Trapiello y el desasosiego
28.07.06 @ 21:53:29. Archivado en Verano escurialense
El diarista dejó por una tarde de escribir para pasarse por los cursos de verano de El Escorial. Dice Kakfa que un escritor que no escribe es un monstruo merodeando la locura. No sé yo. Un escritor, un ser humano, que se pasa toda la semana encerrado en casa, que sólo sale para cantar sus conferencias que hablan de lo que hace durante esa vida clausurada, se me antoja un modo más potente de merodear la locura, cuando no de penetrar directamente en ella.
“Yo estoy bien todavía, si es que no salgo”. Trapiello, con su pulcra elegancia afrancesada, cosa rara en lo que viene a ser “el ponente español”, se sentía a gusto respondiendo las frases llenas de subordinadas de los oyentes/lectores universales. Luego habló mucho del desasosiego, de los diarios, y del desasosiego, del pacto autobiográfico y de la policía literaria, gran concepto este, el de esos fiscales del género.
También vi a M., la mujer, ese personaje tan habitual entre las páginas de la “novela en marcha” que es la vida por escrito de Trapiello. Allí estaba, con una belleza discreta, y un mucho orgullo de oficiar de señora de, orgullo sano, de admiración transparente, sincera. El escritor me pareció un tipo educado, tímido y seguramente víctima de algún resorte mental mal controlado, que le impide navegar con paz en el terreno de lo social, como pude escuchar de su propia boca en el off the record de después de la charla.
Ya lo dice el loquero de El Diván en uno de sus largos post: escribir es síntoma de algo. Preocupa pensar, pues, que algún día a los escritores se les vea más como a neuróticos de salón que como a utópicos y nobles codificadores de la esquiva y anguilesca vida.
Los “libros del desasosiego”, así se refirió a los diarios, en cita de no sé quien. Y es que empiezo a pensar que tiene mucho de círculo vicioso eso de escribir y desasosegarte, y por ello, aislarte en casa tratando de coger la vida con las manos, con el quimérico deseo de incrustarla entre las páginas de un libro en blanco. El desasosiego engendra desasosiego, y literatura, vale, pero a un precio quizá demasiado alto. Él mismo recurrió a uno de esos tópicos que por algo son tópicos: “El hombre feliz no escribe”.
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Eduardo Laporte
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