Cuando te joden o pierden algo
28.06.07 @ 02:04:30. Archivado en Misceláneo
Algo se te muere en el alma. Es un golpe, un trauma, que ahí queda. Sobre todo por la impotencia de no poder expresar tu ira como Dios manda, a limpio grito, con agitación airada de puños, mesamientos de pelambrera hasta parecer Doc regresando del pasado y así. Cuando te joden o pierden algo que es tuyo, se te genera un triple malestar: el de la pérdida irreparable, el de la impotencia en los desahogos por no hurgar más en la herida del perdedor/jodedor de cosas ajenas, y por el mal rato que pasa el pobre desgraciado, que sabe que debe pedir perdón, y lo hace, pero en voz baja y empequeñecido.
Ayer me dice esto Latinajo de Híspalis: “Tengo que decirte algo un poco desagradable”. Y después me suelta que me ha perdido 2666, el libraco aquel de Roberto Bolaño que me preocupé en su día de hacerme regalar. Quería tener esa primera edición, en plan coleccionista, porque sabía que era un libro diseñado para intentar colarse en 6 de julio a las 12 abigarrado de talentos que es la Posteridad. Lo leí en sus 3/5 partes, que no está nada mal teniendo en cuenta que son más de mil paginicas, y que Bolaño tiene su cosa pero que acaba siendo un “mago de un solo truco”, como dijo un crítico en Babelia. Lo leí en un tiempo bilbaíno, muy para leer a Bolaño, con esa sobriedad ahumorística que recuerda a ciertas negritudes de la ría de Bilbao, que de noche y en el invierno húmedo imponen lo suyo. Mi amigo Latinajo no me previno lo suficiente, pensó que podría reponer el daño ocasionado con una visita rápida a la FNAC, mas no. Podrá paliar el salchucho, pero ese libro ya no existe y, bueno, que se le va a hacer, pues a joderse.
En estas perjuicios ajenos siempre digo que hay que extremar el tema de las disculpas. Pedir perdón hasta cansar. Hace un tiempo un compañero me descuajeringó mi cámara de fotos digital, y se hizo básicamente el sueco, hasta que luego le exigí la reparación no del aparato, sino de mi dignidad echada a perder. No es que fastidie tener que pagar tú el cacharrito que equivale al sueldo de un becario, sino que no se te haya respetado lo suficiente el honor. Porque cuando destrozan algo que es tuyo hay como una tendencia natural a sentirse atacado en lo más íntimo, como si te estuvieran llamando gilipollas. Como si alguien te cogiera de la cartera dos billetes verdes y los tirara a la hoguera. Al final es lo mismo. Hay que redoblar los perdones. El bien en sí es lo de menos si el infractor no tiene la delicadeza de asegurarte que te repondrá lo que haga falta y esas cosas que se dicen en esos casos.
También me deformaron las gafas hace poco, en un salto mal calculado de Sahsi, cuyo grácil cuerpo fue a parar sobre mis lupas de diseño. Ay, cómo me dolió aquello. Qué hacer. ¿Berrear mi ira por la fractura del único objeto que uso todos los días y que me sirve para ver bien y que además me ve todo el mundo por qué está colocado justo en toda la cara? Pero me dolió más por tener que enfadarme con ella, con el mundo más bien, por algo que en el fondo es una nadería. Decidí tragarme el iracundo albodigón y me sentí algo más hombre digamos. Quien supera esas pequeñas putaditas puede aspirar a conquistar imperios, a ser más libre, quizá ese sea el lado bueno de todo esto, aunque en general prefiero que no me descojonen mis cosas, gracias.
Comentarios:
Cuando se calmó, le pregunté ¿Por qué metes tu cámara dentro de un bañador?
Para que no se me joda, me respondió.
Exijo una revisión del caso.
