Sábado-soir (o suar)
18.11.07 @ 15:41:33. Archivado en En el Moleskine
Hay palabras que no existen en determinados idiomas, con la limitación conceptual que eso conlleva. En francés, por ej, no existe la palabra rato, pero sí el concepto espacio temporal indefinido. Así que tienen que emplear fórmulas forzadas, como “dans quelques minutes” que, está fuera de dudas, tiene mucha menos fuerza expresiva que la contundente rato.
En el español o castellano, en castellañol, vamos, no existe, que yo sepa, la traducción de lo que los franceses quieren decir con soir. Ese periodo de la nocturnidad en el que el personal está despierto, y haciendo cosas, sobre todo sociales, fiestas, cenas, veladas (que viene de vela), asistencias a teatros, a operas, a operetas, a conciertos sacrosantos, a zarzuelas bufas. Todo eso y más pasa durante la soir, que los diccionarios traducen con frustración terminológica como “fin de la tarde, noche”.
Habría que inventarse, pues, una palabra para esa franja horaria tan intensa innominada, yo propongo decir suar, y tan contentos. Ayer por la suar paseamos por los soportales de la plaza del Castillo y pensamos en Ángel María Pascual.
Y es que la suar da para mucho, para mucha definición del espacio psicotemporal que envuelve nuestros días y las sensaciones que dentro se regurgitan. A mí siempre me ha parecido un tiempo raro ese, sobre todo cuando cae en sábado, especiamente, sí. El sábado suar se mueve entre dos polos, el de la botella más bien vacía o más bien llena. Depende del plan que uno tenga para la noche-noche, para que esa mudanza botellil del ánimo tienda a uno u otro de los extremos. Si a uno le motivan las siguientes horas, verá el mundo como un lugar amigo y con gente simpática e integrada. Si sus siguientes horas van a ser un tibio coñazo de runruneos varios, el cosmos se tenirá de melanos a puntapala, de apocalipsis de distintos tipos y medidas, y la gente nos parecerá fea, boba, odiosa y más feliz y afortunada que nosotros.
Por eso suelo temer esas delicadas horas del sábado-suar, en que la muchachada se aprovisiona de litros de alcohol que luego correrán por su venas, venas integradas en la corriente pelotoniana de la levedad nocturna. Son horas algo estridentes, de cuadro expresionista alemán, sobre todo en otoño, cuando los metros se agolpan de griteríos excitados de los fascitas, antifascitas, fachas, fachitas, antifachitas, pijos con la tontería en la lengua, góticos con bolsas de Carrefour, minifaldas con cabeza, metrosexuales agresivos de Parla, con clónicos pelos hacia arriba, con gomina barata, y actitud de roit-weiller a duras penas reprimida.
Más vale, pues, disponer de un horizonte favorable en ese tiempo puente hacia la noche que la suar, para sobrevivir anímicamente a esas tensas pero intensas horas.
Comentarios:
Voici d'immenses flots de glissant désespoir,
Voici des pas, des voix et des âmes sans nombre,
Des cœurs blessés, jaloux, et qui pourraient nous voir.
Noailles, Éblouiss., 1907, p. 100.
Le soir tombe, les premières lampes s'allument dans la ville. Mon Dieu! Comme la ville a l'air naturelle (Sartre, Nausée, 1938, p. 201).
Esta hora incierta del día tiene en español varios nombres: anochecer, víspera, crepúsculo. Cada una tiene su matiz: descriptivo, eclesiástico, poético. Pero dado que la duración del anochecer es tan breve, parece más lógico dividir el día en mañana, tarde y noche, limitados por tres instantes singulares: el alba, el mediodía y el crepúsculo. Un alma cristiana no debe saber de la medianoche ni que existe.
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Se pone apocalíptico el amigo Sartre. Se ve que la De Beauvoir se la estaría pegando con otro pensador, con ese rollo free que se traían. Pero lo del anochecer y tal está muy bien, pero cuando las palabras sólo se emplean en el universo de los rapsodas, los bardos y demás espíritus líricos, es lo mismo decir que no existen.
salu2,
E
Respecto a la suar (o suag) es realmente raro que no haya una palabra sinónima (y popular, añado) en español, con lo que somos los españoles de salir por la suar. Lo más aproximado que hemos llegado a producir ha sido la “tarde-noche” con su prima-hemana la “merienda-cena”.
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De niño, cuando mi madre decía que hiciéramos una merienda-cena, yo pensaba siempre en mediasnoches con nocillas, krispies y escalope de ternera y huevo frito. Al final, sólo había escalope, ensalada, paté, pepinillos Maille y queso, y no entendía por qué siempre se prescindía de la parte dulce de la merienda-cena, por qué no se cumplía lo anunciado.
E
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Eduardo Laporte
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