El nuevo Diario de Navarra (I): el fondo
30.12.07 @ 15:52:02. Archivado en Comunicación y tal
Hacía tiempo que quería dejar por escrito la grata sorpresa que me llevé al recibir un ejemplar del Diario de Navarra. Me llegó en el extranjero, en un viaje holandés, y fue mi tía quien me entregó un ejemplar, el del 19 de noviembre. Entre sus páginas se incluía un interesante reportaje, una especie de A sangre fría a la navarra, con Gabriel González en plan Truman Capote, sobre los últimos garrotazos viles cometidos en Navarra. Arrancaba con la historia de dos hermanos de Miranda de Arga, condenados por haber matado sus padres y su hermano, toscamente, a hierro frío en la cabezota, por un asunto de tierras y mayorazgos. “A ver si hacemos algo entre todos, que yo creo que haremos si no es a las buenas a las otras”, hablaron entre los dos hermanos asesinos, allá por 1955, para resolver aquella injusticia en el reparto. Se pasaron en el procedimiento, claro, como también se pasó el que les mandó al garrote vil, hace cincuenta años.
Esta historia, perlada de motes y detalles enjundiosos, nos la contaba a menudo mi abuela, de Miranda de Arga, que se conocía al dedillo aquellas siniestros relatos que apenas salían en los periódicos. “El horrendo crimen de Miranda de Arga”, tituló la prensa en su día.
Pues bien, este tipo de reportaje, con su buena carga gráfica, un apoyo, o despiece (como el del indulto del Crimen de Belate), opino que dan fondo a un periódico, a un periódico local, donde estas historias siempre tienen su miga. La fortaleza de un periódico local es esa, aprovechar un poco ese “aquí nos conocemos todos”, y darle rienda suelta. Tiene su cosa imaginarse a estos pobres desgraciados en la cárcel de Pamplona, en aquella Pamplona aún de Arazuri y nieblas matutinas de los cincuenta, esperando su cruento destino, mientras el pescatero de San Antón refrescaba el género que le acababa de llegar de San Sebastián.
Se agradece esta imaginación, este indagar en la historia reciente, y plantear reportajes de interés humano/local/regional/cultural/antropológico/periodístico. Ir más allá de los carruajes o tranvías que se usaban en la Pamplona de la primera gamazada, en la línea de Juan José Martinena —autor por cierto de un muy buen libro, Historias del Viejo Pamplona— y redescubrir que la historia no tiene que porque ser algo polvoriento con soniquete de NO-DO.
Las últimas veces que compraba DDN, por ver un poco que se hacía en Navarra, me extrañaba la parquedad de páginas locales, la tristeza de recursos que empleaban, con esos dibujos como de revista de parroquia, y temas como rozando, o traspasando el tópico. Los inmigrantes búlgaros de la Ribera. Bueno, bien. Vale, de acuerdo. Me apenaba ver como en un lugar de yerma historia como Ciudad Real, donde pasé unas temporadas de plumilla, sacaban jugo de su tetilla sociocultural hasta exprimilla al máximo. Y cada día se curraban sus diez páginas de media con asuntos locales, que acompañaban con otras tantas con asuntos de la provincia. Luego, cogía el DDN y me irritaba ver esa pereza temática, ese tono tópico de “Recogido en Murchante el espárrago más grande desde la Transición”. Como si sociedad y periódico fueran por vías diferentes. Desde luego, el Diario de Noticias, con muchísimos menos recursos, trataba de sacar tajada de esa, digamos, dejadez, para proponer reportajes mucho más frescos, imaginativos, de interés general. Recuerdo uno bastante ilustrativo sobre los sucesos de Montejurra del 76, tan intensos como confusos, pero que quedan bien sobre el papel, y que el lector, creo yo, agradece.
Quizá es que haya temas que no gusta tocar. Como el relativo a la memoria histórica y sus cuitas. Viví durante 25 años frente al monte San Cristóbal, y nunca supe que allí, en esa montaña anodina, había tenido lugar una de las huidas más potentes de la historia mundial de las fugas carcelarias. Y que por debajo de esos matorrales ordinarios se escondían cadáveres de personas que un día se dijeron republicanas, quizá porque tocaba decir algo más que otra cosa, y que acabaron hacinadas en ese fortín hasta que murieron de tuberculosis, neumonías atroces o un disparo certero en el paredón. De los 795 que se fugaron, se detuvo a 585 y se mató a 211.
No sé si alguna vez el DDN ha hablado de estos sucesos, y si entra o entra dentro de su fondo editorial. Imagino que sí. No se pueden silenciar capítulos tan relevantes de la historia, aunque a unos les toque tan maniqueamente el papel de buenos, y a otros el de malos. Yo me fui enterando bien por el El País, en un reportaje muy bueno de Natalia Junquera. Pero, sin entrar en los calores de los colores, lo que trato de decir es que en Navarra, hay mucho que contar, e intuyo que el nuevo DDN no sólo es un nuevo formato, sino un nuevo estilo también: porque la forma es la expresión del fondo, dijo alguien. Así que me alegro, porque Navarra se merece un diario, o dos, o tres, a su altura, para crecer juntos.
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Eduardo Laporte
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