Ropa tendida
24.08.07 @ 12:58:07. Archivado en Geografías
Hay un texto de Ramón Gómez de la Serna titulado precisamente Ropa tendida en el que denuncia la dejadez estética del colgamiento de los ropajes sucios para su posterior secado:
“El arte de tender la ropa debería ser el lema de una serie de conferencias públicas con proyecciones”
A lo largo del escrito expresa su malestar por el poco respeto que se tenía a los calzoncillos y camisas de la época, que si aparece ahorcada, ahogada, boca abajo, y habla de “suplicios” y contravenciones a las “leyes naturales”. Esa visión humanizadora de los objetos es de lo más humano que he visto nunca, curiosamente. Como un humanismo que llega hasta las sillas, las chimeneas, los tipos de tejado y las peinetas.
Quizá influenciado sin darme cuenta por esa lectura, me he topado con dos visiones sobre la ropa tendida a lo largo de las últimas semanas, que me han motivado a colgar este post. La primera me la dio una artista española de estas neoyorquinas muy de revista de tendencias y todo el moco llamada Gema Álava Crisóstomo. En una charla sobre arte en El Escorial explicó una de sus obras, que consistía básicamente en ropitas, camisetitas, de oro de 22 quilates colgando en cuerdecitas, como si se estuvieran secandito. Decía que a los norteamericanos todo lo que viene siendo colgar la ropa en cuerdas al sol les suena poco menos que a tercermundista, existiendo las lavanderías –o laundrys- como existen. Curioso.
Tras unos alegres días de excursiones por Croacia, descubrí que el concepto laundry no está muy desarrollado en aquel país, y mucho menos el de patio interior, ese práctico lugar para esconder los trapos sucios que ya las corralas madrileñas, fíjate, integraron en sus diseños arquiteztónicos. Las casas de los barrios históricos de Rovinj, Split, Zadar, Dubrovnik, no tienen patios interiores, y la gente sigue necesitando lavar su ropa. Me llamó la atención en estas “perlas del Adriático”, en estas “Venecias croatas”, cómo el personal no se corta a la hora de sacar sus bragas a relucir. En España hay ordenanzas municipales y patios, ya digo, para evitar ese exhibicionismo roperil. No imaginamos el Patio de los Naranjos de donde la catedral de Sevilla con la camiseta del Betis del Joshua boca abajo. En Split, sin embargo, en plenas dependencias del emperador Diocleciano, que allá vivió, se podían ver alegremente todos los juegos de cama, los calcetines, los trapos de cocina y un par de delantales de la típica familia croata. A lo mejor ni sabían quien coños era el tal Diocleciano ese.
Una pareja de italianos con esa elegancia hortera y rechoncha me comentan que cómo puede ser aquello. Que en Italia todo ese recinto estaría cerrado al público, señalizado y se pagaría una entrada por entrar. Y que por supuesto nada de ropa tendida. No supe qué decirles, aparte de que mi italiano es macarrónico (nunca mejor dixit). El encanto de ese foro romano splitiano, lleno de ruinas desordenadas y ropa colgante a las dos de la madrugada, una camada de gatos dormitando panza arriba, tenía sin duda un sabor a país de segunda, a laxitud normativo-turística. ¿Y qué? Opino que cuando vitrinarizamos las ciudades éstas se quedan tiesas, disecadas, se les muda el rostro y la ropa tendida seca peor. Las manchas enseñan a vivir, decía un anuncio de Skip.
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bienvenido,
Sorprendente lo de la ropa tendida por los barrios históricos. No se si viene mucho a cuento pero acabo de leer que la iglesia anglicana ha autorizado la colocación de antenas de móviles en sus templos... No se qué es peor.
Tampoco sé qué es peor, si el estilo italiano (poner vallas, taquillas y puertas, de esas con tres barras giratorias como las de los metros, en el coliseo como si aún se ofrecieran espectáculos) o dejar que siga fluyendo la vida entre los edificios históricos aunque pueda suponer un deterioro visual y puede que físico para éstos. Yo quizás prefiera la segunda. Me permito abrir las urnas para que la gente opine.
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Eduardo Laporte
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