Gente viendo un eclipse
08.03.07 @ 14:01:44. Archivado en Desde el Mirador de Selkirk
El sábado pasado, noche de eclipse, el espectáculo no estaba en la sombra de la luna, que también, sino en ver a los humanos en silencio contemplando el cielo nocturno. Si fuera pintor, pensé, podría ser un buen tema para un cuadro. Era un grupo de diez o doce personas, en un parque ciudadrealeño, con las cabezas erguidas, abstraídas de la rutina de café con leche diaria, con las miras enfocadas hacia esa trascendencia repentina, tan distinta a lo anterior, a la brega de una semana como otra cualquiera.
Algo más bello que esa trascendencia de zapatillas de andar por casa que es la misa dominical, o ese misticismo exhibicionista que a mí se me antoja la Semana Santa. Ante un hecho como un eclipse no existe una liturgia, una iglesia, ni un ritual qué diga cómo hay que actuar. Basta mirar hacia arriba y relativizar un poco todo, y recurrir a esos tópicos más viejos que el trolebús: “Uno se siente tan pequeñito, tan poca cosa”.
De pronto, situado entre el sol y la luna, uno siente la propia… terrenalidad, una experiencia que es todo menos terrenal, por otra parte. Sentir a la Tierra como responsable de esa sombra que oscurece doblemente a la luna, ya de por sí semioscura, tiene su aquel. La Tierra deja de ser algo estable, un único mundo, para ponerse en relación con otros elementos siderales y, el observador atento, descubre entonces que forma parte del espacio estelar. He aquí que reside, amigos de la Academia, el valor y la fuerza de esta caprichosa ordenación de los astros: nos recuerdan que formamos parte de ese verde tapete de billar que es el universo. Un universo en el que sus elementos interactúan, o al menos se dan sombra los unos a los otros, que no es poco. Y ver a esa gente, en torno a la fuente del parque Gasset, desperdigados, uno con un cigarrillo, otro acariciando la cabeza del hijo, me hizo recordar, una vez más, que las noticias que salen en un periódico no dejan de ser migajas cósmicas del conocimiento. Un recuento vago, impreciso, incompleto, probablemente a años luz de todo, de las nimias acciones de los hombres durante su estancia en la biosfera.
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No pretendia demostrar que los cientificos creen en Dios, como parece sugerir tu comentario. No creo que el razonamiento inductivo sea el principal motor de la ciencia, no creo que la ciencia funcione de esa manera; pero no soy tan estupido para pensar que la existencia de un cientifico creyente justifique el enunciado de que todos los cientificos son creyentes.
Lo que queria senialar es que creo que es injusta la comparacion, porque implica, si no semanticamente, al menos pragmaticamente (si quieres 'implicatura') que la asistencia a la misa dominical no puede ser un espectaculo mas bello que un fenomeno natural, o que al menos, que las personas que que opinan de esa manera llevan puestas las zapatillas de andar por casa. Bueno, no se si he dicho exactamente lo que queria, pero me tengo que ir corriendo. Un saludos
Zzq
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Eduardo Laporte
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