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Estimado Bro, me refería a un compañero... ¡del trabajo! Tú le diste el primer viaje, pero el la puntilla, y al caérsele al suelo se escachufló para siempre jamás. Tuve que comprarme otra, al tiempo; no me jodió el desembolso, bueno, un poco, me fastidió sobre todo lo poco que me pidió perdón el tío. Lo poco que hizo por arreglar el salchucho, lo rápido que quería desembarazarse del marrón, y ponerse a otra cosa.
E
A veces la educación nos hace mentir.
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Gracias a todos por vuestros comentarios. Diré, en primer lugar, en defensa de Sahsi (que no Shashi ni Sashi), que las gafas en cuestión no se descojonciaron del todo, tan sólo cobraron un ángulo oblicuo que antes no tenían. Vamos, que fue como un medio jodimiento, que es una cosa un poco rara, porque tampoco te da unos motivos para cabrearte del todo y gritar tu ira a los cuatro vientos con motivos más bien justificados. Cuando sólo se rompen las cosas a medias (no hablo de mis gafas, ojo), se produce también otra desasosegante sensación: si me cabreo mucho parezco un desequilibrado, así que no me voy a cabrear, por qué no es para tanto, pero arrrrggggg...!!!
Y, bueno, respondiendo a Qu. E. (por cierto, como os lo montáis en tu ciudad, eh, eh, guiño, eh, eh???!?), que se preocupa por estos pormenores menores, le diré que, en efeto, las lupas no estaban sobre mi donosa napia, sino desperdigadas sobre mi azulado camastro biplaza. Y, bueno, la película de los hechos no importa mucho ahora, tan sólo revelaré que tuvo parte de culpa un inoportuno arregla-persianas, que provocó el desgraciado respingo de Sahsi y el posterior semichafamiento gafular.
Ah, y en cuento, al arriesgado ejercicio de prestar libros, pues sí, Passy, yo no suelo pedirlos porque tampoco mola mucho que te los anden pidiendo. Te crea como una mini-tarea mental un poco incómoda: "A ver cuándo me devuelven 'Un libro', de Marlo". No obstante, y ahí tenemos nuestra divergencia... negarse por sistema al prestamo bibliófilo no sé, no sé ¿no es un poco antirromántico y, digamos, filocapitalista de la cultura, esto es, reinvidicador de la propiedad privada del leer, el negarse a dejarle a un amigo la posibilidad de descubrir un libro que te cautivó? Vale, me respondo yo sólo: título e ISBN. Tienes razón. Que vayan a las librerías. Que se compren sus libros. Y que no nos pierdan los nuestros. Cojón.
E
Los libros no se dejan. Si alguien tiene interés por un libro de tu propiedad se le facilita el isbn y andando. Si tú tienes interés por ese alguien, vas a la librería y le compras otro. Si se ha agotado, se ha agotado.
Hace unos días cometí el error de hablarle a cierta artista de un raro catálogo por el que se interesó vívamente.
-Présetamelo.- Dijo.
-No.- Respondí.
Me miró como a un bicho raro y tuvo que terciar un amigo común: -Es que éste -dijo señalándome- es de los no presta libros.
Por supuesto, jamás pido un libro prestado. Tomo nota del autor la editorial y... el isbn.
Cuando en casa ha habido libros de otras personas los he sentido como presencias desagradables que piden a gritos ser devueltas a los ...
Sólo quería tres cosas, la guitarra, la cámara y el ordenador y ya me has jodido doooooos!!!
IRAA IRAA IRAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!
(comentario obligado, cuando escribiste este post, sabías que este sería mi comentario)
P.S. Una duda biomecánica: Cuándo el saltarín cuerpo de Sashi impactó contra las gafas ¿estas se hallaban colocadas en su lugar natural, o sea: sobre la nariz…? En caso afirmativo esto me recuerda los entrenamientos del inspector Clouseau con su criado Kato (por poner algo inocente).
Un saludo.
Un abrazo,
Carlos M.
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Eduardo Laporte
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