Tos ferina matutina
06.12.07 @ 14:50:34. Archivado en En el Moleskine
En esta mañana de dormir mucho y bien he sido interrumpido por el sucio sonido de una tos tabacosa, febril, áspera, perruna, pastosa, profunda, quejumbrosa, herrumbrosa, de mi compañero de piso, que por cierto jamás lee estos textos, como tantos otros amigos míos contemporáneos.
Me ha venido entonces a la mente toda una sinfonía de toses o tosidos familiares, de indeleble huella en mi archivo sonoro, en mi filmoteca personal de sonidos inclasificables pero que se clasifican, y he reconocido muchas de esas tosificaciones tan incómodas para el que tose y para que las oye. Toses de esas como de suegra, con lengua gorda que acompaña la tos con animal tendencia ergonómica, y profusión de esputos y salivajes tan invisibles como infectos.
Cuando dejé el tabaco, cada día me apetecía fumar siete veces, o setenta, y me alegraba ocho veces de no hacerlo, u ochenta. Aún me pasa. Como anoche, en un minipiso madrileño que parecía neoyorkino, del NY de los setenta de las pelis, con ese fuma-fuma alegre de los invitados, despreocupado, colmado, en un círculo perfecto de los vicios: copa, charla, pito. Deseé siete, setenta veces, fumar. Más viendo el nuevo diseño o pakayín de los de Lucky Strike, que es como una cajetilla que se abre por los dos lados, y divide los cigarritos en dos compartimentos, con la de posibilidades que supone para el celoso fumador, coleccionista de placenteros hábitos para acrecentar, si cabe, el placer de fumar. Hoy, al levantarme, con las toses domésticas de mi co-locateur, me he sentido el vivo retrato de la salud.
Quizá de viejo, cuando ya no tenga más ambición que superar un día más vivo, y atufar a mis nietos con moralina alcanforada que ni yo mismo me creeré, vuelva a fumar. Este hecho puede revelar que realmente nunca dejé del todo de fumar, si es que se puede. Como nunca dejamos del todo a nuestras novias, si es que se puede, y siempre nos planteamos volver con ellas, en algún momento de este viaje no tan largo que es la vida.
Puede que por eso, quien sabe -las razones de la razón no entienden de razón-, me quité de lo del tabaco. Porque un día vi caer a los de mi lado como moscas por el sistemático acto de meterse nicotina entre pecho y espalda. Porque oía sus toses de ultratumba, como una orquesta de pulmones exhaustos, que ganaban terreno a la enfermedad, a la muerte.
No sé si volveré a fumar cuando mis músculos no obedezcan mis estimulantes órdenes mentales, cuando mi cabeza sea una biblioteca desordenada de papeles emborronados de autores en esperanto, puede que sí. Tendré entonces una tos ferina matutina agradable, un ir entrando en la muerte acompasado, feliz, a su debido tiempo, y me alegraré setenta veces siete de haber llegado hasta allí.
Comentarios:
Quizá ya no te acuerdes pero se que por allí anda una foto en la que estamos juntos.
Sólo quería sumarme a mi prima de Salou.
Yo tb añoro esa tos,mucho. Como no la olvido, despedí esl año y empecé este con una mantita azúl sobre la chaqueta de otra tos que me faltará.
Muchos besos.
Ainhoa
Un saludo desde Salou,
Ana.
Un saludo Edu.
Rosa
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Eduardo Laporte
autor
Contacto


