Tomadura de pelo psicoprofesional (2/2)
26.10.06 @ 18:06:43. Archivado en Comunicación y tal
Otra buena muestra de la tosquedad allí presente, de la sal gruesa que salía por la boca de aquel pobre diablo, dudoso aprendiz de William Randolph Hearst, eran sus férreos principios, su entusiasta defensa de unos valores que compartir con la opinión pública:
“Lo que queremos es caña. Nos da igual el color, ya podéis, ser verdes, rojos o azules, que a mí me da igual, pero eso sí, ser cañeros. Queremos opinión, mucha opinión, que la gente entre a saco.”
O sea, un periódico on-line de la era protointernáutica, en Times New Roman y sin imágenes, pero donde haya hostias virtuales que con suerte deriven en reales. De pronto vi allí la síntesis de la doliente España, la del duelo a garrotazos, la del pedrojotismo, ese neotartufo alimentador de odio y caos como fórmula de vender periódicos.
Total, que el proyecto digital, aparte de ser una castaña, requería la implicación absoluta del periodista con suficiente moral para levantar el proyecto. “Funcionaréis como autónomos”, dijo alegremente el empresario de la comunicación. Se trataba, nos explicó, de que una sola persona por “pueblo” gestionara toda la información, acudiendo a ruedas de prensa, presentaciones, plenos municipales, saraos varios, y que además, se hiciera con todos los anunciantes: única fuente de ingresos. Allí es cuando más de la mitad del aforo se piró blasfemando por lo bajini.
Yo me quedé un poco más, por un extraño morbo, y por regodearme más en la inutilidad de una mañana perdida de otoño en Pozuelo de Alarcón (al menos me queda el blog, algo es algo). Porque el tipejo nos había citado a las 11am, típica hora rompemañanas, y media hora después nos comunicaba que para Madrid no había ninguna proyecto en marcha. No es solo que te ofrezcan mierda, duros a cuatro pelas, si no que además, si uno quisiera aceptarla en plan excéntrico, no podría. No me veía yo de periodista digital en Cercedilla de Buitrago, sinceramente, convenciendo al panadero del jodido pueblo en que invirtiera en nuevas teznologías. Si es que aunque quisiera, en un par de meses estaría en bancarrota total.
Conclusión: basta ya de tocar los cojones.
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Eduardo Laporte
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