Las no-desgracias
06.07.07 @ 00:52:32. Archivado en Cuestiones de Estado
Todos los días ocurren miles. Miles de no-tragedias, de no-calamidades, que no aparecen en los periódicos, o si lo hacen es en pequeñito, o en medio grande, pero vamos, que se pasa página y se olvida al poco. Hay miles de no-atentados a los que hemos sobrevivido, y de los que apenas recordamos cuatro. Propongo conmemorarlos también, recordar también los intentos fallidos porque, si la intención es lo que cuenta, las cifras muertes responsabilidad del virus terrorista sería siete veces siete mayor. El último ejemplo es del Londres, y sus atentados fallidos, cuyos urdidores eran médicos, por cierto. Como aquella ‘caravana de la muerte’ de los de la kaputxa que querían hacer explotar en un polígono industrial madrileño. O aquella otra masacre, que al final quedó en indignados editoriales de prensa, y efímeros suspiros de alivio entre las hipotéticas víctimas que fuimos todos aquellas navidades en que los libertadolaris de siempre quisieron crear, sin éxito, otra efeméride siniestra de la historia reciente.
Qué fácil es pasar a la historia. Quizá ese sea el verdadero motor, esa capacidad para copar la atención, siendo tan poca cosa, verse tan magnificados. Se ve que ahora la intención era volver a las sangrientas andadas en Pamplona, según El Mundo, quien parece que puede usar sus fuentes y recursos para algo más que conspiranoiar. 140 kilos de cloratita elaborada, que tiene una caducidad rápida y que, al parecer, iba destinada a algún cargo público y a quien pasara por al lado, llámese Carlos Alonso Palate, Diego Armando Estacio o Javier Goñi Senosiáin.
Saber que uno ha salvado el pellejo puede hacer más o menos ilusión. Ayer mismo una llave cayó de las alturas a mis pies, y sólo cuando sonó el metálico clic realicé que podría haber caído en mi cabeza, haciéndome no poco daño y hasta sangre. Uno asume esas no-desgracias con un rápido alivio que pronto se esfuma. Tenemos que repertirlo: “Menos mal que no me ha caído esa rama de ficus gigante encima, menos mal no he muerto ridícula y arbóreamente”. En Murcia capital han muerto dos personas de esa azarosa manera. Me lo recordó el otro día un taxista, uno de los pocos que escuchaba y preguntaba al cliente, cosa rarísima por cierto. Hablaba de comprarse un coche bueno, más caro, aunque le costara su sudor. El actual era de los manivela para subir las ventanillas. “Mira, la vida es muy rara. No sabemos nada, si un día te vas a salir por esa carretera y te vas a tomar por culo. Hay que aprovechar”. El hombre bordeó el topicazo sin caer en él, y en cambio le dio una dimensión reveladora al asunto. “La vida es muy rara”. El taxista había asumido esa rareza que es tan difícil asumir, aun en el lecho de muerte. Cuesta también asumir el hecho de que ayer un pamplonés podría haber sido asesinado, una vida doblemente malograda, por no concluirse, y por hacerlo de modo tan inútil. La vida es rara. Los atentados fallidos deberían ser tan condenados como los cometidos.
Comentarios:
Pero sí, hay muchas cosas de las que no nos enteramos. Nos enteramos de los cuatro muertos que ha habido en la plataforma de Holcim, Carboneras; y vemos un saquito blanco tirado en el suelo, manchado de sangre. E intuimos la tortilla aplanada que se encuentra en su interior. Pero lo que no sabemos es que si las 500 toneladas de carbón hubiesen caido una hora más tarde, cuando la plantilla se encontraba al completo, pues imagínate.
P.D: es necesario que a veces nos "roce" una llave voladora para darnos cuenta del riesgo que corremos constantemente. A mí en su día me ocurrió con una polea que me habría partido la cabecita negra. Pero quién sabe. Quién sabe si el siguiente filete, o el whiskazo o la siguiente pelea con Pitusa es lo que va a producirnos un infarto. A saber.
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Eduardo Laporte
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