Observación politónica
14.05.07 @ 14:56:04. Archivado en Misceláneo
Hoy no sólo nos define el color de nuestros ojos, el olor de nuestro perfume, ora Pachuli, ora Christian Dios (escuché esto a un gitanako en un mercadillo ciudadrealeño), ora llanpolgotié. Tampoco las diademas que algunas chicas se calzan en la cocorota, con alegres calaveras, o esas pulseras de cuerda que gasta ahora Aznar y que proliferan en cierto pijismo, muy amante de colocarse esas pulseritas para darse un aire de malote de barrio de Salamanca. En esto de las apariencias no hay que olvidar su capacidad para el engaño. Bro me habló de un compañero suyo del cole, pringao de necesidad, que al terminar el bachillerato se hizo jevitorro. Su agudo dictamen es que detrás de esas camisetas de Metallica e Iron Maiden con olor a Axe se esconden almas melifluas, incapaces de eructar en la cara a un monaguillo.
Yo, por principio, desconfío de quien se ‘maquea’ demasiado. Algo trata de compensar, no sé, no sé.
Pues bien, aparte de todo eso, que ha existido siempre, ahora tenemos también las melodías de los móviles, que vendrían a ser de dos tipos: Personales e impersonales. Entre las impersonales habría también una subdivisión, porque la elección que se haga de la mimma implica cierta implicación personal. Sólo diré de ellas que la mayoría elige las más chungas, todas me suenan como a locutorio peruano de Bravo Murillo.
Y en el apartado de las personales, dentro de ese gran campo de libertad que es la personalización, hay más. Dijo Enrique Bunbury en una entrevista que la libertad hoy día se limita a las carcasas de los móviles y que son pocos quienes trazan con verdadera libertad su propia deriva. Ojo. En este punto, en lo tocante a politonos personales, digamos que también desconfío. Sobre todo en ciertas gentes de aire taciturno, a las que una inoportuna llamada de la prima del pueblo echa por tierra su trabajado rictus de persona madura, con el Riders on the storm, de The Doors, o el Ave María de Andrea Bochelli. Que la canción en sí puede estar bien, oiga, pero macho, que es un teléfono, coños.
En mi lugar de trabajo, son habituales esas interrupciones melódicas que le provocan a uno cierta vergüenza ajena, que dura unos cuantos tonos. Está uno de Julieta Venegas, qué lastima pero adiós, me despido de ti, que pena, adiós. Luego uno que me resulta especialmente incómodo, por lo deprimente de su mensaje: Je n’ aime pas travailler. Otro que me enerva es el silbido aquel de la peli Kill Bill, que además no acaba nunca, sobre todo cuando la persona solicitada está en el baño. También están los estruendorosos, una irrupción de sonido a todo decibelio como si de un amplificador Marshall de los grandes se tratare. No sé cómo puede caber tanto ruido en una cosa tan pequeña. Ah, y también está ese de Héroes del Silencio, con el antes citado Bunbury con su inconfundibles meandros vocales.
Y es que así no se puede trabajar, oiga. En la Ordenanza de Convivencia y Civismo de ciertos ayuntamientos deberían incluir un apartado referido a móviles y sus excesos. Pienso ahora en uno al que yo no enviaría del todo al paredón, que hasta me gusta cuando suena. Son unas pocas notas, agradables como la pielecilla de los percutores blancos del piano. Tinaninaniiina… Cheers. Es el único que no me parece estridente, ni llamativo. Y ej que un móvil comunica mucho, demasiado.
Comentarios:
Tengo otro amigo que graba con el móvil, directamente de la tv, frases célebres de los Simpson y luego las reproduce como melodías de los mensajes (últimamente gasta aquella de Homer: “Quiero mi bocadillo, quiero mi bocadillo...”).
Por cierto, coincido plenamente con Sahsi. Es curioso ver cómo gente que no ha leído un libro más allá de ‘Teo se va de vacaciones’ se presenta en el messenger con reflexiones filosóficas o poéticas de una profundidad que achanta. Intuyo que ese tipo de gente es la misma que manda mensajes a toda su agenda de vez en cuando porque le sale gratis con una oferta. Cuántas veces me he emocionado al ver un mensaje recibido de algún viejo conocido que pir...
Saludos.
P.S.: ¿Han estado alguna vez en un vagón de tren donde una dulce abuelita intente contestar al móvil con los auriculares de la película puestos….? Inenarrable, oiga.
No hubo entre mis alumnos la menor duda. Todos dirigieron la mirada hacia mí. Mi móvil suena como un fijo de los de siempre
Vamos, que me pregunto por qué no tendremos todos conectada la opción silencio + vibrador para no romper la calma. Ni de una redacción ni de la misma calle. Donde ya hay bastante ruido sin los móviles.
Un Saludo.
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Pues muchas gracias. Es el principio de la serie Cheers...
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Eduardo Laporte
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