Algunas impresiones sobre 'Público'
27.09.07 @ 02:10:21. Archivado en Comunicación y tal
Tengo a mi lado un ejemplar de Público, todo un objeto de coleccionismo que hoy no vale nada, apenas 50 cts, pero que en unos años tendrá un valor cuando menos histórico dentro de la Historia de la Comunicación, que es como una sub-rama de la Historia, tan válida como otra cualquiera.
Es tarde y tengo tarea, pero me apetecía decir dos o tres vaguedades sobre esta nueva cabecera, sin tanta enjundia como últimamente le he visto hacer a Justo Serna en sus archivos. Tampoco es que me haya dado tiempo a analizar a fondo el periódico pero, el caso, que aquí estamos.
Empezaré por el principio, es decir, la portada. Diré que la exclusiva es como muy buena y, según me informa mi compañero de piso, el que la ha hecho tiene muy buenas fuentes dentro de Interior y tal. Es uno de esos principios de andadura bien resueltos, pero que, claro, no se pueden mantener ad infinitum, como lo fue la entrevista a José Antonio Ortega Lara en el Diario de la Noche de Dragó. Pero ufanarse de esas conquistas periódisticas y colocarlo en plan sobrao en portada, no sé, desvirtúa un poco el asunto en sí. Espectaculariza la información, y ya no sabes si estás leyendo información u otra cosa. Pero bueno. Me dicen además que tiene mucho de "farsa" y que la supuesta exclusiva ya lo sacó una revista antes, Tiempo, creo.
Me iré ahora al final, a esa portada doble futbolera, que es la cruz del periódico, cual moneda de curso legal. La cara: Javier López Peña, etarra con nombre de español común, la cruz, Ronaldinho, brasileño que, a pesar de los millones, es de un feo que espanta.
Mi compañero de piso se mete con la doble portada: “Es muy británico... no me acaba de convencer”. Yo tampoco le veo excesiva sustancia, más que nada porque le falta contenido. El fotón de ‘Dinho’ no aporta nada, una contra es para leerla, y disfrutar con ella, como las recontrageniales contras de Violeta en El Mundo de Almería.
Creo que la última página debe incluir un valor seguro, estable, ya sean los siete columnistas reconocibles de El País, ya sea Umbral, que ya no podrá ser. En el ABC parece que se han dado cuenta y han retirado esa triste página publicitaria.
Ya uno se adentra entre las páginas y descubre un diseño que recuerda exageradamente al ADN, aunque a lo mejor menos limpio y ordenado. Las tipografías, los colores, las bandas de color, ¿lo ha diseñado todo el mismo que el de ADN? El lector ávido de novedad se encuentra con un déja vue estilístico que le sorprende, aunque esto no es ni bueno ni malo, pero no sé, se hace raro.
Mi compañero de piso se mete con las informaciones, “muy cortas”. Y le doy la razón. Hay como un intento de ligereza constante que al final puede resultar pesado, porque la brevedad de los textos incluye más textitos por aquí, más breves acullá, más lío. Como pasa con el Qué (del que queda muy lejos, claro), un intento de amenizar la lectura que acaba saturando hasta límites insoportables. Un profesor del máster de Vocento nos decía que los periódicos no pueden tener blancos, que hay que manchar, y yo no estoy tan de acuerdo. Pienso ahora en The Guardian, que leí hace poco, y allí hay blancos y no pasa ná.
En muchos diarios gratuitos se nota un intento constante de hipnotizar al lector, de darle pildoritas y chorraditas como si fuera una foca-lectora más que un lector inteligente que acaba, a mí al menos, cansando. Pasa entonces que uno se queda con la copla de que la información no esté en el papel porque lo merece, sino porque hay que rellenar. Y entonces el prestigio se cae, y cualquiera lo levanta. Tiene Público algo de eso, cierta influencia de los gratuitos, y eso es más defecto que virtud. Quizá sea inteligente, porque el personal se está acostumbrando al estilo de los gratuitos, pero no sé.
Tampoco sé si este diario luchará por ganar prestigio, que es algo a lo que deberían, opino, aspirar todos los periódicos decentes, que no son muchos. Me extrañó en su día las razones que esgrimieron los promotores del proyecto: “Negocio, sólo negocio, hay muchos periódicos que dan dinero”. Porque no olvidemos que este periódico nace con la identidad bajo el brazo, y se dicen de “izquierdas” y los blogguer aquello algo repelente de “a la izquierda de El País”. Pero por sus planteamientos alguien podría decir que se ubican a la derecha de La Razón, pues esa devoción capitalista no entra en el manual del buen progre. Porque yo no he oído nada de “regeneración de la cultura española gracias a un periódico que atraiaga a un gran número de lectores y les haga interesarse y participar en los temas y problemas que nos ocupan”.
