El ritmo
30.11.07 @ 02:12:03. Archivado en Desde el Mirador de Selkirk
Hace poco he descubierto la importancia del ritmo. Como diría un téorico totalitario: El ritmo es todo. Lo es todo. Hay que vivir la vida con ritmo, en su ritmo, ajustarse a sus ritmos, be water, my friend. No sé como se consigue eso del todo, ni si está en nuestra mano, pero hay que intentallo, vive Dios que sí.
A principios de otoño me matriculé en una improbable escuela de guitarra flamenca, escuela de uno, comandada por un maestro jerezano, más gitano que cualquier papa gitano, que me clavó bastantes eurazos por cuatro exiguas sesiones, y cuya relación maestro/alumno acabó de un pintoresco modo que quizá algún día cuente. Tenías las cosas muy claras sobre la música, la vida, el flamenco. O era “por derecho”, o no era. Y de Paco de Lucía pasando por Vicente Amigo todos eran unos auténticos "hijos de puta", y este último más aún, porque “dormía con un querido que le metía la polla por el culo”. Pedagogía en estado puro, oigamele.
Aprendí pocas lecciones musicales, que si unos golpes por aquí a la caja, el rasgueo con los cinco dedos (“cada dedo es un universo”), a usar el pulgar como órgano de percusión, y unos fraseos de un ritmo, palo, llamado tiento. Me costó pillarlo un par o tres de sesiones (de a ventitantos la hora), quizá más de lo esperable, pero porque el tío me exigía que me saliera todo bien a la vez: el rasgueo, el golpecico con los dedos en la caja, el acorde rarísimo seguido de un pulgar que alfombraba las cuerdas, y tal. “Tú no me escuchas”, me dice un día. Y no sé qué le contesto, o sí. Pero el caso es que lo que trataba de enseñarme, su gran aportación, su piedra filosofal de la música, pero también de la vida, era el ritmo. No las florituras, no los fraseos espectaculares, no las filigranas de pacotilla, ni los preciosismos de cámara. El ritmo, esa estructura mágica en la que uno se sumerge, se mece, se deja llevar, se instala, “y se para el tiempo”, decía. Y tenía razón.
Porque que el tiempo se detenga, que no nos moleste, que lo asamos (o cojamos, como se diga) con las manos, es a lo que aspiramos a cada momento. Y el ritmo te lo da. Federico García Lorca, en no sé que textos que se dieron hace poco a conocer, insistía en que bajo ningún concepto abandonaran sus sobrinos la educación musical. Porque es importante para incorporar ese fabuloso concepto que es el ritmo que, por supuesto, trasciende el ámbito de lo musical.
En mi aproximación al flamenco, intentaba todo menos captar el ritmo. Esa ansiedad connatural a la que estamos condenados tú y yo, nos dificulta sobremanera captar el ritmo, hacerlo nuestro. Enseguida vamos más rápido que lo que marca el metrónomo, o más despacio, a destiempo, a nuestro aire. Es importante pararse un segundo, interiorizar el jodido ritmo, y avanzar con él a su tiempo, no a otro, meterse en su cauce. Como esos admirables poetas que leen sus poemas paladeando cada palabra, la cadencia de un verbo, la sonoridad mullida de una m, el ventoso aire fresco de una ese, la áspera resonancia de una jota. Que ven en cada verso la imagen exacta de lo que evocan, que solo son poema cuando leen ese poema. Y no otra mil cosas como la mayoría de los presentes en el auditorio.
El corazón mismo, es el primero que nos marca el ritmo, como todos ya sabíamos, o hacíamos como que sabíamos.

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No puedo creer que haya leído la palabra AXIOMA dos veces en un día y en el mismo sitio.
'Anticipar la incertidumbre' suena más a figura literaria que a cualquier otra cosa lógica o con-sentido.
con esta decepción, leo el siguiente párrafo, y resulta que además, 'el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir'. qué significa esto? que todos esos momentos de angustia en los que he deseado que la vida dejara de ser borrador y definitivo al mismo tiempo para que fuera sólo un boceto que pudiera mejorar la próxima vez, con toda la información de la que carezco en la primera; esos desasosiegos, eran felicidad? qué pérdida de tiempo entonces, esperando que la felicidad fuera el acto de repetir, aunque sólo se tratara de una réplica en otro lugar, en otro momento, de una sensación parecida a otra ya reconocida, y no el de...
Me estoy leyendo ahora un libro titulado “A más cómo menos por qué” y subtitulado “747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural”, de Jorge Wagensberg para el que le interese, muy interesante.
En la reflexión nº 69 dice:
El ritmo es repetir en el tiempo
Axioma que utiliza para enunciar otras reflexiones más complejas como la nº 81:
La selección natural favoreció el gozo por el ritmo y la armonía, lo que supuso una preselección para anticipar la incertidumbre.
El ritmo es esencial. Comprenderlo digo, porque todo en el universo fluye con cierto ritmo, incluidos nosotros mismos, y comprender el ritmo, como dice Wagensberg, sirve para anticipar la incertidumbre.
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A esto lo llamo yo DEJAR UN COMENTARIO. Sí, señor, cagüen-tó. Un comentario, al que trataré de hacer mi particular comentario, aunque no sé si estaré a la altura. Citaré un pasaje de Milan Kundera, en su Insortable..., que creo que viene al caso:
Pag. 304, edic Tusquets tipo tweed blanquinegro:
"El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo porque el hombre [y el perro, Karenin, sí] no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir".
E
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Eduardo Laporte
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