones, te cortan la línea y te mandan un sms estresante imperando a que uno se ponga en contacto con ellos de manera URGENTE. Entonces sólo te queda la opción de pagar vía tarjeta, con la consecuente duda existencial sobre la posibilidad de ser víctima de un "phising" telefónico, y que con tus números de cuenta están pagando una conexion vitalicia a Adultsexfriend.com.
Total que pago y callo, como es habitual en el consumidor español, y me quedo tranquilo porque al menos mi móvil vuelve a moverse. Pero al día siguienete, el de las celebraciones, me encuentro que vuelve a joderse el móvil de los cullons. Entro entonces en una desesperante espiral de departamentos de cobro, servicios de post-venta, gabinetes técnicos e hilos musicales en bucle, capaces de inspirar guiones tan grandes como el de Un día de furia.
Entonces mi tono se vuelve agresivoide con el inocente personal de Orange, mientras me van pasando de terminal, previa repetición, eso sí, de mi DNI, dirección, edad, número de teléfono y por poco filiación política y sexual.
Entonces sólo hay lugar para el desahogo y, ya que tampoco es plan de cebarse con los pobres teleoperadores -aunque algo ya les ha caído-, siempre queda este islote bloguil para soltar un poco ira tamizada en palabras. Lo decía ayer una colega periodista, demasiado afín a la queja: "No hay que guardarse las cosas malas dentro". Para todo lo demás, Mastercard.
Eduardo Laporte
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