Políticos sin escaño (pero con mucha mala leche)
11.02.08 @ 01:48:37. Archivado en Desde el Mirador de Selkirk
Michi Panero fue un escritor sin obra, que es una forma poco productiva de ser escritor, tanto que desposee al escritor sin obra del siempre ansiado título de escritor (la gente se mete a escritor para decir que es algo, en esa viciosa actitud del ser humano de acotarse y reducirse). Pero el escritor sin obra es en cierta manera escritor, como hay actores sin tablas, bailarinas sin coreógrafo, putas sin chequera, caudillos sin masa y políticos sin atril. Políticos sin atril, sin escaño, ni acta parlamentaria, pero que te improvisan un mitin a la primeras de cambio, con peor saña que cualquier politicastro corruzto. A éstos últimos les puedes pasar página, apagar radio, zapear canal, esquivar mediáticamente, pero a los políticos sin atril, pero con ganas de monserguear a base de bien, cuesta horrores quitárselos de encima. Alguien debería decirles algo, que se callaran, o que se metieran en alguna asociación de salvamentos improbables, como el del aborto de la gallina, pero que no nos dieran tanto la turra. Porque, como dijo el propio Michi Panero, “en esta vida se puede ser de todo, menos un coñazo”.
Estos políticos diletantes se caracterizan por su falta de oportunidad. Sueltan la vomitona palabril sin preguntar a su improvisada audiencia si están preparados para esa carga dialéctica sesgada, dirigida, manipuladora, persuasiva y terriblemente incompleta, parcial y trufada de lagunas que diluyen cualquier viso de credibilidad en su discurso. Entre camareros y taxistas es fácil encontrar este tipo de político sin siglas, ni sueldazo, ni lamentable ambición. Son temibles porque, además, aprovechan las condiciones favorables de sus cubículos de propaganda para “aplicarte la teoría” sin compasión. Un speech de esos porteadores de seres humanos puede ser letal, sobre todo si uno resulta que está de resaca o acosado por sus propias rumias. El taxista se crecerá y se crecerá en sus diatribas cargadas de agresividad española, que tratará de disimular sin éxito para parecer racional en sus racionamientos. Jamás esperarán un comentario o un apoyo dialéctico del interlocutor, cuya función en el proceso comunicativo será lo más lejano a aquella bidireccionalidad feebackiana que nos enseñó Esteban López Escobar en Teoría de la Comunicación Informativa. Al menos, sabe uno que la verborrea termina cuando se llegue al destino.
No pasa lo mismo con ciertos camareros que van de enrollaos, y que comienzan ganándose la confianza del cliente para luego usarlo como destinatario de su mala bilis existencial y laboral. Hace poco, en una tasca gallega de Madrid, asistí a uno de esos desahogos orales que luego no se descuentan de la cuenta. Uno de esos discursos encendidos que la parroquia escuchante digiere como puede, asintiendo y riendo las gracias por amabilidad, mientras caen lindezas racistohomofóbicas a granel. Son los Jiménezlosantos wannabe, pero con menos gracejo y sin la autocensura obispal, que tampoco debe de ser mucha.
Luego existen otro tipo de oradores persuasivos menos estentóreos, pero igualmente coñazos. Van por la vida con su verdad por delante, y no aceptan otra cosa que no sea esa verdad empaquetada, que intentan hacerte tragar sin ni siquiera taparte la nariz. Manejan tres o cuatro argumentos que han hechos suyos, y que suelen dejar desarmado al desprevenido interlocutor, que jamás quiso tomar vela en ese entierro. Entonces le espolean para que se moje, y claro, el otro quizá se pique, hasta que descubre que el debate es lo más opuesto a aquella dialéctica de Platón de ir, peldaño a peldaño, con honestidad y respeto por el saber, accediendo al Mundo de las Ideas. Sólo quieren imponer esa verdad que se han formado con cuatro retales informativos, hacer alarde de algo que te venden como conocimiento cuando sólo es información filtrada según interés y, de paso, hincharse los pulmones como diciendo aquí-estoy-yo y fíjate que-bien-hablo y cuánto-sé. Quizá hasta logren impresionar a algún alma impresionable y cándida, pero a mí sólo me producen cansancio, rechazo y hasta esa agresividad que muchos de ellos apenas canalizan, pues se les sale por las palabras.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/143604
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
En fin, que te leeré por aquí porque la verdad es que ya no me apetece ni visitar aquellos lares que antes tanto frecuentaba.
Un fuerte abrazo
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Eduardo Laporte
autor
Contacto