Así que ahí veo como una paradojilla fundacional que no mola del todo. Está claro que quien se mete en un lío de estos es porque busca rentabilidad, pero también, en la conquista de la rentabilidad, pueden ir emparejadas otras conquistas, menos tangibles, más nobles.
Pero luego uno sigue leyendo y es cierto que, una vez superada la confusión de situarse en el nuevo orden de secciones y tal, hay cosas que apetece leerlas. Cómo si hubiera un sano deseo de desentrañar los temas, y ofrecerlos a los lectores con la ilusión de que se enteren, de que aprendan. Personalmente agradezco la actitud pedagógica, porque hay asuntos básicos que no siempre quedan claros, como por ejemplo, todo el tema de los presupuestos, los ingresos estatales, las transferencias comunitarias, etc. Porque un periódico debería no atufar, marear, apabullar, a sus lectores, como le puede pasar a uno si se lee dos artículos seguidos de Babelia, un sábado con leve resaca. La página, digo, con la infografía de los Principales ingresos y gastos del Estado en 2008 está muy bien. Y se nota como una intención de ir por esa línea, de aclarar más que liar, y eso es de agradecer.
Porque quien se acerca a un periódico, digo yo, lo hace para aprender cosas, entender el mundo, conocer qué pasa, taltal. Y eso no siempre es divertido, supone un esfuerzo. No creo que los periódicos tengan que ser divertidos, y muchos colorines crean esa sensación de poca densidad, de menor credibilidad. Es cierto que es un difícil equilibrio el de tratar de resultar atractivo pero sin acabar pareciéndose a los informativos de Antena 3. Pero el periodismo no debería intentar ser guay, ni caer en el gafipastismo vacuo de domingo en La Latina. Humildemente, espero que Público apueste más por esa línea entre didáctica y a la vez atractiva, sin dejarse llevar por el guayismo este tan ful que nos come terreno de un modo jarto preocupante, de estética sin chicha.
Mucha suerte y larga vida.
Comentarios:
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Cabllllonnnnn!!
jajajjaja
E
les deseo mucha suerte, aunque un poco de sentido común probablemente sea mejor receta
Perdona que me ponga en contacto contigo por este medio, pero no se me ocurre otro.
Necesito hablar contigo. ¿Puedes llamarme (ya sabes mi número) o darme por algún medio tu correo electrónico?
Gracias
también me parece discutible (por no escribir cutre en este honorable blog ¡uy ya lo he escrit), pues cutre, apuntarse a la política de promociones desde el primer número. no lo sé, me da como que...
Ahora no se, no he leido este Publico español. Pero no me gusta que le hayan copiado el nombre al Portugues. Ya podian haber pensado otro nombre.
Una opción perfectamente válida para quien quiera escogerla, creo, aunque que no seré yo quien lo haga.
Aunque dejar a mi amado Antonio Orejudo escribir en su primera publicación dice mucho de Público. También le da puntos anunciar Just for Men en la contra. Podrían haber anunciado cualquier otro colorante capilar. ¡Pero no, tuvo que ser Just for Men! Bendita casualidad. No sé si mis contras podrán superar eso.
Sobre el diseño, estoy de acuerdo. El nuevo periódico de Ehppaña suelta un tufillo insoportable a ADN. De todas formas no creo que sea tan mala idea esa de conjugar un poco influencias diariogratuitianas con un planteamiento más seriote. Los diarios gratuitos cumplen muy bien su función, opino; la de soltar datos a troche y moche sin demasiado fundamento al grueso del vulgo que sólo deseé encontrar información concreta en su leztura, huyendo del espesor las mil páginas espaciadas, que pesan mucho en el metro. No todo el mundo lee la prensa en busca de columnistas de prestigio, y realmente gracias a este tipo de diarios mucha más gente se interesa un poco por lo que pasa a su alrededor. Una opción perfectamente válida para quien quiera escogerla, creo, aunque que no seré yo qu...
El caso es que ayer en este nuevo periódico se publicó la parrilla de programación del martes 25 en vez de la del miércoles 26, a pesar de que dentro de sus recomendaciones mencionaban películas que sí se emitían ese mismo día. Bueno, supongo que tratándose de sus primeros pasos este tipo de errores son más permisivos y que de todo se aprende y esas cosas.
Yo con un sólo día no tengo todavía una opinión muy fundada para hablar de este nuevo periódico, tendré que leerlo más para ver por dónde van los tiros exactamente...
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Eduardo Laporte
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