Autismo necesario
25.10.07 @ 02:21:50. Archivado en Desde el Mirador de Selkirk
El otro día me tocó hacer un obituario de Pepín Bello, que aún vive tibiamente en su casa de anciano del barrio de Prosperidad. En el periódico digital en el que trabajo, aún en pruebas, hacemos ese tipo de labores para ir rellenado lo que se conoce por nevera. Tiene algo esto de comienzo de novela polausteriana; una redacción de periodistas que escriben noticias que nadie lee, día tras día, entrando en una extraña rutina de trabajo de prensa sin lectores. Así que, entre otras cosas, vamos creando un archivo de necrológicas con los candidatos más firmes a estirar la pata. Una lista, por otra parte, en la que entramos todos, sólo que algunos están más arriba que otros, hasta que esa norma se rompe, con un Carlos Llamas o un Juan Antonio Cebrián, jóvenes periodistas muertos.
Leyendo cosas sobre la vida del famoso amigo de Lorca, Buñuel y Dalí, ese amigo no-artista entre genios, me hizo gracia esta frase:
“De estar solo no me canso nunca”.
Y lo dice alguien que nació el mismo año que uno de los padres del surrealismo —Dalí— y que aún pasea su bigote medio falangista por ese barrio de zapatillas de casa y caldo de pollo que es Prosperidad. No se cansa de estar solo alguien que confiesa que vivió 14 años en la soledad más absoluta. Fue en Burgos, cuando llevaba un inestable negocio de pieles, que se ve que se le fue al traste. Vivía solo, ya digo, en ese rincón provinciano, en una vida supongo que triste en la que, por lo menos, no había testigos.
Porque la soledad, el hecho de estar solo por decisión propia, la solitariedad que dice Castilla del Pino, no se vive igual con gente alrededor, revoloteando zumbonamente. Quizá no nos importaría pasar muchos más ratos a solas, si eso no significara flojera social ante los ojos de los demás.
Hoy he sentido esos síntomas tímidos de las pseudogripes de otoño, que son y no son, y me he alegrado ante la posibilidad de uno de esos procesos febriles de cama y paz. Pasaría el fin de semana solo, libre de planes sociales de quetalismos etílicos, y además con excusa, he pensado. Como un Pepín Bello en Burgos, como la O’ Conell de Dr. en Alaska dentro de su avioneta, o Javier Reverte en sus viajes en África, o el millonario vasco éste de pelo blanco que da vueltas al mundo en velero, Ugarte creo que es, solo, cual Joshua Slocum de la vida.
Porque la soledad, y me pongo ahora en plan vieja trova santiaguera, tiene algo de mujer, de ni contigo ni sin ti, de sí pero no, de mírame pero no me toques. No es fácil convertirse en Pepín Bello, sobre todo porque cuando uno es joven lo de ser solitario está mal visto. Los viejos, libres ya de tonteriítas, se pueden permitir el lujo de vivir más solos que un hongo y preservar intacta su dignidad. (Luego están los viejos que viven solos porque no les queda otra, no hablo de ellos.)
A veces, en esos momentos de euforia ciclotímica post-café con leche en vaso, pienso que he alcanzado una poca de sabiduría vital. Necesito el barullo, el lío, el trajin y todo eso por lo que además te pagan. Pero compruebo cuando acaba el día que tengo también necesito procesar todo eso como el tío de El Perfume, miles de olores que se posan con estrépito en la cabeza. Llega entonces un momento de autismo necesario, no siempre respetado, y que es como un paladeo fino de esa sustancia cotidiana que llamamos vida, labor entretenida, saludable, barata y perdurable donde las haya. No sé si es mérito mío, pero por si acaso, me pongo la medallita. Sobre todo cuando pienso en la posibilidad de una existencia futura dedicada a relamerme sobre mi biografía pasada, quieto en mi butacón, como hizo durante casi veinte años mi abuela Carmen, que tenía algo de sabia. Y se fumaba sus buenos paquetes de BN. Quizá vuelva a fumar cuando sea viejo. Seré un Pepín Bello feliz, pero en un barrio con más charme, donde me dejaré recubrir por esa solitariedad de la que no todos pueden presumir.
Contigo, por supuesto.
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Recuerdo por enésima vez, respecto al otro asunto de tu entrada, lo que decía Pascal: "todos los males del hombre provienen de que no sabe estar solo en su habitación" (o algo así). Nunca ha sido fácil la relación entre la soledad y la compañía. Pero creo que hoy la soledad (condición de posibilidad de tantos esfuerzos creativos o simplemente productivos) cotiza peor que nunca. Como hay que salir, moverse, vivir intensamente, a tope, disfrutando de todos los momentos, puentes, vacaciones, etc., pues estar solo físicamente (otra cosa peor es anímicamente, claro) tiene muy mala prensa.
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Eduardo Laporte
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