Sobre ser joven y viejo
12.12.06 @ 19:21:34. Archivado en Husma literaria
Leo por ahí una cosa de Susan Sontag sobre el miedo a envejecer:
El miedo a la vejez surge del reconocimiento de que no se está viviendo ahora la vida que se quisiera. Equivale en un sentido a insultar al presente.
Reconozco que nunca he sentido ese miedo. Quizá me queden todavía comodines, opciones de malgastar el presente, de vivirlo como si el tiempo no fuera un bien escurridizo y veloz. La gestión del propio timing, gran asunto éste, en el que somos científicos y cobayas en uno. Precisamente por eso, para trazarse la hoja de ruta vital con menos ceguera, saben bien libros como Elegía, donde asistimos a un canto del cisne algo siniestro de un hombre anulado por las enfermedades, la soledad y el desprecio de unos hijos bastante capullos que no aceptaron la sinuosa vida matrimonial de su padre.
Es la otra cara de la moneda de Juventud, de Coetzee, un libro sobre ese duro proceso de metamorfosis que se da a cierta edad, bastante más lejos de la adolescencia. Ese periodo definitivo de hacerse, en el que hay crujidos de varios tipos y mucho en juego, edad en la que uno puede salir airoso o truncarse para toda la vida, quedarse turulato y recomponerse como buenamente se pueda, en trabajos dignos con jornadas infelices de 35 horas. Quizá entre ese periodo de ruptura del cascarón (o de echarse a la piscina, salir del armario, del cajón, de la burbuja, de donde haga falta) y el descenso vertiginoso a la tumba transcurra una etapa que podríamos llamar Vida. Quizá también Segundo Acto, esa parte esencial de la película en la que pasan las cosas, dura mucho tiempo y a veces hay fases aburridas, algún bostezo y un poco de todo, antes del ajuste de cuentas final, de la resolución, el postrero y solemne Tercer Acto a lo traca final sanferminera. Luego pasa que hay biografías más lineales, más narrativas, sin esa división argumental aristotélica, más novela-río, donde a veces no pasa nada y en ese no pasar esté el intríngulis porque en el fondo pasa mucho. (Pero lo de la novela como vida y la vida como novela daría para muchos pedaleos, para un post infinito, que durara toda una vida y conformara una singular novela tipo los diarios de Trapiello.)
Yo quería escribir sobre el libro de Philip Roth y al final he acabado aquí. Esto no es un blog serio, no, amigos. Y mucho menos serio es hacer metaliteratura bloguil, es decir, hablar del post que querías haber escrito, entrando en un callejón sin salida vilamatasiano que supone el rizamiento del rizo de la espiral comunicativa literaria más absurda. El caso es que no me voy a poner a estar alturas a hablar del libro de Mr. Roth, porque estoy en contra de los post demasiado largos, así que lo haré en mejor ocasión. Por suerte, estoy más cerca de Juventud que de Elegía, me lo puedo permitir.
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Eduardo Laporte
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