Singles
02.04.08 @ 12:11:47. Archivado en Desde el Mirador de Selkirk
El grupo del gordito este, Miqui Puig, era un precursor, como Andy Hurtado, de un fenómeno sin parangón y con mucho futuro: el de los sencillos, esto es, los singles. En un principio fue el verbo, luego Dios creó al hombre, a la mujer, a Caín, a Abel, y un largo etcétera de personajes bíblicos –no cabrían en este post-, hasta dar con la última y genial criatura, esto es, los singles, los sencillos, los solterones/as, los nones, los impares, los lonelys, los bebedores de barra con un solo posavasos, los que sólo cuentan con una mesilla de noche, y un solo lado de la cama, los que tienen un armario con prendas de un solo género, los que los compran en el súper sólo lo que realmente les apetece, sí, los singles.
Son el ying y el yang de las parejotas con críos, eternos insatisfechos, que viven instalados en la sempiterna in-certitud, felices de ser singles por la esperanza vital que da pensar que algún día dejarán de serlo, y su vida será completa. Hasta entonces, van tirando en una existencia que no parece más áspera que la de las citadas parejotas. Porque, como pasa con todo excepto con Auswitchz, lo de la singletud tiene sus cosas malas y cosas buenas.
Mi compañero de trabajo y sin embargo amigo, Newcamarator, cita de cuando en cuando a su ex, con la coletilla añadida de “que en paz descanse”. No es que haya muerto, pero él poco menos que la da por difunta, con un deje de sano rencor en sus palabras. “No era feliz”, se explica desde su mirador de single, donde todo se ve a veces con un punto de refrescante libertad. Ahora se ha independizado a casa de sus padres, sitos en la Costa del Sol prejubilándose a gusto, y vive con esperanza la espera de que una “mujer guapa y rica” le vaya a buscar a sus clases de mecanografía de los martes.
Hasta entonces, dedica el poco tiempo libre que le permite el periodismo on-line a visitar amigos que crean familias, cumpliendo el papel de convidado de goma que se requiere en esas ocasiones domésticas de felicidad ajena, algo estomagantes para todo single. Porque un single tiene también algo de viudo, de visitador de vidas constituidas en las que se sentirá como un estorbo, como una pieza del Tetris con final no ensamblado. Siniestros pensamientos le rondarán el coco cuando se vea en la tesitura de “molestar” a esas jóvenes familias que le invitan a cañas con un punto de amabilidad un si es no es piadosa. Incluso le invitarán a apuntarse con él a no sé qué vacaciones o puente foral, en el que se sentiría más desubicado que Yola Berrocal en aquel programa de Sánchez Dragó.
La pareja, la familia emergente, se despedirá de él, pisoteando la alfombra de gambas en el suelo de ese bar madrileño, y quedarán en verse pronto, con profusión de afecto en las pupilas. Ellos envidiarán por momentos la anchura de posibilidades de su amigo single, su capacidad de seducir y ser seducido ad infinitum, la sensación de ir ligero como un globo aerostático sin saquitos de piedra, que en este caso son pañales con cacotas del nene. Él sentirá un punto de orgullo torero por trazar una biografía más “auténtica”, más heroica, si queréis, pero a menudo más vacía que el furgón del Dioni. Luego le invadirá una negritud barojiana y maldecirá el individualismo que le rodea cada poro de la piel, y el estar mirando el escaparate de una agencia de viajes con ofertas a Túnez para irse solo. Sí, un single debe acostumbrarse a viajar solo, y sentir el zumbido de la gente por la Quinta Avenida de Nueva York, sin nadie a quien agarrarse, ni nadie que te apruebe la elección del tal jersey en la tienda más cool del Soho.
Cada uno, digo, se irá por su lado, pensando en qué preparar para comer, y en cómo digerir esa vida que se ha creado que no sabe si le gusta o no le gusta, como las patatas ali-oli algo revenías que se han metido en el buche, y que aún le repiten.
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El single de toda la vida, ese que está desesperado por encontrar pareja. Esa clase de tipos que mientras sus amigos de facultad quedaban con las de Psicología se la pasó jugando al Rol, viendo películas a lo "Señor de los Anillos", enganchado a foros de Internet, fan de "Iron Maiden"...y que ahora se da cuenta de que se le pasa el arroz.
Pero el "neo-single", el que ha lo ha elegido así, es alguien que está encantado consigo mismo, seguro de él, sin necesidad de que nadie le diga que le quiere, porque el ya se quiere lo suficiente. Un tío seguramente con éxito en el sexo opuesto (o en el suyo) y con amigos que le llenan mucho más cualquier novia/o de domingos por la tarde al cine. Aunque a decir verdad, muchos de éstos con la crisis de los 40/50 acaban cayendo con alguna ex-alumna, ahora divorciada, de la Promoción del '90 de Psicología.
Saludos.
Yo creo que el ser parejota con críos o single no se elige (o al menos son pocos los que lo eligen como modo de vida), sino que las circunstancias de la vida te van llevando hasta ello. Por eso a veces hay tremendas metamorfosis de singles convencidos que de un día para otro se convierten en parejota con críos y parejotas (con o sin críos) que terminan viviendo el resto de su vida como singles.
Y es cierto que todos envidiamos lo que no tenemos (si estás gordo, quieres estar delgado; si tienes el pelo liso, quieres tenerlo rizado; si te acabas de comprar un coche maravilloso, siempre querrás el que tiene el vecino...), lo importante es que busquemos sentido a esta cotidianidad y nos encontremos lo más a gusto posible dentro de ella porque, al fin y al cabo, vida sólo tenemos una y no es plan de estar deseando siempre lo contrario (y que conste que con es...
Saludillos.
Un abrazo.
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Eduardo Laporte
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