Reflexiones en la bañera
06.04.08 @ 21:34:10. Archivado en Divagaciones
Si juntamos las caras de Michael Caine, Woddy Allen y Mister Bean no andaríamos muy lejos conformar el careto de Alan Greenspan, ese Adam Smith de nuestros días. Este domingo aparecía en El País (El Mundo, como periódico-instrumento, hace tiempo que me interesa poco, con su apoyo ahora descarado a Aguirre, y su despotrique antirajoyano. Pedrojota quizá debiera revisarse aquello sobre la imparcialidad que se hablaba en la Universidad de Navarra, cierro paréntesis), aparecía en Le Pays, digo, el amigo Greenspan, avanzando unos nubarrones económicos sobre nuestro país que para mi que tienen más de cierto que todo el fantasma este del cambio climático.

Pero no seré yo quien postee las agudas, acertadas y sin duda necesarias reflexiones del amigo Greenspan. Tan sólo destacaré un detalle curioso de su vida cotidiana, que me ha llamado la atención hasta alcanzar la categoría de “temapalblog”. Y es que el aquí economista resulta que se pega un baño de hora y media cada día, de 6 a 7 y media de la mañana, hora estadounidense. La costumbre empezó en 1971, cuenta Greenspan, cuando se dislocó la espalda y le recomendaron diarios matutinos: “Descubrí que me gustaba. Era un entorno ideal para el trabajo. Podía leer, podía escribir y gozaba de una perfecta intimidad”, dice.
Supongo que se habría provisto de una de esas tablas que ignoro quién vende o fabrica, para sujetar su material de trabajo, para evitar que sus sesudas cavilaciones quedaran en papel mojado. Cuesta imaginar al super gurú de la economía mundial definiendo las líneas conceptuales de los mercados planetarios desnudico por la mañana, arrugado como una lombriz octogenaria y con un suave olor a S-3 de Legrain.
Arcadi Espada también decía que aprovechaba la ducha para dar forma a los productos intelectuales del día: el post, la columna, el artículo. Es cierto que ese periodo extraño de la ducha o baño diaria nos deja como desnudos. Quizá nos vemos como en esencia somos, y los pensamientos salgan más puros, evaporándose casi, como un extraño alambique de la razón. En el próximo piso al que me mude, —intentado emular a Rafael Reig en cuanto a número de pisos habitados en corto espacio de tiempo (el dice haber vivido en no menos de 50 pisos)—, buscaré que tenga bañera, y me agenciaré una tablilla de esas a lo “Asesinato de Marat”. Lo de levantarse a las seis ya lo iremos viendo.
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Hala
demasiado bueno!!!
un sábado a las dos de la mañana lo mejor para reirse es leer esto!!ajajjajajjajajaj
Definitivamente, deberías hacer un blog tu también.
Bastante peculiar el Alan este...
Saludos
Pasada la tarde y ya cenado, me meto en la cama y empieza mi momento de pensar. Ése es mi momento de reflexionar, tanto sobre cosas personales como técnico-académicas, segú haya tenido el día. Poco a poco estos pensamientos se empiezan a mezclar con otros más psicodélicos, momento en que dejo paso a las tareas de mantenimiento y desfragmentado de mi cerebro, quedando yo inconsciente para no interferir con ellas.
Vamos, que no tengo bañera.
Todo esto gracias a que mi cuerpo ya ha aprendido a limpiarse a si mismo sin que yo se lo ordene explícitamente. Así como ya ha aprendido a ir a la uni solo, a quedarse mirando a la pizarra asintiendo y a coger el menú del comedor y a comérselo él solo y sin atragantarse, dejándome así tiempo libre para pensar; o para quedarme en blanco. (Siempre había querido usar un punto-y-coma y no se si lo he hecho bien, Mario Moliner ¿estás ahí?).
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Eduardo Laporte
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