Domingos en La Latina
13.03.06 @ 17:42:44. Archivado en Geografías
No sé donde coñas están los pintores de ahora, los contemporáneos, las paletas de nuestro tiempo. Supongo que buscando todavía la deconstrucción del vacío del huevo, o el espacio usurpado a la esfera o congelando el instante suspendido de los haces de luz que entran oblicuamente por el lienzo. No sé de arte, porque no lo veo. Oigo algo de un colectivo llamado El Perro y veo noticias sobre la polémica que ha provocado un tal Santiago Sierra, al convertir una sinagoga en una cámara de gas.
A mi me gustaría que existiera un arte más sincero, menos alambicado, más sentido, que tocara los temas de hoy, sin pretensiones de rizar rizos muy rizados, sino de evocar imágenes de hoy, agradables, o tan crudas como esas de las que creo que habla Pérez – Reverte en El pintor de batallas. Me gustaría que el arte recobrara la cordura, y su razón de ser. Creo que toca ya. Un buen tema, por ejemplo, en plen air, sería Un domingo en La Latina.
Hay bohemios en la plaza, pobres, ricos y morenos, vendedores ambulantes, putas, listos y pendejos. Algo parecido a esas letras de Jarabe de Palo se puede fisgar con el ojo en la plaza de los Carros, en uno de estos domingos en La Latina, Madrid. Un punto de encuentro que cada semana gana nuevos miembros, ávidos de formar parte de un colectivo, de un marco social, en esa juventud dilatada con barbas y calvas. Una juventud que se alarga cada vez más, y que incluso muestra de refilón algún niño que juega a marearse, nuevas formas de familia que se gestan sin una hoja de ruta encorsetada. Ganas de estar juntos, de sentirse forever young y de beber y fumar al rico solesito pre-primaveral.

Hay pijos con polos rosas, grafitteros en potencia con el culo cagao y los gallumbos por las rodillas, erasmus que han dormido en todos los albergues de Europa, aficionados a la capoeria, diseñadores gráficos, alaveses con rastas, corredores de media – maratón que se fuman un Marlboro, promotores de un anarkismo de litrona, impulsores del ‘punk carajo’, un movimiento abierto a todos excepto los “babosxs, camellxs, costras…”
Y muchos perros. Para sentirse realmente integrado en la plaza de los Carros, aparte de pertrecharse de la consabida dosis birril a poder ser complementada con chocolate del de fumar, tener un perro ayuda. No importa la raza, pero un leve aspecto fiero queda mejor.
Como en todas las grandes o pequeñas aglomeraciones uno se siente poco complicado, poco parte de ese estamento social que se sienta en el suelo. Se nota raro, poco cool, muy minoría, al portar ese periódico dominical con un suplemento culinario sobre los secretos del arroz. Como ese corredor de la media maratón, o la toledana licenciada en farmacia, o el pijín del polo rosa. Son muchos los que se sienten agregados, pegotes, satélites de algo que creen que no va con ellos. Pero allí estamos, sin aparente conflicto, lejos de los editoriales tan plomizos a veces, matando las horas. Se está bien, sí, a gusto, medio atontados, adormecidos incluso, imposible descifrar la entrevista de Karmentxu Marín, eso no toca, toca relax, somos jóvenes, relax, pásame el porro. ¿Vas a ir al concierto de Jack Johnson?
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Eduardo Laporte
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