Elegía, de Philip Roth (ahora sí)

Permalink 14.12.06 @ 14:09:48. Archivado en Husma literaria

Mi concepto del ser viejo se ha ido rejuveneciendo con los años. De pequeño creía que llegar a anciano equivaldría a convertirse en venerable o en cascarrabias: o el de Heidi o el de los caramelos Werther, que da dulces y unas pagas discretas en su monedero de piel oscura. Me veía también con una gabardina de esas color helado de café (de Nalia, permítaseme el hiperlocalismo), bastón y una boina Elosegui bien calada.
Todos los abuelos que conocía eran así, venerables o cascarrabias, pero cada vez más fuera de lugar, más desplazados, más exiliados de un mundo que no comprendían, que iba ya demasiado rápido para ellos, por lo que decidían bajarse. La única relación de mi abuelo con la tecnología era un pinganillo que cada domingo por la tarde se colocaba en el oído izquierdo para escuchar los partidos de fútbol. Los abuelos de antes representaban su papel de abuelos, llevaban al extremo ese rol de sentirse ya vencidos, ya cansados, ya con poca paciencia, ya con todo sabido, o sin ganas de conocer.

Así eran todos los abuelos que conocí, hasta que luego descubrí otras formas de asumir la senectud, y asumí que mi vejez no tendría porqué ser tan típica, y que simplemente ser viejo era un estado similar al actual, sólo que más debilitado, a merced de los hospitales y con la muerte más cerca. Quizá también sin la presión de tener que demostrar nada, pues en la semana de la vida un anciano ya está en domingo, y su “operatividad”, como dicen los militares, se reduce a las aficiones que le permiten seguir teniendo ilusiones para levantarse de la cama y a vivir los momentos de calor humano que pueda o necesite.

Elegía de Philip Roth nos habla de uno de esos envejeceres modernos, los que nos tocarán a nosotros, seguramente, en una época de familias globalizadas y afectos un tanto deshilachados. Llegar a viejo y sentir desde la mecedora una estremecedora soledad, una amarguísima sensación de que lo construido durante esa existencia no ha sido tanto, y que hasta tus hijos se olvidan de ti el día de Fin de Año. Claro, llevan su vida, qué se la va a hacer, no quiero aguarles la fiesta con mis problemas, mejor no complicarles, veré una película en la tele.

El libro de Roth nos demuestra que la vejez, como el matrimonio, el amor, el trabajo y demás, no es un estado que nos regale bienestar, así por las buenas. Llegaremos a arrugadas cacatúas y seguiremos con los mismos runrunes, las mismas zozobras serpeantes y parecidos tormentos por no haber hecho tal o cual. Se desprende en Elegía cierta desdramatización de la vida, se le quita gravedad, al final la vida no es para tanto. Ni ser viejos, ni morir, ni sentirse solo. ¿Y qué se puede sacar en limpio de todo esto? Pues muchas cosas, entre ellas que la vida es una constante lucha hasta el día en que desaparecemos, algo que más vale aprender de jóvenes, sin deprimirse, pero contando con ello. Podremos así orientar nuestra artillería hacia donde más nos compense, y a lo mejor, cuando seamos parásitos de la Ley de Dependencia y una ecuatoriana empuje nuestra silla de ruedas por nuestro miniapartamento de viejo de donde nos preparemos a morir, una leve sonrisa se alce en nuestra pastosa boca de medicamentos al pensar que vivimos nuestra autobiografía como creímos que debíamos vivirla.


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Comentarios:
Estimada Emilce. USTED ES UNA GRANDISIMA HIJA DE PUTA. BUSQUE UNA VIDA. SU JODIDA Y SALAMERA OPINIÒN ESTÀ TODAS LAS PÁGINAS DONDE SE HABLA DE ESTE PÉSIMO LIBRO DE PHILIP ROTH. LE RECOMIENDO QUE TAMBIÉN SE BUSQUE UN CRITERIO CON CARACTER.
Enlace permanente Comentario por Dinna Mercedes Molina. 18.07.08 @ 20:46
Elegía
Philip Roth


por Emilce Acuña



Aunque los diccionarios muchas veces no ayudan a la comprensión cabal de una palabra, en este caso vale la pena mencionar la definición que en él aparece de la palabra que da título al libro de Philip Roth: Elegía: composición lírica en que se lamenta un suceso digno de ser llorado.
Clara, concisa y eficaz. Si hay en el mundo un suceso digno de ser llorado por todos los mortales, si existe un lamento que nos coloque en igualdad de condiciones con cualquier hombre, ese hecho es, sin duda alguna, la conciencia dolorosa de la desaparición absoluta.
La novela hace referencia a una obra de teatro alegórica del siglo XV, cuyo tema es la evocación de la muerte en la vida. Su título original es Everyman (todo hombre) y resulta interesante pensar éste título en función de la temática que desarrolla el autor, puesto que si existe un hecho que haga que un hombre sea a l...
Enlace permanente Comentario por Emilce 14.09.07 @ 15:56

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