Irazoki y la poesía que se entiende
04.04.07 @ 13:17:53. Archivado en Husma literaria
Lo leí en Diario de Navarra, a ese singular personaje que vive en Madrid (el exilio navarro daría para una honda reflexión, si nos ponemos), que responde por Ramón Irigoyen, hombre de judía napia, tan prominente como la del poeta del que hablaba: Irazoki, Francisco Javier.
Creo que el mundo necesita de la labor de los seleccionadores de talentos, entre el volcánico marasmo de cultura que nos rodea, y a la que nos acercamos confusos sin saber por qué decantarnos. Si alguien quiere iniciarse en la poesía, ¿por dónde empezar? Un amigo me recomendó Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma, un libro sin duda fundamental en esto de la poiesis, del que no entendí nada, y que provocó en mí un distanciamiento poético serio. Como si uno quiere descubrir qué es eso del teatro y le endilgan un obrón de Calderón de la Barca, dramático dramaturgo en mi opinión, capaz de hacer del menor enredo un enjambre insufrible. Por todo ello, se hace necesaria la figura del seleccionador cultural, más allá de intereses crematísticos, personales o de turbio jaez de los suplementos culturales. Una vez seguí una recomendación musical del EP3 y fue fatal.
Pero volvamos a la poesía y sus desencuentros. También lo había intentado antes con otros grandes, JRJ, Lorca y hasta Machado, pero mi resultado era siempre parecido: bellas palabras que pueden evocar cualquier cosa que ajustan a la aquella propiedad conmutativa en que el orden de los factores no altera el producto: Hoy es siempre todavía. Ayer fue miércoles toda la mañana. Todavía es ayer siempre. Nunca mañana será hoy. Anteayer fue martes por la noche, y hoy será mañana, si tú quieres, paloma mía.
Así que renuncié a consumir poesía y me dedicaba a buscarlas por las droguerías López o Varela de Pamplona, mientras esperaba mi turno para comprar pastillas Puntomatic, o mientras paseaba por los soportales miguelsanchezostizianopascualianos de la plaza del Castillo, con su madera negra de siglos, abombada por el gravoso paso del tiempo. Ya que los poemarios no me daban poesía sino inaprensible humo lírico, encontraba versos en la sombrerería Aznárez (hoy desabrida inmobiliaria), en los pintxos de tortilla del Cinema con prensa local, o por intensas callejas como la de Dormitalería, Redín, plazuela de San José y demás itinerarios con enjundia, como las pasarelas del Arga, hoy una horterada de pseudodiseño.
También buscaba poética en la prosa, y los ojos me pesaban al leer cada frase como si fuera la última y definitiva, y la página se me volvía borrosa y la novela tomaba un color lechoso, unos vapores que me aturdían el sentido hasta sumirse en un complejo y alambicado reino de lo imposible, frito total.
Pasaron los años, y tuve ocasión de conocer a un anciano Ángel González y asistir a lecturas poéticas de sus textos, con su voz áspera y limpia a la vez. Precedía cada lectura de un comentario del texto, que situaba aquello en su contexto. Esa imposibilidad de escapar de un franquismo asfixiante, presente en tantos poemas, como Porvenir y que plasma sin piruetas retóricas: Te llaman porvenir, porque no vienes nunca.
Pero pasa una cosa también con la poesía, y es que cuesta agarrarse a cada palabra, pues somos seres inmersos en una velocidad tal que es mucho pedir volver a empezar, releer, rerreflexionar, dilucidar, adivinar qué leches se ha querido decir. Sobrevolamos los versos y con penoso esfuerzo logramos asirnos a ellos, y exprimir su zumo como un mosquito tigre hace con una vena cándida. Por eso celebro ese pequeño gran descubrimiento que Irigoyen, con su columna seleccionadora, me ofreció un día de febrero. Irazoki, Los hombres intermitentes (Hiperión), donde se practica el poema largo, en prosa, que en su mayoría se entiende, porque evoca a cosas tan simples como bellas. Extracto de Tonta mortífera:
...Ella creció descuidada; es decir, bella. Tenía una esbeltez turbadora, y la perfección de sus facciones estaba protegida por una piel fresca. Sus contoneos los observábamos con la sensación de un licor que, quemándonos, bajaba despacio al estómago. Era la tonta…
Comentarios:
Imagina que comes un pintxo de foi, luego otro de tortilla de patata, luego una croqueta, gambas, un sorbete, una tarta de queso, una viera... Tienes que saber combinar los ingredientes, y probablemente, con tres pinchos sea suficiente. No pretendas comer todo lo que haya en la barra
Estáis muertos.
Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos.
Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.
¿propiedad conmutativa? lo dudo.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Eduardo Laporte
autor
Contacto


