Acabemos con el garrafón
29.05.08 @ 23:16:11. Archivado en Cuestiones de Estado
La vida la determinan cosas pequeñas. Nos lo recuerdan las mujeres, con su extraña sabiduría: “La importancia está en los detalles”. Basta unos pocos mililitros de veneno, de cicuta socrática, para pasar del estado vivo al estado muerto. Basta una lágrima de LSD mojada en un cartoncito para ver dinosaurios por el pasillo. Basta un brevísimo escape pedorrero en una primera cita para estropear una tierna y dulce historia de amor almibarado por siempre jamás.
Reivindico desde hace tiempo la creación del PPC, el Partido de las Pequeñas Cosas, pero para ello debería erigirme en líder, encontrar un color, como el magenta de la Díez, y ponerme a hacer campaña. Serían mítines pequeños, con micro-micrófonos, y en salas de actos mínimas, como aquella capillita del colegio del Huerto en que nos hacinaban graciosamente de pequeños. Al menos estaba Jesús, o brillaba la lucecilla aquella, en el cirio rojo como el caramelo de las manzanas caramelizadas.
Basta una piedrita en el riñón, insisto, para ver las estrellas y cada uno de los anillos de Saturno. Me dice cierta futura redactora talibana que su padre tuvo uno de esos accesos directos al dolor, conocido también como “el parto masculino”. Y que le dio un chungazo que casi se quedó tieso, y que perdió el conocimiento, y que hasta se hizo pis como un niño de trapo muerto.
Yo mismo, que atravieso una extraña dolencia precisamente en lo tocante al mear, me acabo de tomar un sobrecito de no muy halagüeñas indicaciones. Monurol, se llama, 3 gramos, y dice en el prospecto que su ingesta, en no sé qué condiciones, “podría comprometer la vida”. Ya en Google, donde se andan con menos miramientos, dicen que puede provocar la muerte. Y yo lo he tomado, en plan cicuta, hace unos veinte minutos. Y sin receta médica. Ponte tú en Madrid a que te hagan las pruebas de la tolerancia esa, pasa por Urgencias, ambulatorios varios, rellena formularios mientras la dolencia sigue su curso, al margen de trámites sanitarios. No. He vertido los polvos blancos, he removido con agua fría, y he engullido ese sobre maniqueo: o cura o mata. Engordar no creo.
Y ayer, sí, me tome una copa, una puta copa, en un bar que paso a citar a continuación por si existiera esa Policía del Garrafón, cuya creación incluiré en mi programa si es que algún día me meto a líder de grandes cosas pequeñas. Sol & sombra, calle Echegaray, 18. Es de esos con matones a la puerta, así que esto puede ser incluso más peligroso que el Monurol, 3 gr. Pues bien, esa miserable combinación de Johnny Walker con naranja me ha hecho estar jodido todo el día, como con serrín descendiendo por mis sienes, blandenguería de garganta, desazón generalizada, tensión mandibular, escozor de dientes y pesadez cefaléica aguda.
Acabemos con el garrafón, no sé cómo, pero acabemos con él, de una fakin vez. Prometió algo el ministro Bernat Soria, ahora solo falta ponerlo en práctica. Que se pase por el Sol & Sombra. Quizá yo no viva ya para entonces, ay*.
*De todas formas, se valorarán firmas de adhesión a una hipotética y futurible redacción de un esquema de bosquejo de proyecto de declaración de intenciones el Partido de las Pequeñas Cosas, el PPC.
Eduardo Laporte
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